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Testimonios
4) CASO – MAI de Chorrillos 2006
Nombre: Maria Lourdes P.F.
Edad: 26 años

5) CASO – MAI de Yerbateros 2006
Nombre: Sara Vanesa M.V.
Edad: 14 años

6) CASO – MAI de Yerbateros 2006
Nombre: Benita Q. A.
Edad: 37 años

(*)
Por seguridad,
reemplazamos
los nombres
verdaderos por
seudónimos.
 

4) CASO – MAI de Chorrillos 2006
Maria Lourdes P.F.
Edad: 26 años.

En julio del presente año me decidí a buscar ayuda, me encontraba muy confundida. El cariño, la desconfianza, la duda, la tristeza y la cólera dominaban mi vida, me sentía querida y a la vez humillada y abandonada por el hombre en quien pensé haber encontrado el amor y el afecto que nunca recibí de nadie.
 
Ya en 3 ocasiones había intentado suicidarme sin darme cuenta que dejaría sola a mi pequeña hija Daniela de 7 años, sola como yo me sentía cuando era pequeña, cuando lo único que recibía de mis padres eran cantidades de castigos, golpes, insultos y jamás una palabra de afecto, ni un beso ni un abrazo. Su frialdad y dureza eran las “mejores formas de educarme” Ahora entiendo por qué luego viví buscando ser querida y valorada por alguien;
quería sentirme importante.
 
A los 17 años conocí al padre de mi hija quien me conquistó con aquellos detalles que nunca había recibido. Creí que era la persona ideal…pero no fue así. Al estar embarazada sólo recibí maltratos, golpes, insultos, me violentaba sexualmente presionándome inclusive al aborto. A pesar de todo tuve a mi hija, pero la relación empeoró. Los dos nos agredíamos mutuamente y mi pequeña veía todo.  
 
Por tales motivos decidí alejarme de él. Pasaron 3 años e inicié una nueva relación en la cual ya tengo 2 años y medio. Al inicio todo fue maravilloso: detalles, cariños, comprensión. El desarrolló una buena relación con mi hija y yo creí que esto se podría formalizar. Me equivoqué.  
 
Fue en esta etapa que al no encontrar la respuesta que esperaba y además agobiada por los conflictos familiares cargados de violencia y abandono se generaron sentimientos de soledad, tristeza y desesperación. Perdiendo el interés por la vida, intenté suicidarme en dos oportunidades (ingerí veneno para rata) pero la rápida intervención de mi familia me salvó la vida.
 
A partir de este momento ellos se interesaron por mí y me aconsejaron buscar ayuda profesional, así como me lo habían recomendado en el hospital donde me atendieron por emergencia.  
 
Familiares y amigos me habían recomendado ir a un grupo de profesionales que trabajaban problemas de violencia familiar muy cerca de mi casa, en la capilla San Francisco de Asís, donde fui atendida por la psicóloga quien me hizo ver la importancia de mi vida y lo valiosa que era. Me derivó al Hospital Víctor Larco Herrera porque requería también de tratamiento psiquiátrico con medicinas ya que me encontraba muy deprimida.  
 
Invitaron a mi hija y a su padre porque me explicaron que también ellos requerían ser atendidos.  
 
Mi hija fue evaluada por la psicóloga, quien me informó que presentaba indicadores de riesgo (estaba muy triste, cohibida, temerosa, insegura, con baja autoestima y carecía de afecto).  
 
El padre de mi hija quería llevársela hasta que yo lograra recuperarme del estado en que me encontraba. Me negué rotundamente, tenía miedo de que me la quitara para siempre. En ese momento, la psicóloga, el trabajador social y el abogado conversaron conmigo y gracias a sus consejos pude entender que lo primero era mi salud. Decidí someterme al tratamiento ya que ellos me ofrecieron todo su apoyo.
 
El trabajador social realizó todas las gestiones necesarias para ser atendida en dicha institución, me acompañó y logró que me atendieran y regalaran medicina. A partir de ese día recibí apoyo tanto del hospital como del MAI.  
 
