Lima, 10 de setiembre de 2007

 
   
 

Campaña «Seamos Esperanza» del MVC sigue ayudando a damnificados

Inmediatamente después de conocida la magnitud del desastre causado por el sismo que castigó la costa peruana el último 15 de agosto, miembros del Movimiento de Vida Cristiana (MVC) comenzaron a articular sus redes de voluntarios y profesionales, con la finalidad de llevar auxilio a la población de Chincha e Ica.

Así nació la campaña «Seamos Esperanza», y el MVC movilizó a todos sus centros pastorales convocando a la solidaridad con los hermanos damnificados. En menos de 24 horas partió un primer ómnibus con 40 personas entre médicos, enfermeras y voluntarios. Llevaron consigo medicinas, ropa, frazadas y alimentos.

Aquellos primeros días se tuvo que atender emergencias en 40 zonas de 8 distritos de la provincia de Chincha. A una semana del desastre se logró canalizar 360 toneladas de ayuda humanitaria para socorrer a más de 13 mil familias. 1,500 emevecistas se ofrecieron de voluntarios. De ellos, entre el 17 y 20 de agosto, 700 viajaron hasta Chincha.

Entre los primeros brigadistas que llegaron a la zona del desastre estuvo la emevecista Melisa Velásquez. En un conmovedor testimonio, ella cuenta que «era emocionante ver la caridad de las personas, porque la ayuda enviada de Lima no paraba». Pero lo que más le impresionó fue la labor de «llevar esperanza», de «mirar en los ojos de los pobladores el inmenso agradecimiento y la conmovedora confianza en Dios».

«Lo que realmente perdura —añade Melisa— en los corazones de los pobladores de Chincha y de quienes hemos podido participar de esta experiencia, es salir al encuentro de los hermanos con amor, llevando esperanza y confianza en Dios a través del servicio». (Testimonio completo).

Es así que, a tres semanas del terremoto, se ha logrado canalizar más de 700 toneladas de donaciones y se puede atender de manera sostenida a 60 mil personas. La eficiente organización de esta Campaña ha permitido que lo donado se entregue a través de una comisión que recibe las donaciones y luego son distribuidas para un grupo de familias, velando que los productos recibidos los abastezcan durante una semana.

Es por ello de Carmen Matías, una de las muchas damnificadas del caserío La Victoria (Chincha) dice estar «muy contenta y agradecida por el apoyo». «Ésta —agrega— es la ayuda más grande que hemos recibido, porque anteriormente teníamos que hacer cola, a veces llegábamos y ya no alcanzábamos, y ahora a todos nos está llegando. Doy gracias a Dios porque por intermedio de ustedes toda la ayuda nos ha llegado».

«Seamos Esperanza» tiene hoy un nuevo objetivo: brindar una asistencia integral de alimento, abrigo, salud y acompañamiento espiritual, durante 30 días -de manera permanente y sostenida- que permita ayudar a más de 7 mil familias. Para esta segunda etapa se ha realizado un empadronamiento con apoyo del INEI y se ha organizado a los damnificados en comedores populares con la donación de cocinas semi-industriales y balones de gas.

Con este fin se viene promocionando la donación de canastas familiares. Cada canasta contiene menestras, arroz, aceite, fideos, leche, avena, cocoa, atún, tuco, papel higiénico, caja de fósforos, velas, bolsas de pan o paquetes de galletas y azúcar. Se ha constituido un modo práctico e inmediato de ayudar a través de la compra de bonos de canastas familiares. Para adquirir este bono de Solidaridad con Ica se puede llamar al 437-3496 y 434 0120, o preguntar en el Centro Pastoral Santa María de la Evangelización, ubicado en Calle 2 # 553 Monterrico Norte – San Borja. Más información puede encontrarse también en la web www.seamosesperanza.org

Los brigadistas, ejemplo de solidaridad

Durante estas semanas han sido cientos los voluntarios que conformando brigadas de solidaridad han trabajado en Lima y Chincha con la única misión de ayudar a los miles de damnificados. Tuvieron a su cargo los empadronamientos, armaron, transportaron y distribuyeron la ayuda humanitaria y las canastas familiares, participaron en la remoción de escombros, colaboraron armando casas provisionales, conversaron, lloraron y rieron con los pobladores, jugaron con los niños y llevaron un fuerte mensaje de solidaridad, de fe y de esperanza a tantas personas en circunstancias particularmente difíciles. 

En este sentido, es muy elocuente el testimonio de Jorge Quiroz, para quien tener responsabilidades en el trabajo y con su familia, no impidió que quisiera sumarse a esta cadena de solidaridad. Estuvo a cargo de la brigada 19 y cuenta: «Quien diga que no regresó cansado miente, pero quien diga que no regresó feliz, también. La piedad de la gente y la solidaridad creaban una escuela de caridad (…) como por ejemplo cuando visitabas una zona con cerca de 100 familias a la intemperie, sin agua, sin luz, sin techo, cocinado en olla común (…). El hecho de donar mi tiempo, mi esfuerzo, etc. ha logrado en mí y en todos que se cumpla lo que dice nuestro lema: “El amor se hace concreto en el servicio"». (Testimonio completo).

   
 

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