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Homilía en Fiesta de la Virgen del Rosario en Manchay

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani
Fiesta de la Virgen del Rosario
Domingo 8 de octubre de 2017
Plaza Central de Manchay

Muy querido Monseñor Girasoli, [Nuncio Apostólico] está con nosotros, tal vez sea una profecía de que algún día tengamos al Papa en Manchay, depende de todos, recemos. Todos queremos al Papa y queremos al Papa en Manchay pero vamos a pedirlo, vamos a rezarlo. También quiero saludar al padre José Chuquillanqui, párroco de Manchay; al señor alcalde de La Molina, Juan Carlos Zureck, que nos acompaña; y al señor teniente de Pachacamac, Maximiliano Oliva Masías.

También quiero saludar a la Cuarta Cuadrilla de los Nazarenos que están aquí con nosotros, la lista es larga, a todas las religiosas que son el alma y vida de la Iglesia en Manchay, también a los sacerdotes que hoy nos acompañan y que trabajan con nosotros, a todos muy queridos amigos, amigas, a todos con mucho cariño los tenemos en el corazón en esta Eucaristía.

Jesús cuando estaba aquí en la tierra presente físicamente nos prometió: Yo estaré con ustedes siempre hasta el final de los siglos. Jesús sabía de que tal vez pasaríamos por momentos difíciles, los niños, la enfermedad, la familia, pero Jesús no dice: No tengas miedo, yo estoy contigo hasta el final de los siglos.

Hoy, en Manchay, Cristo está presente. Hermano esa fe me dice que debo agradecer: Gracias Jesús por estar aquí en el corazón de cada uno, especialmente en estas zonas más alejadas de Lima donde hay tanta necesidad. Jesús está presente en cada niño, en cada anciano, en cada enfermo, en todos los rincones; y como está presente hemos recibido los obispos, los sacerdotes, el mandato de Cristo: Anda y acompáñalos en mi nombre, anda a Manchay abre esas guarderías, esos puestos de salud, esos colegios, atiende a mis hijos, por eso el pastor de Lima desde hace más de 20 años visita Manchay y tiene un lugar especial en el corazón de Manchay.

Ese mandato de Cristo, debemos todos recordarlo, es Él que nos dice anda, no te quedes en casa, visita, ayuda, que todos se sientan que son tus hijos, que alguien los quiere, por eso aquí estoy como padre, como pastor, para animarlos en nombre de Cristo, ojala que el Papa Francisco, él lo quiere, ojala que el plan que se haga contemple esta visita a Manchay, Manchay quiere al Papa.

Y hoy de manera muy especial está nuestra madre, está la Virgen. Pero también te digo Siente la ternura, el cariño, hace un momento me saludaba una mamacha ya mayor con su manta y yo decía, ella se parece mucho a la virgen, con qué cariño, con qué alegría, con qué confianza saluda al obispo, pues la Virgen María, la mamacha, la virgen del Carmen, ella le da un abrazo a cada uno de ustedes, a cada uno lo conoce, lo quiere, lo recibe.

Y también acuérdate de Jesús cuando dice: No los dejare huérfanos. No, nos ha dejado huérfanos, tenemos mamá, tenemos a la Virgen, no es un devoción, es más y aquí en Manchay, [La Virgen del] Rosario es la mamá de todo el pueblo de Manchay. Hoy día le han puesto, esta devoción de “Desatanudos” porque el Papa Francisco tiene esa devoción, él le pide a la Virgen desata los nudos, todos los nudos que hay en la casa con los hijos, en el trabajo, en la enfermedad, tantos nudos que uno dice y que hago pues mírale a ella, háblale a ella, pídele a ella, órale a ella, abrázate a ella, María no falla nunca. María es la mamá que siempre está al lado de los hijos, comprende a los hijos, ama a los hijos por eso Manchay tiene ese corazón mariano.

Tenemos por eso haciendo un poco de resumen, ese padre Dios Todopoderoso, tenemos ese hermano mayor, Jesucristo; yo soy hijo de Dios porque soy hermano de Cristo, adoptado, Cristo me adopta y me dice ven en el bautismo, me dice yo me acerco como mi hermano, y con hermano en Cristo soy hijo del Padre, el padre quiere a su hijo como me ve, estoy unido a su hijo por el sacramento del bautizo y me dicen ven, tú también eres de la familia. Somos hijos de Dios en Cristo y tenemos a una madre, una madre que Él me dijo: «Ahí tienes a tu madre».

Y ese amor del Padre, del hijo, de María, quien lo mantiene vivo, el Espíritu Santo. El Espíritu Santo se mueve con cariño, con ternura, con firmeza, con alegría, el Espíritu Santo allá arriba en las sombrillas en los rincones que están todos, el Espíritu Santo está diciendo Dios te ama, y te está preguntando: me amas. Es lo que te pregunta el Papa [Francisco] cuando venga aquí, si viene, te preguntará: ¿y Manchay ama a Cristo? ¿Manchay ama a María? ¿Y Manchay ama a la Iglesia? Bueno pues si Manchay es tan bueno que venga el Papa.

La familia, les he hablado de esa familia, del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo y nuestra Madre, pues ahora la familia de ustedes, vean en esas mamás a María, en esos papás vean a Dios Padre, cariño, trátense bien, ayúdense, esos niños pequeños, por eso la gran tarea que hace aquí en la Iglesia con los niños, con los ancianos, en los colegios, en el Instituto, en las guarderías, sobre todo en los sacramentos. Por eso para mí es un enorme consuelo ver como a lo largo de estos años ha ido creciendo la familia con mucho amor, justamente ayer ordenábamos a nuevos sacerdotes, ojala que alguno quiera venir a Manchay. También, hay aquí en Manchay dos seminaristas, no sé si los conocen, hay dos seminaristas de Manchay estudiando en el Seminario.

Eso es amor de Dios, eso es el fruto del amor de Dios. Por eso cuanta alegría al recordar tantas visitas a Manchay, cuando aquí no había nada, tantas visitas a los cerros, a los colegios, en días de trabajo para poder visitar todo, cuantos días, cuantas noches en la que el Padre José me traía por acá para visitarlos a ustedes. Hoy le pido a la madre de Dios, bendícenos, llénanos del amor a tu hijo y a la Iglesia, bendice al Papa, y de verdad gracias Manchay porque cuando se te conoce es difícil no quererte y cuando se te quiere, no abandonarte nunca. Que Dios bendiga a todos, que Dios nos enseñe a querernos mucho. ¡Que viva el Papa!