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Diálogo de Fe: “Buscar la verdad y la libertad es una lucha diaria”

Diálogo de Fe
Sábado 25 de noviembre de 2018

Armando Canchanya: ¿Cómo están amigos? Muy buenos días y bienvenidos. Aquí estamos por supuesto ya empezando el programa como siempre como todos los sábados con el Cardenal Juan Luis.

Cardenal Juan Luis Cipriani: Muy bien. Con la ilusión de contarles ese momento tan bonito que tuvimos el domingo pasado con 500 personas que vinieron de lugares pobres y humildes para estar en Misa en la Catedral y luego tuvimos un almuerzo al lado de la Catedral. La verdad, como siempre ocurre, el cariño de esta gente, la bondad, la sencillez, la humildad, te hace ver algo muy importante, el Papa nos está insistiendo y creo que es un mandato de la Iglesia, de siempre: Amar al prójimo como a ti mismo. Esto que simplificaría muchos de los problemas de la vida social. Si simplemente viéramos que toda persona tiene los mismos deberes y derechos porque su dignidad es la misma, es hijo de Dios, es imagen de Dios. Si toda la sociedad viviera este mandamiento Amar al prójimo como a ti mismo. Tiene una referencia si quieres para que tú mismo puedas ser la referencia: Ámalo como te amas a ti. Ahí te está dando ya una pauta muy práctica que es muy útil para examinarse. Entonces qué se opone a ese amor al prójimo como a ti mismo. Por ejemplo, cuando toda la sociedad se analiza en base a quienes tienen dinero o no tienen dinero; sector A, sector B; y todo es una medida puramente material; cuánta plata tienes, eso vales. Eso es totalmente contrario al amor al prójimo como a ti mismo, porque es más bien el amor al prójimo por la plata que tiene; o el amor al prójimo por el acceso al poder que tiene, porque también muchas veces puede dividir a la sociedad entre los poderosos y los débiles. Todo este tipo de análisis prescinde de ese mandamiento tan bonito Amarás a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Qué bueno es Dios, qué sabiduría la de Dios, que nos da una norma para que cada uno pueda aplicarla, no te la tienen que explicar. Te dice ¿Cómo quieres que te traten? Como te tratas tú. ¿Respetas? Sí. ¿Tú quieres para ti una casa? Sí. ¿Tú quieres que tus hijos estén bien educados? Sí. ¿Tú quieres que tu esposa esté bien? Todo lo que tú deseas y cuando uno dice Quiero robar porque roban todos. Uno ve que esa igualdad de dignidad, de derechos, hace como una ley natural que está en todos nosotros. Esta Jornada Mundial de los Pobres, que el Papa ha instituido, es un paso hacia esa situación que él ve. Evidentemente, hay que tener también la claridad de decir que hay gente que por su capacidad intelectual de repente gana mucho dinero, hay gente que hereda de su familia y gana mucho dinero, hay gente que estudió en tal sitio y se preparó mejor y accede al poder; a todos ellos también hay que decirles: Esa facilidad que has tenido para estudiar o para ser más inteligente, que te ha ayudado a generar un dinero, a generar un respeto, ahora te obliga más que a los demás, porque tú tienes la obligación de ese bien común. Tú tienes una gran capacidad para generar un dinero porque eres un gran ingeniero, un gran médico, un gran abogado. El bien común toca la puerta de tu casa y te dice Oye, tú tienes obligación de ayudar más porque tienes más. Al que mucho se le ha dado, mucho se le pedirá. Son todos los mandamientos de la Ley de Dios que son de una sabiduría maravillosa. Todo esto, cuando vemos a veces situaciones oscuras, de corrupción, de investigaciones. Nos hemos apartado mucho de esa honradez intelectual, honradez moral. Lo que reconocemos todos es que somos débiles.

La libertad no es una cosa que está fijada en el bien y en la verdad. La libertad es una conquista diaria. El ser libre y hacer el bien es una conquista diaria. Buscar la verdad es una conquista diaria, cuesta esfuerzo. Me acuerdo no sé si era Juan Pablo II o Benedicto XVI, quien decía: “El buscar la verdad consume energías, supone riesgos, supone un esfuerzo permanente. En cambio, la mentira viene sola”. Todo este planteamiento, hoy al contemplar la realidad de nuestro país, uno dice: Hagamos un poco más esfuerzo, todos, yo también, en ser más leales a la verdad, en no ser tramposos, en no ser falsos. Evidentemente en la sociedad a lo largo de los siglos ha ocurrido esto. No vamos a soñar con un cielo en la tierra. No. Pero hay épocas en las que como que crece más y parecería que el mal va triunfando sobre el bien. Y no es así. Por eso, el deber del pastor, el deber de la Iglesia, es levantar más la luz y decir Podemos tener muchas faltas y errores, pero en nombre de Dios queremos recordar cuál es su enseñanza de amor, de entusiasmo, de sabiduría. Y esa enseñanza te dice Ama a Dios sobre todas las cosas y ama a tu prójimo como a ti mismo. Ahí en esos dos grandes mandamientos se condensan muchas cosas.

