|
Enlaces
en italiano:
::
Artículo
de Umberto Eco |
EL
CÓDIGO DA VINCI Y SUS MENTIRAS
2.
La persona de Jesús
Según
la novela, Jesús habría sido un simple hombre, un
gran sabio con un mensaje revolucionario. Pero Jesús no
era Dios. Se casó con María Magdalena, de la que
tuvo una hija y cuyos descendientes viven hasta hoy. Esta “verdad”
es la que describen los “apócrifos”, por eso
la Iglesia los persigue con tanto encono.
Este
es el mensaje nuclear de El Código Da Vinci: la negación
de la divinidad de Cristo. Con esto, se rechaza de plano la fe
de la Iglesia que desde sus inicios ha proclamado a Jesús
como Dios, y ha defendido esta fe de todos los ataques y negaciones.
La ignorancia de la novela es patente cuando dice que los “apócrifos”
enseñan que Jesús es un puro hombre y que no es
Dios, y que se casó con María Magdalena. Los “evangelios
apócrifos” pertenecen a una corriente herética
de inicios del siglo II llamada “gnosticismo”, que
profesa que Jesús, siendo Dios, no es verdaderamente hombre
(todo lo contrario de lo que afirma Dan Brown). Por otra parte,
ninguno de los apócrifos afirma que Jesús haya estado
casado con Magdalena, y mucho menos que haya tenido hijos de ella.
Es un invento del autor de la novela.
Todo
el Nuevo Testamento, escrito en el siglo I afirma claramente que
Jesús es Dios (ver Jn 1, 1; Jn 20, 28; Rom 9, 5; Flp 2,
11; Tit 2, 13 y passim). Es también la enseñanza
firme de los Padres de la Iglesia de los siglos II y III, como
San Ignacio de Antioquía, San Justino Mártir, San
Ireneo de Lyon, y de doctores como Orígenes de Alejandría
y Tertuliano de Cartago. Para la Iglesia, la divinidad de Cristo
es una verdad centralísima, presente desde los orígenes
y que ha sido revelada por el mismo Señor Jesús.
Por otra parte, tampoco en los Evangelios y en las cartas de Pablo
o en los escritos de San Juan podemos encontrar algún dato
que señale que Jesús se casó con María
Magdalena. Eso no es más que una invención y una
mentira más de las muchas que contienes esta obra. El Evangelio
es claro en afirmar que Jesús se mantuvo célibe
durante toda su vida.
Fuente:
Oficina de Pastoral, Arzobispado de Lima
|