Mi familia y yo estamos muy agradecidos por el apoyo que se me sigue brindando semanalmente a través de las visitas, las cuales fortalecen mi recuperación. Las relaciones han cambiado en mi hogar y con mi pareja. Todos se preocupan por mí y porque tome mis medicamentos.  
 
Siento que he vuelto a nacer…pero se que esta vez no estoy sola: tengo a mi hija, mi familia, un Dios que me protege pero, sobre todo, a un grupo de amigos nuevos que sólo quieren mi recuperación y la de mi familia….  
5) CASO – MAI de Yerbateros 2006
Nombre: Sara Vanesa M.V.
Edad: 14 años.

Bueno, la primera vez que asistí al MAI (Modulo de Atención Integral), de la Parroquia Santiago Apóstol, fue para solicitar apoyo en el Servicio de Psicología, porque me sentía muy problemática. Al empezar no sabía qué decir...

Con la Psicóloga, que era quien nos atendía a mí y a mi mamita, recobré la confianza con mi madre y ella conmigo y esto cambio completamente mi vida. Aunque siempre hay dificultades, ahora podemos arreglarlos y ya no discutimos.

Como digo: Nunca hay que volver a cometer los mismos errores. A partir de lo que manifiesto, este Centro me ha ayudado mucho a mí y a mi mamá. Ya no somos las amigas que se peleaban, ahora hemos entrado en mucha confianza, pero siempre con la verdad.

Lima, 01 de Agosto de 2006

6) CASO – MAI de Yerbateros 2006
Nombre: Benita Q. A.
Edad: 37 años.


Yo, como madre, jamás imagine que algo como lo que yo pasé y estoy pasando me iba a suceder.

Soy madre de 4 hijos, el primero es de mi primer compromiso, y los tres restantes de mi segundo compromiso. Trabajo vendiendo flores en el Cementerio El Ángel- Barrios Altos. Soy como padre y madre para mis hijos.

El día que llegue al MAI (Modulo de atención Integral), de la Parroquia Santiago Apóstol, fue para solicitar apoyo con mi hijo Wence, el mayor, quien tiene 16 años y se encontraba consumiendo Terokal.

Cuando llegué y me presenté, me atendieron como si me conocieran de tiempo. Eso me dio confianza para contarles de mi problema. Al inicio dudé y no les conté toda la verdad y luego, poco a poco, les conté todo. Me dijeron que me iban a ayudar.

El Trabajador Social se ofreció a conseguirme un centro de rehabilitación para mi hijo. Luego fui con mi hijo, quien quería cambiar. Empezaron a hablarnos de las consecuencias del consumo de Terokal. El Trabajador Social nos acompañó a CEDRO para que nos informaran personas especializadas en el tema de DROGAS. De ahí derivaron a mi hijo al Hospital Hermilio Validizan, para que se pueda atender. El estuvo asistiendo pero su organismo no lo dejaba, se escapaba de mi casa aprovechando que yo trabajo, y se perdía por Chimú, con un grupo de chicos de la calle.

Una vez cayó en una batida y fue a parar a un albergue. Lloré mucho porque soy su madre. Solicité el apoyo del Trabajador Social para sacarlo. El Trabajador Social hizo gestiones para que lo dejen salir con la condición de que vuelva a su terapia

M hijo estuvo un tiempo tranquilo, pero nuevamente recayó, tanto así, que ya no quería regresar a casa. Nuevamente asistí al MAI, para solicitar ayuda, el Trabajador Social coordinó con la Comisaría de Santoyo, para que me ayuden a atraparlo y lo internamos en un Centro de Rehabilitación.

No tengo palabras, para agradecer todo lo que hicieron por mí y por hijo en el MAI. Desde ese día no he dejado de asistir, ya que tengo miedo que mis hijos menores caigan en lo mismo. La abogada del MAI, me esta ayudando con la demanda de alimentos que le entablé a mi segundo compromiso, ya que no me ayuda con nada para sus hijos.

 
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