Y la gente con cierto desdén, con cierto cinismo, dirá Pero qué habla, si todo el mundo hace lo mismo. No, no podemos desahuciar y decir Esas son teorías, en el fondo todo el mundo tiene precio. Yo valoro mucho una virtud que es la lealtad. Lealtad es decir las cosas a tu amigo en la cara, la lealtad es no hablar mal de él a sus espaldas, la lealtad es ser fiel a la institución a la que perteneces, sea espiritual, deportiva, la que sea. Hablar de lealtad. Sé leal, cumple tu palabra. Cuando digas una cosa en la oscuridad igual se puede conocer en la luz del día. No escondas tu manera de pensar. Esto es necesario recordarlo en esta Jornada de los Pobres tan bonita que tuvimos. La gente pobre es muy sencilla, sus batallas son buscar la comida para el día siguiente, es Adónde habrá ido mi hijo que no lo veo. Pero a esa gente pobre hay que ayudarla; hay que no solamente hacer comentarios, sino ayudarla. El que tiene dinero tiene la obligación de ver cómo puede ayudar a esa gente que pasa hambre, que está enferma. El Estado es una actitud subsidiaria, es una entidad que de alguna manera junta a todos los que pagamos impuestos. Pero el Estado no es el padre. El padre es cada uno de nosotros. Uno puede tratar a esa gente humilde y sencilla con cariño. El Estado la trata como un número de una estadística, la verdad es esta. Pero nosotros que no estamos en el Estado; gente privada, sacerdotes, jóvenes, ancianos, tenemos la maravilla de poder decir, como decía la Madre Teresa de Calcuta: “Haz sonreír, esto es un gran capital”. Alivia este momento de soledad, búscalo, dale un abrazo, tócale la mano para que sienta que hay alguien a su lado, escúchalo aunque no tengas respuesta para lo que te dice, compréndelo aunque esté equivocado. Poco a poco, con cariño y siempre diciendo lo que debe hacer. No te calles. Estas cosas son las que el Papa Francisco, que cada vez está más cerca su venida, nos va enseñando desde Roma. Esa Igual dignidad para todos y por lo tanto igual respeto para todos.

Armando Canchanya: Nos vamos a ir a la pausa y justamente vamos a regresar con las palabras del Papa Francisco.


(Mensaje del Papa)

Armando Canchanya: Ahí estaba el Papa señalando esto que la Eucaristía nos libra de la muerte física y del miedo a morir, como también de la muerte espiritual que es el mal y el pecado.

Cardenal Juan Luis Cipriani: El Papa está haciendo una catequesis sobre la Santa Misa, recordándonos que los domingos hay que ir a Misa. Nos dice qué es la Misa. Es la muerte y resurrección de Cristo, es la pasión de Cristo, es un sacrificio. Estamos celebrando un momento en el que Dios muere por nosotros, por amor; y resucita para darnos la vida eterna. Más adelante dice No es un lugar para estar tomando fotos, no es un lugar para estar conversando, no es un lugar para estar discutiendo otras cosas. Estamos ante el misterio solemne de la muerte de Cristo y la resurrección de Cristo. Ese momento que es cada domingo y si puedes cada día, es como un canto al amor y a la misericordia que brotan de la cruz, no brotan de la juerga. El amor de Jesús, el perdón de nuestros pecados, la misericordia de Dios, brotan de la cruz. Yo que celebro la Misa cada día tengo que concentrarme y esforzarme, porque también puedo empezar a celebrar una Misa como repitiendo palabras, o aprovechando para dar indicaciones a los que están en la Iglesia, o para explicar las colectas que van a haber, o para tomar foto porque quiero un recuerdo. Estás en un momento muy solemne, lleno del misterio del amor y de la misericordia, el canto, la paz. Todo me lleva a decir Está Jesús en el altar, vivo, alimento de amor. Entonces este Cristo vive en mí. Amar al prójimo como a ti mismo. Que Cristo que está en ti te lleve a amar al prójimo.

