Lima, 20 de agosto de 2007

 
   
 

TESTIMONIO DE RELIGIOSA TRAS VISITAR ZONAS AFECTADAS POR TERREMOTO EN EL SUR (*)

El día viernes 17 de agosto, partimos a las 5:00 de la tarde un grupo de dos sacerdotes, tres religiosas y seis laicos, por encargo del Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne para dar apoyo a nuestros hermanos damnificados. No pudimos movilizarnos con la rapidez que hubiéramos querido, porque la carretera estaba dañada en varias zonas, lo cual nos causó un poco de temor; ya que los vehículos tenían que esperar por turnos para poder circular por las zonas de la carretera más afectadas por el terremoto que eran de una sola vía.

Fuimos a la zona de Grocio Prado en Chincha Alta, donde no tienen luz ni agua, encontramos gente en la Plaza, nos dijeron que habían cadáveres ahí. Visitamos a la familia del hermano de un sacerdote del lugar, confortándola y llevándole consuelo espiritual.

Nos dirigimos luego a Ica, y observamos a la gente durmiendo afuera de lo que quedaba de sus casas así como a pequeños grupos de gente en cada esquina quemando llantas. Cada persona llevaba algo para defenderse de los malhechores como por ejemplo palos, machetes y picos, ya que el pillaje estaba a la orden del día.

Al día siguiente, nos reunimos con algunos sacerdotes (1) En nuestro caso, se formó un grupo  con cinco sacerdotes de Lima, uno del lugar, más tres religiosas y siete laicos con el fin de organizarnos mejor y poder llevar la ayuda espiritual y material a los pobladores de las zonas que visitamos el fin de semana.

Nos distribuimos en grupos para ir a los hospitales de Ica. Iba un sacerdote, una religiosa y un laico. Los enfermos estaban muy asustados y desesperados. Los sacerdotes les impartían el sacramento de la unción de los enfermos; las religiosas dábamos apoyo espiritual, consuelo y escuchábamos a la gente que necesitaba desahogarse, mientras que los laicos repartían rosarios y estampas de la Virgen.

Aprovechamos nuestra estancia en esta ciudad para visitar la Iglesia del Señor de Luren. La imagen estaba intacta, y aprendimos de la fe sencilla de un hombre que le hablaba a Jesús con la naturalidad y confianza de saberse escuchado.

Por la tarde, los sacerdotes celebraron la Santa Misa en dos pueblos, y también observamos la desesperación de la gente en plena misa ante los pandilleros que intentaban saquear cerca de allí.

El domingo 19 por la mañana se realizó la Santa Misa dominical en el pueblo de Tate. Muchos niños, jóvenes, caballeros y mujeres emocionadas, con lágrimas en los ojos daban gracias a Dios, mostrándose fuertes y valientes para seguir adelante ante las consecuencias de esta tragedia.

La participación de los pobladores y catequistas de Tate fue sorprendente porque se reunieron de inmediato para la celebración, y acompañaron la misa con cánticos. Muchos comulgaron. Al finalizar la santa Misa, y por iniciativa del Padre Jaime Calvo, uno de los doce sacerdotes que vinieron desde Lima el fin de semana para ofrecer atención espiritual, los pobladores se animaron para iniciar la remoción de los escombros en los templos.

Partimos luego a Pisco. Al llegar a esa ciudad, la situación allí era aún más desoladora. La gente tenía en sus rostros una expresión de desconcierto, mientras que en la ciudad había un olor nauseabundo por los cadáveres que aún no se recogían. La mayoría de las casas estaban destruidas. ¡Y ni qué decir de los templos y las parroquias de Pisco!

La gente intentaba recuperar lo poco que tenía y lo cuidaba con mucho esmero por miedo a que se lo quiten los ladrones y pandilleros.

Observamos también una gran cantidad de ayuda humanitaria así como grupos de soldados, bomberos y equipo medico, aunque notamos que a los pobladores pisqueños les faltaba ayuda espiritual.

Al iniciar nuestro retorno a Lima, apreciamos como al borde de la carretera habían bastantes niños que se agolpaban alrededor de los carros para poder recibir algún tipo de donación. La gente estaba desesperada por la ausencia de ayuda. La pena es que no había un orden en la ciudad de Pisco para poder distribuirla de manera adecuada, hecho que ocasionaba tumultos entre los pobladores pisqueños y que la ayuda no llegara a todos como se quería.

Sin embargo, estas dificultades significaron una experiencia edificante en lo espiritual y también nos ayudó a compartir tiempo como familia diocesana, reconociendo la importancia del trabajo en equipo y teniendo como centro de toda nuestra vida a Jesús.

Lima, domingo 19 de agosto de 2007

(*) Testimonio de la Hermana Yashira, Hija de la Divina Providencia. E-mail: mariayashira@gmail.com

(1) Desde Lima el fin de semana del viernes 17 al domingo 19 viajaron un total de doce sacerdotes para ofrecer consuelo espiritual y administrar sacramentos a los damnificados. A la semana siguiente, partió un nuevo grupo de diez sacerdotes que estuvo entre el martes 21 al viernes 24 llevando ayuda espiritual a los pobladores de Pisco, Ica y Chincha. El fin de semana del 24 al 26 de agosto partió un nuevo grupo de sacerdotes para atender espiritualmente a los damnificados.

   
 

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