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Homilía en I Jornada Mundial de los Pobres

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani
I Jornada Mundial de los Pobres
Domingo 19 de noviembre de 2017
Basílica Catedral de Lima

Muy queridos hermanos en Cristo Jesús, hoy estamos celebrando en esta misa la jornada mundial de los pobres que ha sido instituida por el Papa Francisco, nos dice que al terminar el año jubilar de la misericordia ha tenido esta intención, recordando las palabras de San Juan: Hijos míos, no amemos de palabras, ni de obras sino de verdad y con obras. Y también estamos hoy rezando por aquellos que han fallecido con ocasión de estos accidentes de tránsito y rezando por la actividad que preside Luis Quispe Candia, Luz Ámbar para llevar con la ayuda de todos, de los policías, de los municipios, ese esfuerzo por evitar los accidentes de tránsito para respetar más a las personas.

Hoy hermanos podemos decir que todos vemos, el mundo se divide por el dinero, parece mentira pero están los que tienen y pueden acceder a la salud, a la educación, a una casa; y los que no tienen que están ahí como esperando a ver si alguien los ayuda. Realmente es una época en la que ese materialismo, el dinero, como si une se fuera a llevar a la otra vida el dinero. Hermanos la dignidad de toda persona no es a base del dinero, puede haber gente muy pobre que sea generosa, honesta y también puede haber gente muy pobre que sea deshonesta y que no sea buena persona; y también pueden haber ricos muy generosos que colaboran con la gente y ricos encerrados en su egoísmo.

El dinero es algo material que no puede ser lo que diferencia uno de otros en la sociedad, tenemos que meditar porque en el evangelio de hoy el Señor nos pone esa parábola, a cada uno de nosotros nos ha dado una familia, una inteligencia, una fe, unos amigos, nos ha dado y esos talentos cuando lleguemos al final de la vida, nos van a preguntar: oye qué hiciste con la fe que te di, con la familia que te di, con hiciste con esos hijos de tu casa, o qué hiciste con esos empleados de tu empresa, a todos nos pedirá Dios cuenta de lo que nos ha dado, que no es dinero, son los talentos.

La alegría no es problema de plata, la tristeza no es problema de plata, evidentemente el poder tantas veces está controlado por el dinero pero justamente el Papa quiere que en esta jornada todos reflexionemos realmente con mucha honestidad, cómo estamos acogiendo en nuestro corazón el amor de Dios. No tiene nada que ver con el dinero, desde el más pobre hasta el más rico podemos ser humildes y podemos acoger, recibir, agradecer el amor que Dios nos tiene, ahí arranca todo este esquema de a pobreza que el Papa nos quiere hacer pensar, cómo me siento pobre delante de Dios, rico en misericordia, porque el que se sienta: yo felizmente no soy pecador, yo felizmente no tengo problemas; ten cuidado no será que la soberbia y el egoísmo te ha cegado, le debemos todo a Dios, la vida, la fe, nuestras capacidades, la salud, todo, y con esos talentos hemos podido hacer un patrimonio, ese dinero también es para hacer bien a los demás.

Dios te dio esa inteligencia, esa familia, esa capacidad y tu las hecho rendir bien pero también Dios espera que de esos dones que te ha dado también ayudes a los demás. Por eso el Papa dice: La pobreza significa un corazón humilde, que sabe reconocer la propia condición de una criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia que no se engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón, sigue diciendo el Papa: que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como si fuera el objetivo de la vida, como si fuera la condición para la felicidad; pero si piensa de muchas veces nos encontramos rodeados de gente que no puede acceder a una salud porque no tiene los medios y si se enferma corre peligro su vida; y a veces que no puede acceder a una buena educación, a una casa, a poder tener el alimento, de todo esto estamos rodeados. La Iglesia no se encarga de resolver el problema político, económico, social, la Iglesia hoy quiere sembrar en el corazón de todos; ¿qué has hecho por tu hermano? ¿Cómo ayudas en la salud, en la educación, en la soledad, en la ancianidad? Esta no es una tarea sólo de la Iglesia es de toda la humanidad. Por eso el Papa al final del jubileo de la misericordia ha querido que hoy meditemos en esa jornada mundial de los pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en un signo del amor de Cristo por los últimos y más necesitados.

Piensa eso porque hay una pobreza en el espíritu, puede haber gente que tal vez en su soberbia, en su egoísmo, piensa que el no necesita de nadie, el pobre está muy mal, necesita que alguien le toque la puerta y le diga: despierta, pide perdón, reza, acepta tu limitación, no te creas Dios porque tu soberbia se convertirá en condena, hay gente que no tiene esa humildad para decir todo lo que tengo viene de Dios y por lo tanto vuelve a Dios.

Y la pobreza material, todo tenemos que ver cómo podemos acceder a un trabajo digno que nos permita, con el trabajo, cubrir nuestras necesidades y por eso la Iglesia más que ser un centro de beneficencia, es un centro de amor, de misericordia y a través de la acción de Caritas que es la mano con la Iglesia tiende a los niños, a los ancianos, a los enfermos, a los pobres para hacerles ver: Tu dignidad y la mía es la misma. Ojala que con esta venida del Papa al Perú nos demos cuenta, hay que poner más empeño, todos sin salirnos de nuestros sitios, cada uno tiene su lugar en la sociedad pero todos podemos dar una mano y compartir con el que no tiene y el que no tiene también puede compartir con el que tiene menos, que el Señor nos enseñe a ayudar a los demás que nuestra Madre Santa María nos enseñe, tiene que haber constantemente qué puedo hacer por los demás, quien más me puede ayudar para despertar a otras conciencias.

Como les decía también hoy estamos rezando por las víctimas que han fallecido en los accidentes de tránsito y animar a todos los que colaboran para que el tránsito sea una expresión de respeto, de orden, no podemos acostumbrarnos a ver de cómo está la ciudad con un tráfico pésimo, perdemos horas, miles, millones de horas todos; no es cuestión de quien hace una pista, todos en respetarnos también en las pistas y habrá menos tiempo que se pierde, y menos accidentes y después tendremos esta reunión con todos ustedes hermanos y hermanas que han sido invitados para compartir juntos este almuerzo como ha querido el Papa hoy en el vaticano, así sea.