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Homilía en Solemnidad del Corpus Christi

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani
Solemnidad del Corpus Christi
Plaza Mayor de Lima
Domingo 18 de junio de 2017

Hermanos todos en Cristo Jesús, saludo con especial afecto a los dos obispos auxiliares, al capítulo del Cabildo de la Catedral, a los sacerdotes, religiosas, hermandades, miembros de las Fuerzas Armadas, colegios, a todas las parroquias que hoy haciendo un esfuerzo nos hemos reunido para agradecer a Jesús Eucaristía.

Pensemos en estas palabras del Evangelio de San Juan, hay como dos caminos, dice Jesús: “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, yo lo resucitaré en el último día”. Ese es una alternativa que Dios nos ha revelado, nos ofrece vivir para siempre y el alimento para vivir eternamente es su cuerpo y su sangre, y la otra alternativa es pensar que la vida termina aquí abajo, dura unos cuantos años, no necesito de comer el Cuerpo de Cristo porque mi vida acaba cuando muero. Por eso, la presencia de Jesús Eucaristía es una presencia que me está ofreciendo una manera de vivir. “Yo a ti te ofrezco una vida eterna y esa vida eterna ha tenido un precio muy alto”. La Eucaristía se origina en la cruz, Él entrega su vida para que yo la tenga eterna, por eso cada Santa Misa es la renovación del sacrificio de la cruz, ahí tenemos como un pensamiento que nos ayuda a renovar la fe, Cristo Eucaristía es Cristo en la cruz, esa vida eterna tiene mucho que ver con ese camino a la eternidad, la cruz.

Y luego vemos que Jesús en la Última Cena, antes de la cruz, les enseña a sus discípulos, coge un pedazo de pan y les dice: “Esto es mi cuerpo, ya está anunciando, dentro de poco moriré en la cruz y mi cuerpo será comida porque ha sido destrozado, molido, en la cruz, se ha convertido en comida, pero ahora para que me entiendan se los estoy anunciando en la Última Cena, para que entiendan que el comer tiene que ver con esa acción humana Voy a comer el pan para calmar el hambre”. Es una enseñanza de Jesús que está anunciando su muerte en la cruz para que su cuerpo molido, convertido en comida con el sufrimiento y dolor, pueda renovarse.

Y Jesús en el Sagrario, ese Jesús que en la Misa realiza este milagro que la transubstanciación se queda en el Sagrario para que yo pueda acudir a él y hacer de ese momento de adoración, esta ciudad maravillosa, Lima ciudad eucarística, en multitud de lugares encontramos esos rincones donde Jesús está en la cruz, está en ese Sagrario, en esa custodia diciéndote: “Te espero, te busco, te quiero, te perdono”. Es el momento ya del corazón, es el momento en el que voy a ponerme delante de Él con todos mis problemas, dificultades, alegrías, quiero estar con Él, y así visito estos lugares en los diferentes lugares de toda la arquidiócesis en donde encontramos a Jesús que me dice: “Entra un instante, no tienes un minuto para saludarme, ahí es la hora del corazón”.

Y cuando lo recibo en la Santa Misa, vemos esta promesa de Él, que lo dice de una manera muy clara: “El que come mi carne, tiene vida eterna, habita en mí”. No es el recuerdo que yo pueda tener de mis padres, de mis amigos, una fotografía, una voz, una imagen, no, es Él en mí, Él, Jesús, con su corazón, con su memoria, con su cariño, con su calor, con su ternura, por la fe, ahí la fe hace que los santos cuando estaban en la presencia de Jesús cayeran de rodillas en adoración, se les pasaba las horas y las horas porque estaban con Él, lo veían, lo oían, esa fe que tanto nos ayuda a ver a Jesús.

Por eso cuando está en tu corazón, porque lo has recibido con el alma limpia, es bueno recordarlo. Él quiere entrar en tu alma, pero solo te pide: “Aleja el pecado, yo no puedo estar en el pecado, confiésate, pide perdón”, y encontrarás esa intimidad, ya no soy el que vivo, es Cristo el que vive en mí. Por eso tenemos la hora del dolor en la cruz, tenemos el momento de la fe en la santa misa, tenemos el momento ya del corazón humano, de la amistad, que lo visita, que lo recuerda, que le habla, que llora, que lo acompaña, el corazón. Son diferentes momentos en el que la fe en realidad de ese cuerpo de Cristo actúa en mí.

Por eso qué debemos hacer, adorarlo, escucharlo, consolarlo, pedirle y llevarlo a otros. Y la maestra la mamá es María, ahí tienes a tu hijo, ahí tienes a tu madre, yo le pido a ella: Madre mía que despierte el mundo a este enorme tesoro de luz, de gozo, de paz, de unidad, de justicia, de amor, de cariño. Que despierte este mundo adormecido por lo material, por la violencia, por la mentira, por la hipocresía, por la injusticia, que despierte, Madre mía, la presencia de Jesús Eucaristía es una luz más fuerte que la del sol para que ilumine a fondo tu alma, tus pensamientos, tu familia, tus hijos, sí puedo, pero siempre te preguntará antes, me dejas entrar, me abres la puerta de tu corazón. Por eso hoy al pasear el Cuerpo de Cristo por la plaza de una manera simbólica estamos paseando a Jesús por las almas de todo el Perú y de todo el mundo para que él desde estos rincones ilumine a todo el mundo.

Y hoy estamos celebrando el día del padre, toda paternidad viene del único padre Dios, Dios padre es el que pone en los padres, esa bondad, esa responsabilidad, ese amor a la familia y a los hijos. Por eso al celebrar hoy el Corpus Christie unidos a este día de fiesta por lo papás, le pedimos a Dios Padre ilumina, bendice a todos los papás, mamás, matrimonios, familias. Es en la familia en donde surge la eucaristía, es en la familia donde educamos en la fe a nuestros hijos, es ahí donde Dios quiere que hoy el mundo entero vuelva sus ojos, cuidar la familia, proteger la familia, vivir como hermanos, con estos deseos le pido a Jesús realmente presente en la eucaristía: bendícenos, perdonamos, llénanos de tu fe y de tu alegría. Aquí estamos todos con gran cariño a la espera de ese pronto viaje del Papa Francisco.