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Algunos Rasgos del Pontificado
En su primera entrevista por televisión -la primera de tipo clásico en la historia del papado-, Benedicto XVI declaró: “Considero una misión esencial y personal mía no tanto producir documentos nuevos, sino más bien conseguir que los documentos del pontificado precedente sean asimilados, porque son un tesoro riquísimo, son la auténtica interpretación del Vaticano II”. Con estas palabras sugería que, en su Pontificado, la asimilación, la profundización y la simplificación predominarán sobre la innovación. El Compendio del Catecismo y la encíclica aparecen ya como iconos representativos del estilo característico de sus propuestas magisteriales.

CAMBIOS
Benedicto XVI ha cambiado algunas cosas. Ha vuelto, por ejemplo, a la tradición de delegar las ceremonias de beatificación; y aprueba los decretos correspondientes a las causas de santos no en una ceremonia pública y solemne, como hacía Juan Pablo II, sino en audiencia privada con el Prefecto de la congregación competente. Tampoco siguió la costumbre de consagrar obispos el 6 de enero, ni de rezar el Te Deum de fin de año en la Iglesia de Il Jesú de Roma. También resultó novedoso, en el contexto de la JMJ de Colonia, el encuentro especial con los seminaristas.

Según Vincent Cabanac, de Documentation Catholic, el Papa actual “gobierna a base de pequeños toques discretos”. Sus decisiones no han supuesto gran ruptura con la línea de su predecesor -Benedicto XVI se siente cómodo con el legado de Juan Pablo II-, pero “parece -opina Cabanac- como si quisiera desarrollar un Pontificado impregnado de más colegialidad”. Quizás por eso abrevió el último Sínodo, agilizó sus debates y permitió la publicación inmediata de las propuestas finales.

El biógrafo de Juan Pablo II, George Weigel -que acaba de publicar God’s Chotee (sobre Benedicto XVI)-habla de la perfecta “continuidad dinámica” del actual Papa con su predecesor. De hecho, buena parte de los peregrinos que van a verle 20 mil al día visitan también la tumba de Juan Pablo II.

Cabanac alude a la capacidad de improvisación del Papa; por ejemplo, en el encuentro con sacerdotes de Letrán, en mayo; o en el Valle de Aosta, en julio; o en la meditación que, sobre la marcha, dirigió a los Padres sinodales acerca del sentido sacrificial de la Eucaristía. El 15 de octubre, el Papa congregó a 150.000 niños de primera comunión. Su secretario se excusó ante los periodistas explicándoles que no podía adelantarles la intervención del Papa, porque la “llevaba escrita en el corazón”. Eso sí, cuando improvisa, el Santo Padre suele aclarar el grado de autoridad con el que habla.

Notorios han sido algunos cambios en la indumentaria papal. Benedicto XVI ha rescatado, posiblemente para protegerse del frío, el camauro o gorro papal -de terciopelo rojo ribeteado de armiño blanco-que solía usar Juan XXIII y también la muceta de armiño, que no se veía desde Pablo VI.

SOSIEGO
El Papa, señala Juan Vicente Boo, “adora el silencio, el orden, la vida austera y la tranquilidad. En el apartamento del Papa, el ambiente ha cambiado por completo. La riada de visitantes que su predecesor invitaba a la misa, el desayuno, la comida o la cena han pasado a la historia. Ahora domina un silencio laborioso que sólo interrumpen, a última hora de la tarde, las notas de Mozart al piano”.

El Papa, señala Cabanac, “se retira pronto del primer plano y se muestra menos. A excepción de los miércoles, las audiencias y los encuentros con Benedicto XVI se han vuelto algo menos habituales, más excepcionales, salvo para los obispos, sus colaboradores o las personalidades que le visitan”.

La personalidad amable, sencilla, natural y educada de Benedicto XVI -hasta aparentar una timidez que no es tal- se ha puesto de manifiesto en algunas anécdotas. Por ejemplo, cuando el Papa excusó su presencia en una sesión del Sínodo al indicar que tenía cita con el dentista a las cuatro de la tarde. Esa amabilidad de ningún modo significa que el Papa actual no ejerza sus responsabilidades de gobierno. Para demostrarlo, ahí están -por citar sólo un par de ejemplos- las medidas adoptadas respecto a los santuarios de Asís, o a la liturgia de las Comunidades Neocatecumenales.

Los modos de producirse de Benedicto XVI son distintos -más suaves, quizás- que los de Juan Pablo II, pero no fríos ni distantes. De hecho, se emociona al asomarse al balcón de la basílica de San Pedro y comprobar el cariño de la multitud de fieles.

Es posible que se encuentre más cómodo con sólo dos o tres personas a su alrededor, pero también se le ve acostumbrado a las multitudes; no en vano “siempre ha llenado aulas y catedrales”, señala Juan Vicente Boo.

Para Ramón Pi, Benedicto XVI “se ha encontrado con la herencia de encuentros multitudinarios a los que no parece especialmente propenso, ni por talante ni por formación. Pero procurará que el arranque explosivo de esas concentraciones adquieran

en su Pontificado una buena velocidad de crucero, de manera que, no sólo los gestos, sino también las palabras del Papa vayan calando hondo”.

Según Jesús Lillo, el Papa “se apoya más en la palabra” que en los gestos, y es posible que “prefiera ser escuchado a ser rozado”.

RECORDS
Con carisma mediático o sin él, lo cierto es que en las audiencias generales de septiembre y octubre congregó a 50.000 personas, por encima del record de las 45.000 personas registradas durante el Jubileo del 2000.

