Lima, 14 de mayo de 2005

 
 

“La plenitud del amor de Dios
hacia nosotros se llama Espíritu Santo”,
afirma Cardenal Cipriani

En vísperas de la Solemnidad de Pentecostés, el Cardenal Juan Luis Cipriani instó a los fieles de Lima a “escuchar la voz fuerte del Espíritu Santo”, para vivir siguiendo las enseñanzas de Cristo, como lo hizo Juan Pablo II, reflejo de Santidad.

A través de su programa, el Cardenal Cipriani recordó que el Espíritu Santo no actúa si uno mismo no le deja. “Sé obediente a los dictados de tu conciencia, a unos ratos de meditación con alguien”, instó, agregando que escuchar la voz de la conciencia y no seguirla “es un suicidio moral”.

“En el mundo de hoy, todos tienden a ser dueños y a hacer lo que quieren, con una actitud autosuficiente, soberbia y egoísta. Eso es caer en el relativismo. No quieren escuchar al Espíritu Santo que le habla hasta al más pecador”, expresó.

Ante esta situación pidió a los fieles subir el volúmen del Espíritu Santo y escuchar esa voz, que es la que guía a la conciencia, para saber por dónde ir y vivir en paz y tranquilidad.

“Aquí es importante la fe, la esperanza y el amor. La ausencia de la vida de Dios en tu propia vida es la que te hace daño. Pon en manos de Dios tu perdón, tu arrepentimiento, tu cambio. ¡Despierta de esas circunstancias!”, destacó.

Gozo por la apertura de la causa de beatificación
de Juan Pablo II

En su mensaje a los fieles, el Arzobispo de Lima también se refirió a la apertura de la causa de período de 5 años de espera establecido por el Derecho Canónico.

Mencionó que “nos da mucha alegría esta decisión de Benedicto XVI, que el mundo entero ha recibido con gozo”, pero aclaró que ahora “tiene que seguir el proceso normal, que es muy exigente, porque la Iglesia no quiere fabricar santos sino demostrar que esa persona está con Dios”.

El Purpurado confió que por la cantidad de veces que compartió con Juan Pablo II, en su opinión “fue un hombre que vivió en santidad porque se dejó guiar por el Espíritu Santo plenamente”.

“Todo lo que él hablaba, o decía lo hacía en funcion de lo que el Espíritu Santo le pedía como cabeza de la Iglesia. ¿De dónde sacaba esa paz que le daba a la gente cuando la veía, esa inteligencia para escribir con tanta profundidad, esos textos que nos ha legado, esa alegría que infundía a la juventud en todas partes del mundo, es fuerza para viajar tanto...?, interrogó.

El Primado de la Iglesia en el Perú respondió con plena seguridad que “el Espíritu Santo habitaba en Juan Pablo II”, y en ese sentido enfatizó que “el alma de la Iglesia es el Espíritu Santo... Si quitamos al Espíritu Santo de la Iglesia quedan templos vacíos pues ya no está la vida de Dios en la Iglesia”, concluyó.

   
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