Entrevista al Padre José Chuquillanqui, Párroco de “Espíritu Santo” de Manchay, uno de los sacerdotes de la Arquidiócesis de Lima que ha atendido espiritualmente a los damnificados del Sur Chico del Perú
Desde hace once años el Padre José Chuquillanqui trabaja en la Parroquia Espíritu Santo de Manchay, una de las zonas más pobres de Lima. El Padre José conoce muy bien las carencias y necesidades de los más desfavorecidos. Las vive día a día. Con el apoyo de la comunidad internacional, del Cardenal y Arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, del Arzobispado de Lima y de un grupo de peruanos de gran corazón, ha conseguido ayudar a dibujar una sonrisa y más de un motivo de esperanza en miles de personas que viven en Manchay con la ejecución de proyectos sociales como por ejemplo un Instituto Superior Tecnológico, Colegios Parroquiales, Cunas albergues, entre otras iniciativas sociales que benefician ya a 10 mil habitantes directamente de esa zona periférica de la capital peruana.
Ahora, junto a una decena de sacerdotes de la Arquidiócesis de Lima se viene desplazando los fines de semana a Chincha, ciudad del Sur Chico del Perú que ha sido gravemente afectada por el terremoto el último 15 de agosto. A continuación, su testimonio.
¿Cómo decidió brindar asistencia espiritual y material a los hermanos del Sur Chico?
Desde el mismo día del desastre, el Cardenal Juan Luis Cipriani y los sacerdotes que nos comunicamos con él, nos unimos espiritualmente con estos hermanos que estaban sufriendo la pérdida de sus familias y su entorno material. Organizamos la ayuda lo antes posible y todos estuvimos de acuerdo en brindar, junto con la ayuda médica y material, ayuda espiritual a través de nuestra presencia en la zona del desastre. Por indicación de nuestro arzobispo envié dos ambulancias que atienden en Manchay con todo nuestro personal de salud a Pisco, la ciudad más afectada por el terremoto.
Posteriormente inicié mi labor pastoral en Chincha, en el distrito de Grocio Prado. A los dos días del desastre fui acompañado de religiosas y laicos comprometidos de mi Parroquia a unirnos en la oración con las familias que acababan de pasar por este trance. No me imaginé que iba a ser recibido con los brazos abiertos, adonde iba, de día o de noche, en medio de la oscuridad, la gente me pedía rezar con ellos. Los sentí apesadumbrados, sorprendidos y asustados. Todos necesitaban de un abrazo y unas palabras de aliento. ¡Con qué emoción y confianza recibían los rosarios que les obsequiábamos! ¡Qué mejor regalo en medio del desastre!
¿Por qué eligieron la zona de Chincha para llevar a cabo esta ayuda?
Comentábamos con el Cardenal Cipriani las noticias de que en Chincha, específicamente en Grocio Prado se habían dado casos de saqueos y balaceras y que la gente estaba muy asustada (justamente por la huida de 600 presos del Centro Penitenciario de Tambo de Mora, otro de los distritos de Chincha afectados por el sismo). Recordamos que Chincha es un pueblo muy devoto y que Grocio Prado, uno de sus distritos, es la Cuna de la Sierva “Melchorita”, (Melchora Saravia Tasayco) que vivió con heroicidad su vida cristiana. Mi primer impulso fue llamar al Párroco. Me contestó un hermano sacerdote joven, de solo seis meses de ordenado, compungido por la tragedia pero con las ganas inmensas de ayudar a sus feligreses y salir adelante. Me ofrecí a ayudarle en las misas y los sacramentos necesarios en estos momentos y aceptó de inmediato. Nos recibió en unas instalaciones de un antiguo seminario. De este modo nos fue más fácil entrar en contacto con la población de la zona; que, a pesar de estar golpeada por el terremoto y con sus casas destruidas, durmiendo en la calle y viviendo de la comida que les daban en ollas comunes nos recibió entusiasta. Con ese centro de operaciones hemos visitado a la fecha todos los distritos de Chincha.
¿Cuántos sacerdotes y religiosas participan de esta ayuda?
Estamos brindando ayuda espiritual dos sacerdotes y ocho religiosas por cada fin de semana. En Manchay tenemos 24 religiosas que trabajan con nosotros, entonces, nos estamos turnando y cada fin de semana vamos en grupos para atender las zonas. A la fecha hemos atendido Grocio Prado, Sunampe, Betania, Lurín Chincha, Tambo de Mora, El Carmen, Guayabo, Pueblo Nuevo, los AA.HH. Keiko Sofía y Pilar Nores. Hasta este fin de semana hemos realizado tres viajes de misión para los cuales, salimos el viernes en la tarde y retornamos el domingo por la tarde, luego de compartir y cocinar en una olla común con las familias del sector donde estemos.
