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Homilía en la Misa por la Nación

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani
Misa por la Nación
Santuario de Las Nazarenas
Sábado 14 de octubre de 2017

Excelentísimo señor Presidente de la República,
Mi querida Nancy;
Señor presidente del Poder Judicial;
Representantes del Poder Legislativo;
Señores comandantes generales;
Queridos hermano todos;

Es una alegría ver que la presencia de todos ustedes en este Santuario del Señor de los Milagros no es un acto protocolar, sino una afirmación de la fe católica que profesan, el Señor es muy amable, muy buen pagador; se alegra mucho de verlos acá, para bendecirlos, para iluminarlos, para fortalecerlos. Esa responsabilidad que tienen ante el país y ante su propia conciencia es algo sumamente difícil, no es fácil. Por eso, no debemos olvidar y disminuir la dimensión moral de la representación que tenemos todos. Hay una dimensión moral que es el buscar el bien para todos, buscar lo mejor, especialmente para la gente más pobre y buscarlo con honradez.

Decía el Papa Juan Pablo II: “Entre las deformaciones del sistema democrático, la corrupción política es una de la más graves, porque traiciona al mismo tiempo los principios de la moral y de la justicia social”. No es fácil en los tiempos actuales en que hay una permanente búsqueda, a veces no con muy buena intenciones, para hacer difícil este servicio al bien común; el buscar siempre la manera de entorpecer el servicio. Reconocemos como una obligación delante de nuestras conciencias y delante de todo el pueblo; y por eso juramos delante de Dios y de estos Santos Evangelios algo importante; y ese juramento cuando uno lo quiere poner en práctica se encuentra muchas veces con esa, vamos a llamarle, soledad del que ocupa un cargo importante y esa soledad es la que el Señor Jesús acompaña.

Esa invocación al Señor de los Milagros no es un mero pedir milagros, sino en esa soledad frente a decisiones, en esa dificultad para ser una persona que conduce a un pueblo a quien tengamos absoluta confianza, la bondad de Dios nunca falta y Dios nos pide a todos responsabilidad. “Una democracia que no tiene valores -también decía el mismo Papa Juan Pablo II” con facilidad se convierte en un totalitarismo visible o encubierto”. Así ha ocurrido en la historia. Por eso es que cuando no solo la Iglesia sino la gran mayoría de instituciones en el mundo ponen en el centro a la persona humana, a la familia, a la defensa de la vida, al matrimonio, a la enseñanza de la fe; cuando proponemos esos puntos que no se negocian, estamos defendiendo al ser humano independiente de todo credo. Esta es la naturaleza del Creador. Y por eso hoy, cuando en esta Santa Misa tenemos el privilegio de estar delante del Señor de los Milagros le pedimos: Bendice a nuestra Patria; bendice, protege, ilumina a los que tienen la pesada tarea de conducir los destinos de la Patria; protege a la familia peruana para que siga siendo un lugar en donde se generan esos valores cristianos. Señor, que seamos un país donde la unidad, el respeto, no la sospecha, qué feo es ver con frecuencia que estamos bajo la nube la sospecha; se ha convertido en un paralizante, todo, Señor, que quiere actuar con buena voluntad cae bajo la sospecha. Es imposible que usted busque el bien, debe haber algo, así no avanzamos.

Yo le pido al Señor de los Milagros: Haz de este Perú, que siempre lo fue, un lugar de fe, un lugar respetuoso, un lugar donde los peruanos unidos, que es el lema del Papa Francisco: Unidos por la Esperanza. Que Dios nos ilumine a todos, que Dios nos llene de esa esperanza, que nuestro pueblo se dé cuenta que es el protagonista de la historia del Perú, a nosotros nos toca servirlo un tiempo pero el protagonismo lo tiene ese pueblo lejano, joven, anciano, pobre, rico, no son 4 personas, es el pueblo peruano que hoy con gran esperanza mira a sus autoridades y yo, en nombre de la Iglesia, les agradezco.

Esta presencia significa, con todo respeto: Creo y hago pública mi fe; y así el Perú va delante, porque la gran cantidad de peruanos profesa esta fe.

Esto es lo que quería decirles y agradecerle al señor Presidente, a su señora esposa y sigamos este camino para prepararnos para la venida del Papa en este mes maravilloso, mes de octubre. Así sea.