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Lima, 11 de junio de 2005 |
| “El camino de Dios tiene que ser tierra fértil”, El Cardenal Juan Luis Cipriani pidió a los fieles que se conviertan en la semilla que cae en tierra fecunda y al morir da sus frutos, haciendo frente a los problemas y dificultades de la vida, recordando siempre el sacrificio de la cruz. “Suena contradictorio que la semilla muerta dé frutos, pero eso nos lleva a la reflexión. Si nosotros arrancamos la página de muerte de Jesús en la Cruz no hay frutos, no hay resurrección, perdón ni redención”, dijo a través del programa Diálogo de Fe. Al referirse a este mensaje, destacó la importancia de aceptar el sufrimiento que acompaña la vida normal de cada uno, el cual no debe ser rechazado sino asumido porque es precisamente donde se prueba la fe. “Porque creo en Jesucristo y en sus palabras, me uno a ese morir para vivir, aunque haya sufrimiento. El amor de Dios ha sido tan grande que dice: Yo no me quiero quedar lejos de tus amarguras y dificultades, por eso quiero estar a tu lado”. El Cardenal pidió reflexión a los padres de familia y a quienes colaboran en la formación de la juventud. “Tienen la obligación grande de darle a esos hijos esa tierra fértil, agradable, buena, donde puedan formar su conciencia. Afronten esa responsabilidad porque de ella daremos cuenta a Dios”. Dijo que esa tarea, como la que implica amar a Dios y al prójimo, es difícil y hasta imposible si la queremos asumir solos. “El camino de Dios es el de un Padre que quiere que sus hijos cuenten con Él. Por lo tanto, la vida de todo hombre cerca de Dios es justamente la constante respuesta a imposibles”. En ese sentido, reiteró que la vida de toda persona que quiere ser feliz, pasa por el camino de la cruz. “Ser fieles a Dios tiene la garantía de que Él está contigo pero para ello debes dejar esa soberbia de querer hacerlo tú solo”. Dios nos ama con locuraEl Primado de la Iglesia en el Perú también llamó a valorar el amor de Dios. “Él te ama a ti primero y te ama con locura, con tus defectos, con tu enfermedad, con tu manera de ser. Él te ama tanto que envió a su hijo para que con su muerte te redima”. Enfatizó que la fe nos lleva a reconocer ese amor, y a darlo a los demás “porque no se puede amar al prójimo sin amar a Dios... Él nos ha dicho que en cada uno de los hombres y mujeres está su imagen y semejanza. Por lo tanto, me dice, si tu me amas a mí, ama a lo que se parezca a mí”. Al término de su mensaje también se dirigió a los jóvenes: “Necesitamos sacerdotes, muchachos que quieran comprometer su vida, hombres y mujeres que estén dispuestos a darla a los demás para g ana rla y disfrutarla siendo verdaderamente apóstoles de Jesús. Él no te ofrece éxitos ni coronas, pero sí paz interior, alegría y la vida eterna”. |
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| [Reseña histórica de
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