Adicionalmente, los sacerdotes de la Parroquia la Preciosísima Sangre y Jesús Camino Verdad y Vida, de Lima están visitando entre semana esta zona, para apoyar la pastoral de los sacerdotes locales.
¿Cómo se organizan para llevar la ayuda espiritual?
Los sacerdotes una vez en Chincha nos ponemos a órdenes del párroco de la zona, Padre Ítalo y con él distribuimos las zonas y los horarios para que los sacerdotes que vamos desde Lima podamos atender la Eucaristía. Mientras que, las religiosas, junto con el equipo médico, psicológico y de profesores de Manchay, van apoyando a los grupos de niños en las diferentes zonas que nos han asignado, con el fin de colaborar dando ayuda emocional a la población.
Calculo que a la fecha hemos atendido 2,500 personas. También hay grupos de personas que se congregan para el rezo del Santo Rosario, antes de la Misa. A ellos los reunimos justamente en torno a su olla común. Estas actividades son dirigidas por la religiosas que están acompañadas de los coros de jóvenes de la Parroquia de Manchay.
¿Quiénes más colaboran con usted en esta labor?
Conjuntamente conmigo, un grupo de voluntarios de la Parroquia Espíritu Santo de
Manchay, me acompañan, son profesionales que trabajan con nosotros; médicos, enfermeras, profesores, ingenieros, abogados, psicólogos. Debo resaltar la generosidad de muchos obreros de la parroquia de Manchay. Un promedio de 90 personas, están acudiendo los fines de semana para encargarse de desmontar las casas que están colapsadas y a realizar actividades de contención emocional y atención médica a las familias. Las casas que hemos ayudado a limpiar están ubicadas en Grocio Prado. La más famosa fue la de la Melchorita, que ahora ya puede ser visitada por los fieles que le tienen devoción.
La población por la situación de shock que todavía sufre, necesita la ayuda de otras personas para que puedan desmontar lo que queda de sus casas. Para renacer hay que limpiar completamente lo destruido. Eso hacemos nosotros con las cuadrillas de obreros y voluntarios de Manchay.
Los voluntarios de Manchay que llevan ayuda de las familias de mi parroquia y de Cáritas Lima-Vicaría de la Caridad, se encargan de ir por los sectores que he mencionado, buscando a los que todavía no han recibido ayuda con el fin de auxiliar y ofrecer apoyo material a la población afectada.
También hay un grupo de personas que se encargan de la atención psicológica de las familias. Ellos visitan cada sector casa por casa y hablan con las familias, inmediatamente detectan los casos que necesitan ayuda. El equipo de Derechos Humanos de la Parroquia de Manchay formado por dos abogados, tres psicólogas y una asistenta social, que es una religiosa, también realiza labores de apoyo. Todos los fines de semana se están dirigiendo a esta zona para ofrecer su ayuda y continuarán todo lo que sea necesario.
Es importante también destacar el apoyo del Personal médico y de salud de la Parroquia de Manchay, que con las dos ambulancias convenientemente equipadas con material médico y personal van recorriendo zonas donde no está llegando nada o está llegando mal, como Betania, Lurín, Chincha, Keiko Sofía, San Jerónimo, entre otras zonas de Chincha.
¿Hasta cuando está prevista hacer llegar esta ayuda espiritual y material?
La ayuda está prevista hasta que el Señor Cardenal lo determine. Así como hay ayuda más grande de comida, ropa y cosas materiales que Cáritas Lima - Vicaría de la Caridad envía directamente. Creo que ha sido un acierto del Señor Cardenal el preocuparse de la ayuda espiritual. Porque aunque tengas el vestido que te llega a través de las ayudas y donaciones, hay muchas personas necesitadas de un apoyo espiritual. Hay mucha gente que necesita ser escuchada, necesita una oración por sus seres queridos que ya no están, o el responso en el lugar donde fallecieron, una confesión y la celebración de la Eucaristía. Como dice nuestro Pastor en estos momentos difíciles que le toca vivir a nuestros hermanos, hay que fortalecer su fe, que es la razón de nuestro existir.
¿Qué enseñanzas podemos sacar de esta gente de fe que lo ha perdido todo?
Muchas. De la gente que a pesar que lo ha perdido todo siguen aceptando y recibiéndote con mucha generosidad. Incluso dentro de su pobreza, los domingos cuando nos alistamos para retornar se esfuerzan por invitarte y convidarte algo. A pesar de que no tienen nada quieren darte siempre algo; y creo que, en todo caso, quienes acudimos salimos enriquecidos por la vida y fortaleza de fe de la población chinchana.
Termino diciendo que esta es una oportunidad en medio del dolor para poner en práctica de una manera más sencilla y natural, nuestro amor a Dios y al Prójimo.
Más información sobre como ayudar al Sur Chico del Perú puede obtener en: www.arzobispadodelima/ayudaalsur/