Lima, 13 de noviembre de 2004

 
 

Importancia de la Misa está en el sacrificio a recordar,
destaca Pastor de Lima

Un esfuerzo de humildad y confianza para reflexionar sobre cómo pueden participar mejor en la Santa Misa, pidió a los feligreses el Cardenal Juan Luis Cipriani, al recordar que aunque rezan, cantan, miran y escuchan durante la celebración, “no acaban de conocer de manera práctica qué está pasando en ese momento”.

Durante el programa Diálogo de Fe, el Arzobispo de Lima reconoció que mucha gente de fe y de los colegios católicos se pregunta ‘¿Qué tiene que ver la Misa con mi vida, con mis problemas? ¿Qué hago yo parado o sentado?’, o erróneamente consideran que una Misa estuvo buena si les gustó la prédica.

El Cardenal precisó que en realidad la homilía no es el centro de la celebración y cada una de éstas tiene una importancia infinita porque en ese momento se está renovando lo que ya ocurrió, es decir que Dios Padre entregó a su Hijo Jesucristo por salvarnos.

“Se repite la muerte de Jesús en la cruz, y asistimos a un sacrificio en el que alguien está muriendo por nosotros. Él entrega su cuerpo para rescatar mi alma del pecado. Esto, tan dramático está ocurriendo en ese momento, en esa Iglesia, en ese pueblito, con ese grupo de personas”, explicó el Purpurado.

Un mandato de Cristo

En la catequesis ofrecida, el Pastor de Lima explicó que “la muerte de Cristo va unida a lo que Él nos dijo en vida: ‘Mi carne es verdadera comida’, por eso me entrega su cuerpo cuando yo comulgo y recibo el cuerpo de Cristo”.

Agregó que “junto a la renovación de la muerte de Jesús también está el ofrecimiento del alimento para cada uno de nosotros. Yo puedo comer su cuerpo. Esto va unido el aspecto de la Última Cena donde Él -enseñando el pan- les dijo a los apóstoles: Este es mi cuerpo... Hagan esto en memoria mía”.

El Cardenal Cipriani añadió que con la Misa “estamos cumpliendo con un mandato del mismo Cristo”, y agregó que desde el siglo II hay unos escritos de San Justino, que explican la Eucaristía casi igual en su orden a la que celebramos hoy.

El movimiento interior

Su mensaje estuvo relacionado al Año de la Eucaristía y en ese sentido recordó el pedido del Papa Juan Pablo II, quien ha señalado que la participación de los feligreses va más allá de los bailes, aplausos, gritos y saltos.

“Hay un movimiento interior de petición, amor, dolor, perdón, adoración y acción de gracias. Este no es con los brazos ni con las manos. Cuando pido perdón puedo agachar la vista, ponerme de rodillas, pero el movimiento está dentro de mí. Cuando doy gracias puedo decirlo pero necesita de la sinceridad”, enfatizó.

Moralidad y Legalidad

El Arzobispo de Lima fue consultado sobre los acontecimientos políticos sucedidos en los últimos días, como el juicio de Abimael Guzmán y la cúpula de Sendero Luminoso, y la derogación de la ley 20530, entre otros temas.

“Yo sólo quiero quedar en lo mío, que es la fe. Hay que distinguir con claridad la legalidad de la moralidad. El Tribunal Constitucional, el Congreso, las leyes pueden decir lo que decidan y tienen todo el derecho de hacerlo, pero la moralidad -es decir si eso es bueno o malo- no se lo pueden quitar de ninguna manera a la conciencia de cada ser humano”, remarcó.

Se mostró preocupado de que en la actualidad, la legalidad esté “constantemente introduciéndose en el campo de la conciencia de la gente”; y aunque la Iglesia acepta la independencia de los poderes y de su acción en el mundo, dijo que “no podemos dejar que la gente se engañe”.

“Aunque un Tribunal Constitucional diga que se puede matar, eso va contra la ley moral; aunque un juez determine que se puede hacer trampa o robar, no se debe hacer. Hay una moralidad que me exige ser conciente con mi propia responsabilidad”, comentó.

Asimismo, dijo que cuando se mezcla y se piensa que todo lo que la ley permite es bueno, hay una gran confusión. Ante esta situación se dirigió a los que tienen fe, recordando que “la conciencia es ese lugar donde cada uno da cuenta a Dios de lo bueno y de lo malo. La ley debe ser el reflejo del ordenamiento que Dios quiere”.

El Purpurado se mostró optimista de que se solucionen los problemas del país, “pero no de una manera ligera, en coyunturas en las que de repente sin querer se confunde el plano de la moralidad con el de la legalidad, o haciendo que se haga menos humano el ambiente”, concluyó.
   
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