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Homilía en Misa por el Centenario de la Asociación Peruano Japonesa

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani
Misa por el Centenario de la Asociación Peruano Japonesa
Parroquia Santa María Madre de la Iglesia
Domingo 29 de octubre

Excelentísimo Señor Embajador de Japón, Tatsuya Kabutan;
Señor Presidente de la Asociación Peruano Japonesa, Sr. Jorge Kunigami;
Señor encargado de organizar este aniversario, 100 años de la Asociación Peruano Japonesa;
Queridos hermanos todos en Cristo Jesús;

Para que me entiendan bien les diré con la casi única palabra que recuerdo ‘Konichiwa’. Hoy, al celebrar estos 100 años, cuántos recuerdos, tenemos que hacer un verdadero reconocimiento de acción de gracias a Dios, por los abuelos, por los papás, por todos los que nos antecedieron en esta vida de esta fundación japonesa. Los motivos de la presencia de los papás, de los abuelos, siempre fueron llenas de trabajo, esfuerzo, dificultad; pero honrando a lo que es esa parte fundamental de la cultura del Japón, han sabido crear estos lazos de fraternidad, entre ustedes y con todos los peruanos. Soy testigo de cómo el pueblo de Japón ha estado siempre muy unido al pueblo peruano, con su colaboración generosa, con esos aspectos que señalan de manera especial la cultura japonesa: la lealtad, el respeto, la educación, el trabajo.

Por eso, muchos de ustedes pueden ser testigos de cómo Dios los ha acompañado en este camino. Por eso, levantemos a Dios el corazón, para darle gracias. Señor, has estado muy bueno con nosotros. Y muchos de ustedes han encontrado en este pueblo la fe; y han sabido acogerla, cultivarla y transmitirla. Por eso también como Pastor de la Arquidiócesis, no solo en Lima sino en el Perú entero, les agradezco el que hayan sabido transmitir la fe en sus hogares, con libertad; han sabido recibirla y transmitirla. Por eso, esta Vicaría de japoneses es una Vicaría que procura respetar ese modo, esa manera; y al mismo irla enriqueciendo con la fe.

La Carta de San Pablo nos dice “Saben cuál ha sido nuestra actuación entre ustedes -dice San Pablo- Ustedes siguieron nuestro ejemplo. Y el Señor Jesús, acogiendo la palabra entre tanta lucha, sembró esa alegría del Espíritu Santo”. Por eso, me atrevo a decir que, desde esta comunidad japonesa, la palabra del Señor ha resonado en tantos rincones del Perú. Trabajos de educación, trabajos de cultura, de canto, de baile, de comercio; tantos lugares en donde la semilla de ese trabajo honesto, de ese trabajo intenso, bien hecho, ha hecho que brote un árbol de una semilla. Recuérdenlo, en la vida nuestra qué importante es honrar la memoria de nuestros antepasados; ustedes lo tienen en Japón como algo muy fuerte, el honrar a sus antepasados. Pues hoy y aquí es una ocasión para honrar la memoria. Vinieron en circunstancias difíciles, volvieron a pasar circunstancias difíciles, pero aquí estamos unidos, en paz, amando al Perú, amando al Japón, y sembrando en sus hijos y en sus nietos esa semilla, para que también la fe sea un poco lo que el Perú les puede dar a ustedes que han dado tanto. Piénsenlo bien, no es algo solamente de festejo del día, hay algo más profundo en el alma. Ahí es donde Dios quiere bendecirlos, agradecerles y recordar a sus antepasados.

Para mí por eso es enormemente bonito y emotivo estar aquí con ustedes recordando 100 años. Como somos siempre muy sinceros, 100 años en que ha habido pruebas, soledad, dolor, alegrías, frutos, dificultad. La vida se compone como de diferentes colores, como un jardín de diferentes plantas. La vida se compone de esa dificultad, de esa alegría, de ese dolor, de ese recuerdo. Y somos todo, no somos solo eso, somos todo. Y de esa manera la fraternidad, que nos dice aquí el Señor en el Evangelio: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. Ese corazón. Donde está tu tesoro, está tu corazón. Por eso, ese corazón tan sensible de la cultura japonesa tan respetuosa, tan delicada; en ese corazón quiere Jesús habitar, bendecir, proteger, ayudar. Y nos dice, el segundo mandamiento es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Les digo que en estos mandamientos está la ley entera y los profetas.

Queridísimos hijos todos de esa tierra maravillosa del Japón, que Dios los bendiga, que la Madre Santísima de Dios los acompañe siempre, los ayude en sus momentos de prueba. Pongan en sus manos las ilusiones de sus hijos, de sus nietos. Ahí tenemos una imagen de la Virgen japonesa. Por eso le pedimos a Ella, Madre mía, acoge a estos hijos tuyos que tanto bien hacen.

Y una palabra, porque el Pastor también tiene que decirles, el Papa Francisco viene para todos, también para la colonia japonesa. Veamos, con el Vicario y con la Asociación, cómo podemos acoger al Papa Francisco, alguna cosa, no sé; lo dejo a la creatividad de ustedes, que es muy grande.

Que Dios los bendiga y que ahora en la Misa pongamos en el altar el recuerdo y las almas de todos los antepasados. El Señor los premiará y el pueblo peruano siempre sabrá reconocer la presencia, la ayuda, la hermandad, la solidaridad, que el pueblo japonés ha tenido siempre con el pueblo peruano. Así sea.