Y el Papa está insistiendo mucho en esta realidad de la Misa, porque la verdad es que muchas veces la gente dice Soy muy católico, pero no van a Misa. Y nos es solamente que van a Misa, sino que no respetan la muerte y resurrección de nuestro Salvador. Decir, como si tuvieras un íntimo amigo que se muere y dices No tuve tiempo de ir, me dio flojera. O no era tan amigo o no sabes querer a tus amigos. Yo creo que si Jesús muere por nosotros, vamos el domingo a estar con Él, a pedirle su ayuda, a rezarle.

Todo esto, de manera especial, se va a celebrar este domingo que es la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Es una fiesta muy grande con la que termina todo el ciclo de la liturgia que empezó desde el momento del Adviento, cuando preparamos la venida de Jesús. Ha dado toda la vuelta y ahora estamos ya terminando, diciendo Jesucristo, Rey del Universo. Y qué dijo Jesucristo: “Mi reino no es de este mundo”. Ahí arrancó, desde el inicio de la vida de Cristo, sus apóstoles, sus discípulos, estaban convencidos que Él los iba a liberar del yugo del Imperio Romano; estaban seguros que Él era el Rey que iba a imponerse terrenalmente con el poder. Y los va defraudando. Dice Oye, no lo dejes hacer eso, yo he venido a servir. Hay que darnos cuenta que formamos parte de una vida terrena, minúscula; cara a una vida eterna, infinita. En este mundo de hoy y en esta época que estamos viviendo se ha agrandado mucho la mundanidad que dice el Papa. La dimensión terrena se ha hecho infinita. Y la dimensión eterna se ha quedado como una utopía. Ha crecido mucho lo de acá y ya casi ha desaparecido lo de allá. No, nosotros en la Iglesia hablamos de esa unidad, una sola vida, con un recorrido terreno y uno eterno. Pero una unidad. Si uno rompe esta unidad, uno está diciendo No creo en la eternidad. Y cuándo le preguntan ¿Quieres irte al cielo? El 99% dice sí. Entonces crees en el cielo, te parece una cosa buena el cielo. Entonces vive en esta tierra mirando a ese cielo. No hagas una vida de espaldas a Dios y después digas Quiero el cielo.

Armando Canchanya: Mañana, día importante, se elige la canción del Papa.

Cardenal Juan Luis Cipriani: Mañana hay un programa. En el Gran Teatro Municipal a las 5 de la tarde es la final de las 10 canciones que han sido seleccionadas de 381, que el otro día hubo las semifinales en el Parque de las Aguas. Esta ha sido una manera de hacer participar a muchísima gente de todo el Perú, no solo de Lima.

Armando Canchanya: El jurado es interesante, porque está compuesto por músicos y artistas que vienen de géneros diferentes. Eva Ayllón, Amando Portales, Pelo D’Ambrosio, Juan Carlos Fernández y el padre Miguel Ángel Vassallo.

Cardenal Juan Luis Cipriani: Es el final de una gran motivación que ha recorrido montones de lugares de todo el Perú. La gente que se ha presentado hay de Tumbes, de Lambayeque, de Trujillo, de la Sierra también, por supuesto de Lima, Lurín, Cañete. Las que he podido oír son muy variadas y con diferentes motivos. En el fondo se trata de entusiasmar a la gente para que pueda cantar, quien gane este concurso, delante del Papa. Llegamos ya al final de ese esfuerzo que se ha hecho con tanto cariño. Y creo que es una ocasión muy bonita para felicitar a todos los coros, a todos los jóvenes, a todas las parroquias, a todos los grupos, universidades, familias enteras, que se han volcado en este trabajo.

Armando Canchanya: 381 canciones.

Cardenal Juan Luis Cipriani: Yo lo que quiero un poco rescatar es que esta preparación para la venida del Papa está en ese momento bonito de ir poniendo calor en el alma. Por eso también hemos querido que esta noche, desde las 10 de la noche hasta las 6 de la mañana, va a haber una Vigilia Eucarística de la Guardia del Papa en 20 parroquias de Lima. La mayoría son jóvenes que desde las 10 de la noche van a estar delante Jesús en el Santísimo Sacramento preparando esa llegada de esta Solemnidad Jesucristo Rey del Universo y preparando también esa oración que el Papa tanto nos ha pedido. Vale la pena de manera como muy breve decir que Jesucristo me ofrece la salvación eterna, Jesucristo me ofrece una vida de lucha para superar los defectos y de entrega a los demás; me invita por el camino de las bienaventuranzas; me enseña sus mandamientos y sacramentos; y me ofrece algo maravilloso: Si no hay perdón no hay futuro. Tenemos que saber perdonar con arrepentimiento. Que Dios Todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, bendiga a sus hogares, bendiga a esa juventud. Que realmente mañana Cristo reine en sus corazones.

Armando Canchanya: Gracias Cardenal por estar con nosotros, a ustedes también.