Lima, 20 de marzo de 2004

 
 

Cardenal Juan Luis Cipriani
"SOLOS NO PODEMOS...
NECESITAMOS DE DIOS
PARA SALIR ADELANTE"

El egoísmo, que ha ganado terreno entre los hombres, es el gran mal de la sociedad actual al haber generado que se deje de lado no sólo a Dios sino también al prójimo, consideró el Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne durante el programa Diálogo de Fe que se emite los sábados a las 10:00 a.m., a través de RPP.

“La tragedia de la sociedad mundial contemporánea es el egoísmo que discrimina a la gente. Al que no me sirve o no me es útil, no lo necesito. El mundo está enfermo con esta epidemia que ha surgido al haberle dado la espalda a Dios”, señaló el Prelado de la Iglesia peruana,

Comentando la parábola del hijo pródigo, el Arzobispo de Lima lamentó que por el egoísmo, la reinserción en la sociedad de aquellos que en algún momento de su vida han fallado pero han decidido enmendar sus errores, sea difícil olvidando que estamos hechos para querernos y existe el perdón.

“Para ese muchacho que se da cuenta de sus faltas y quiere rectificarse, el camino está lleno de piedras, está cerrado. El nos dice: te necesito, quiero que me tomen en serio, soy una persona, pero no encuentra a nadie”, expresó haciendo un llamado a la reflexión.

Agregó que el egoísmo no sólo deja fuera de cualquier posibilidad de ayuda a estas personas, sino también “a la criaturita no nacida, que es maltratada y abortada, al anciano que está en una silla, a los reos, a los drogadictos”.

A pesar de esta situación, el Cardenal dio una palabra de aliento a los fieles, indicando que cuando el mundo vuelva a recordar que está hecho para amar a Dios y ayudar al prójimo, acabarán los problemas económicos, políticos, el terrorismo, entre otros.

“Todas estas cosas que tanto nos preocupan son fruto de que el hombre, los niños, mujeres, jóvenes y adultos, se han olvidado para qué han sido traídos al mundo, es decir para amar a Dios y al prójimo como a uno mismo”, precisó.

Jesús necesito de ti

El Cardenal Cipriani señaló que “mientras no te des cuenta que hay que dirigirse a Dios con humildad, dejando de lado el egoísmo, y diciéndole directamente: ‘Te necesito', no va a haber respuesta de El, y tampoco cambio para todos”, anotó.

Para el Arzobispo, “cambiar no está en manos de un gobernante, sino de cada uno de nosotros, levantando la mirada a Dios que es mucho más poderoso y cuyo poder se convierte en servicio de amor y fe”.

Retomando las enseñanzas de la parábola del hijo pródigo, donde el hijo menor al recibir su herencia se creyó autosuficiente y fue a malgastar su dinero, el Primado de la Iglesia peruana se refirió a la gente que tras recibir el poder y el privilegio cambia para mal.

Sin alejarse del Evangelio también recordó la rectificación del hijo pródigo cuando reconoce que ha hecho mal y ha pecado, y vuelve al Padre. “El retrato del hijo pródigo es el de cada uno de nosotros”, señaló, invocando tener mayor esperanza y fe en nuestro trato con Dios.

“Hay un momento en que todos nos damos cuenta de que necesitamos del otro. No para que nos de dinero, sino para nos quiera, escuche, perdone, aconseje, acompañe, nos cure no sólo de la salud del cuerpo sino del alma. Es precisamente cuando decimos: Jesús necesito de ti, Iglesia Católica necesitamos de ti, porque solos no podemos, necesitamos de El”, enfatizó.

El remedio está en Dios

El Arzobispo de Lima señaló que la crisis tiene una solución, y está en recapacitar delante de Dios, asumiendo cuánto lo necesita cada uno y en qué ha fallado.

Señaló que cuando con sinceridad se reconocen los errores, llega el perdón de Dios, que siempre está dispuesto a acoger a sus hijos, dándoles una oportunidad para volver hacia El, sin reprochar nada y dándoles fuerza para cambiar haciendo el bien.

En nuestra vida hay dos caminos

En el programa Diálogo de Fe, siempre recordando la parábola, el Cardenal Cipriani se dirigió a los hijos perfectos y buenos que lejos de alegrarse por el retorno y arrepentimiento del hermano, cuestionan al padre que los recibe.

“¿Prefieres ser el pecador arrepentido, o el perfecto pero egoísta que no da una oportunidad al otro? Aprendamos a ayudarnos, a querernos. Hagámoslo levantando la mirada a Dios, diciéndole: Señor te necesito”, concluyó.

 

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