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Homilía en Solemnidad del Señor de los Milagros

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani
Cuarto recorrido procesional de la imagen del Señor de los Milagros
Solemnidad del Señor de los Milagros
Sábado 28 de octubre de 2017

Excelentísimo Señor Nuncio Apostólico;
Excelentísimo Monseñor Raúl Chau, obispo auxiliar;
Queridos hermanos sacerdotes; religiosas; religiosos;
Muy queridos miembros de la Hermandad;
Hermanos todos en Cristo Jesús;

Acabamos de escuchar las palabras del Evangelio, en que nos afirma de una manera clara el apóstol San Juan: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna”. Ese amor de Dios a cada uno de nosotros, sin tener en cuenta quién soy, cómo estoy. Me ama porque soy su hijo. Es un amor que no cambia y esto nos congrega hoy aquí. Somos peregrinos en búsqueda de ese amor. Por eso venimos en procesión. La vida de cada uno se puede reflejar en una peregrinación, vamos caminando; pero ¿se puede caminar solo, a oscuras, lleno de problemas?; ¿o se pude caminar con Él, junto a Él? Nosotros todos al venir aquí hacemos ese acto de fe: Señor, voy en la búsqueda de tu amor, no quiero separarme de Ti, quiero que me acompañes.

En esos momentos de la vida, de joven, ya de maduro, soltero, casado, anciano, enfermo; quiero Señor ir en procesión, en esa procesión que nos une la fe. Esta peregrinación. Todos los hombres y mujeres del mundo, todos peregrinamos. Desde el instante que Dios nos crea en el vientre de nuestras madres, desde el instante en que Dios inspira esa vida, primer instante de la vida, empezamos a peregrinar. No es un caminar por el desierto. No es un caminar sin rumbo. Es un peregrinar con Cristo, por Cristo, en Cristo, el Señor de los Milagros. La procesión más multitudinaria del mundo entero. No es motivo de orgullo, es una realidad que Dios ha querido para nosotros aquí. Hay muchos lugares donde se venera a Jesús, se venera a su madre la Virgen María, a los santos, muchos. Pero una expresión de procesión, de ir, de acompañar, de visitar junto a Jesús; no solamente las calles de Lima, las calles del mundo entero. Este regalo de piedad popular en donde nos congregamos por la fe, nos tiene que fortalecer.

Señor, qué bueno eres que vas a mi lado, que me buscas, que me acompañas. Por eso, la Iglesia en el Perú, en estos tiempos, permanece en una vigilia de fe, esperando la visita del Papa Francisco. Y vamos a esperarlo purificando nuestras vidas. Vamos a esperarlo reconociendo nuestras debilidades, para que el Señor de los Milagros refuerce nuestra fe. El gran camino de preparación a la venida del Papa es ese camino de alegría que es la confesión; la confesión te devuelve la alegría, la paz. Y siempre escucharás: “Es que yo no valgo, es que yo me porto mal, es que a mí Dios no me escucha”. No es así, hermanos, Dios nos escucha a todos, nos busca a todos, nos quiere a todos. Pero Él sabe y en esa intimidad hoy al pasar por las calles, te mirará, te buscará con el rostro para decirte “Hijo mío, cambia; hija mía, ten paciencia”. Se acercará a los hospitales a bendecir a los enfermos y bendiciendo a los enfermos bendecirá a todos en el país. Por eso, la Iglesia, que es fiel a su vocación, nos conduce a la salvación eterna; nos salva desde la cruz. No lo olvides, la misión de la Iglesia es invitarnos a esa vida eterna, esa vida eterna que se inicia aquí en la Tierra.

Y quisiera hoy, en nombre del Señor de los Milagros, con gran respeto hacia esas opciones temporales, hacia esas discusiones que tantas veces arrancan dificultades, generan problemas. Yo quisiera hoy pedirle hoy al Señor de los Milagros, Señor, acompaña a tu pueblo, recuerda a nuestros hermanos, a todos en esta familia peruana. El matrimonio es tu proyecto, proyecto de Dios, de un hombre y una mujer; es la belleza de lo que Dios ha querido para que seamos felices. Por eso ponemos en tus manos esa maravilla del matrimonio, el sacramento del matrimonio, un hombre y una mujer. Que sepamos darte las gracias, Señor. Que sepamos recordar a nuestros padres. Y al mismo tiempo también has querido que tu presencia en la familia sea esa semilla que pone en los corazones de los niños la fe. Papás, eduquen a los chicos con el ejemplo, con la oración. La familia, qué importante que la familia peruana, aquí al lado del Señor de los Milagros, haga ese compromiso de participar en la educación de sus hijos.

Y hermanos, cómo no recordar que todos los que estamos aquí tenemos vida. El milagro que Dios ha hecho en el vientre de nuestras madres. Por eso es un gran dolor que esa plaga del aborto atraviese el mundo entero. Señor, ten compasión de la humanidad, que rescatemos el valor de la vida humana desde el primer instante de su concepción hasta la muerte natural. Aquí nosotros, con humildad, pero con valentía, unidos al Señor de los Milagros, queremos decir al mundo: En el Perú se respeta la vida. En el Perú decimos ¡No al aborto! No tenemos que aprender de esos sitios lejanos que quieren imponernos la muerte. ¡No al aborto! ¡Sí a la vida!

Y cómo no pedirte Señor, por la dignidad y el respeto a las mujeres. Cómo no pedirte que de manera especial bendigas la misión que le has dado a la mujer de ser madre, de ser una mujer que le da al mundo el cariño, la alegría, el entusiasmo, la fortaleza, la valentía. Mujer, ayúdanos, con la bendición de Dios, a que el mundo pueda contemplar el cariño, la fortaleza. Y para eso, defendamos todos la dignidad de la mujer desde niña hasta anciana. La mujer es un tesoro en la sociedad. Señor, bendícela.

Eres el rey de la paz, siembras la paz. Y la paz tantas veces lo que reclama es la verdad. Dejemos de lado sospechas, venganzas. Llevamos un tiempo largo, contemplando que uno enjuicie al otro, que uno insulte al otro, que uno sospeche del otro. El arma del insulto, el arma de la mentira, son armas muy malas. Y el Señor nos pide “Respeten la verdad”. La verdad es bonita, la verdad te acompaña siempre. Por eso nos dice Jesús “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Son elementos, hermanos, que hoy frente al Señor de los Milagros, se lo queremos recordar. Señor, bendice, protege, la justicia; que la justicia sea honesta; que seamos valientes. En resumen, ese amor de Dios nos dice: “Amor con amor se paga”. Y por eso nos pide “pórtate bien”. Hagamos, como dice el himno, hagamos grande nuestro Perú, unidos todos hagamos grande nuestro Perú.

Señor de los Milagros, en este día consuela a tu pueblo que te acompaña y te espera con fe, con esperanza. A esos hermanos nuestros, enfermos, a aquella gente pobre y humilde; Señor, acércate en silencio, con cariño; hazle una caricia; devuélvele la esperanza. Tú puedes, Tú nos escuchas. Madre nuestra, Virgen María, ponemos en tus manos, ponemos en tu corazón, esta peregrinación, junto a tu hijo esperando al Papa. Que la juventud esté en el centro de esta preparación para la venida del Papa. Que Dios bendiga a todo el Perú. Así sea.