Desde el 24 de abril, inicio del Pontificado, han participado en encuentros públicos con el Santo Padre cerca de tres millones de personas. La media de peregrinos en audiencias, celebraciones litúrgicas y Ángelus es superior a la registrada con Juan Pablo II. No se incluye el millón de jóvenes que participó en las JMJ de Colonia, ni las más de 200.000 personas con las que se encontró el 29 de mayo en Bari.

Joaquín Navarro-Valls, portavoz de la Santa Sede, explica que “las audiencias generales en otros años, en esta época de año, se celebraban en el Aula Pablo VI. Ahora no se pueden tener allí por el número de personas que acuden los miércoles” (el Aula sólo puede acomodar a siete mil peregrinos). También “es verdaderamente sorprendente” la asistencia de público al Ángelus, añade. Juan Vicente Boo asegura que “veinte o treinta mil personas, el triple de lo que era habitual con Juan Pablo II”.

Para Weigel, quizás Benedicto XVI no tenga “una personalidad pública electrizante” como Juan Pablo II, pero posee “un estilo atractivo de proponer el evangelio de modo exigente y al mismo tiempo accesible”. Su “compostura en público es también elocuente: verdaderamente lo hace muy bien”, añade Weigel. Y comentando la JMJ de Colonia, recuerda que el teólogo Ratzinger ya supo “inspirar una lealtad apasionada a sus estudiantes de doctorado”.

Weigel concluye que “el hombre que no quería ser papa ha demostrado la imperturbabilidad que procede de una profunda vida espiritual. Y eso sugiere que las tranquilas sorpresas de Benedicto XVI continuarán”.

Para Navarro-Valls, el Papa, en sus obras, “combina el rigor germano con la intuición y la brillantez latinas”. Con sus libros-entrevista, auténticos superventas, ha logrado una amplia difusión de su pensamiento y un gran influjo en la opinión pública.

Jutta Burgarff resalta la humildad del Papa: “Es más humilde que sus críticos”. De ahí la imagen de timidez que algunos apuntan y que, más bien, se trata de la virtud propia de quien sabe escuchar.

En una entrevista pública, señala Burgraff, el actual Papa confesó que sufría cuando era estudiante, porque era el último de su curso en deportes. Omitió, sin embargo, que siempre fue el primero en todas las demás asignaturas.

Navarro-Valls destaca la gran capacidad del Papa de encajar los problemas, y el don de su enorme paciencia, “Que es una cabeza poderosa -concluye Navarro-Valls- es algo aceptado unánimemente por seguidores y detractores”.

Según Edward Pentín, el estilo de Benedicto XVI es más reposado y tranquilo que el de su predecesor, pero “esta más atento al funcionamiento de la Curia que Juan Pablo II y hay también un mayor cuidado en la guarda de secretos y confidencias”.

Acostumbrado al debate de las ideas, Benedicto XVI habla con gracia y elegancia intelectual, sin adoptar tonos de arenga. Con esa elegancia intelectual conquistó a los jóvenes en Colonia y ha mantenido encuentros cordiales con el teólogo disidente Hans Küng o con el superior de los tradicionalistas lefebvrianos, Bernard Fellay.

VIDA DIARIA DEL PAPA
A las cinco y media de la mañana ya hay luz en el dormitorio de Benedicto XVI (la habitación del tercer piso más a la derecha, según se mira desde la plaza de San Pedro). El Papa hace un tiempo de oración y celebra la Santa Misa en su capilla privada, ayudado por sus secretarios Georg Gaenswein y Mieczysiaw Mokrzycki (éste estaba ya con Juan Pablo II). En el Palacio Apostólico, ahora remodelado, atienden al Santo Padre el mayordomo. Angelo Gugel, que trabaja allí desde la época de Juan Pablo I, y cuatro mujeres célibes consagradas de Memores Domini (Comunión y Liberación): Carmela, Loredana.

Emanuela y Cristina, encargadas de la cocina, la limpieza y el guardarropa. Loredana atendió al Card. Scola cuando éste vivía en Roma.

Las dos secretarias alemanas que trabajaban antes para el Card. Ratzinger -Ingrid Stampa y Birgit Wansing; ambas pertenecientes al Instituto secular de Schonstatt- no han seguido al Papa en su nueva residencia. Stampa se ha incorporado a la sección alemana de la Secretaría de Estado; Wansing continúa en la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El Papa desayuna frugalmente (un “capuchino” y algo más). También la comida y la cena son sobrias. Gugel y Mons. Mokrzycki atienden al Papa, a quien gustan las sopas de verdura y cualquier plato ligero, tanto italiano como alemán. Su única debilidad es el strudel de manzana con miel, aunque normalmente toma fruta de postre. Su bebida favorita es la limonada (sólo toma cerveza rubia si le insisten mucho).

Benedicto XVI trabaja en su estudio privado (segundo cuarto desde la derecha del tercer piso) hasta las once de la mañana, hora en que comienza las audiencias en la llamada Biblioteca Privada.

Benedicto XVI alterna el trabajo con la oración y el estudio. El primer respiro en su horario es a las cuatro de la tarde, para dar el paseo que le han recomendado los médicos por los jardines vaticanos. Suele hacer un poco más de ejercicio subiendo y bajando las escaleras a pie.

El Papa regresa luego a su estudio privado. A última hora de la tarde descansa otro rato al teclado de un piano. Poco después de cenar y de otro tiempo de oración, las luces de su habitación vuelven a apagarse.

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