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Lima, 24 de setiembre de 2005 |
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Cardenal Cipriani recuerda “Nos estamos dejando llevar por valores que no lo son, por palabras que pierden su significado” , advirtió enérgicamente el Arzobispo de Lima, llamando a los fieles a volver mirar a Cristo, ver que el acto central de Cristo es nuestra redención, es la muerte por amor, que nos amó tanto... que salió de sí mismo y se entregó plenamente a cambio de nada, porque es Dios. Durante el programa Diálogo de Fe, emitido por Radio Programas del Perú, el Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne destacó que “El sacerdote que no ha descubierto el amor es un fracaso; nunca debió ser sacerdote porque si algo es, el sacerdote, es que es un especialista en el amor”, y en ese sentido distinguió , de lo que es una debilidad de una persona y del traidor; el traidor es otra cosa, el traidor se afirma en su error y trata de imponérselo a los demás como si fuera un valor, enfatizó. TrascripciónEn esta emisora radial, ya pasó la madrugada de la información y la ampliación de noticias. Viene ahora la paz y la serenidad de hablar de Dios en un mundo en que realmente hace falta sembrar esa semilla de fe. Precisamente hoy, quería tratar de un tema que me parece muy importante. Leí alguna vez al Papa Benedicto XVI que decía: “Si el mundo no tuviera un sentido, tampoco nosotros podríamos crearlo, porque el sentido de tu vida existe o no existe”. Las personas no inventamos nuestra existencia, hemos sido creados por Dios por amor y para amar por lo que debemos tener el pleno convencimiento de que hemos nacido con un propósito en esta vida y preguntarse cada uno: ¿Cuál es la razón de ser de mí existir? ¿Adónde voy? Porque, si no sé a donde voy, me será muy difícil recibir orientación y ayuda. Veo que ahora, con frecuencia, la gente va de un lado para otro, con mucho movimiento pero sin rumbo, sin saber a donde va; convirtiendo la expresión amor solamente en una expresión de éxito. Van por unos caminos que no son solamente atajos, sino que son como engaños y nos quedamos sin nuestras principales potencias y facultades: - ¿Qué cosa es amar? Tener éxito. - ¿Qué cosa es amar? Tener sexo. - ¿Qué cosa es amor? Tener prestigio, tener dinero, tener poder. Digo esto porque a veces escucho hablar acerca del sacerdocio de manera engañosa: afirmándose “que el sacerdote solo logra su dimensión plena cuando, traicionando su vocación, fracasando en su vocación, descubre “el paraíso del amor”. ¡No! Yo creo que hay algo muy unido al amor del hombre que es la fidelidad. Fidelidad del casado, del hombre soltero, del sacerdote, de la religiosa, del hombre anciano, del hombre joven. Fidelidad, lealtad al compromiso; a la misión que tiene encomendada en el mundo. No podemos enseñarle a la gente que el amor es simplemente placer sexual, éxito ante los demás, prestigio, dinero. Vendiéndolo así, como un producto, rodeado de publicidad; hace mucho daño a la gente joven. Realmente el amor tiene bastante más de entrega, donación, renuncia, sacrificio y paciencia. Dios ha puesto el sexo en el amor, lo ha inscrito en el amor como algo bueno, obviamente, en una pareja matrimonial, hay que entenderlo así. ¿Cuantas veces uno puede o no tener éxito?, ¿Puede o no tener prestigio?. Sin embargo no por ello la razón de ser de lo qué es el amor se debe dejar en la frivolidad, en lo voluptuoso, en lo exuberante del placer y de la risotada de lo folklórico. Es decir de: - ¿Quién es más vivo?, - ¿Quién tiene la frase más ocurrente’?, - ¿Quién se presenta del modo más atractivo?. Esos “amores”, tarde o temprano, se pudren porque no es amor. Es posesión, dominio, egoísmo, imposición, abuso; tanto en el hombre como en la mujer de cualquier edad que sea y de la condición que sea. Lo afirmo también del sacerdote. Si no cumplimos plenamente nuestra misión de saber amar, y por tanto, desplegar todas nuestras capacidades de amor en el trabajo, en el esfuerzo, en el dolor, en el sacrificio, y para quienes están casados ese amor verdadero en la procreación y educación de sus hijos, entonces, la misión interna del amor se corrompe. Y es cuando vemos esas relaciones de violencia, de abuso, de injusticia. Una sociedad entera maltratada que es lo que estamos viendo. Nos estamos dejando llevar por valores que no lo son, por palabras que pierden su significado. Preguntémonos, ¿Para qué estamos en el mundo? Para amar, ¿Por qué vino Jesucristo al mundo? Por Amor. No puedo, exprimiendo todas mis pasiones, adjudicarle al amor, la posesión, la captura de todos mis deseos. Eso es simplemente lujuria, huayco o derrumbe de mis pasiones que desafían la razón de ser de mi existir. ¿Vamos a dejar que nuestra misión desaparezca? ¿Que la razón de mi vida se convierta en un intercambio económico?. Eso sería de una manera muy gráfica corromper al hombre, a la mujer, al joven. ¿Cómo hacer para recuperar el amor o esa condición del amor?La sociedad tiene que volver mirar a Cristo, ver que el acto central de Cristo es nuestra redención, es la muerte por amor, que nos amó tanto... que salió de sí mismo y se entregó plenamente a cambio de nada, porque es Dios. Esa es la matriz de lo que es el amor. Por eso no tengas miedo a la fatiga, al esfuerzo, al éxodo de salir de ti mismo, perder para ganar, bajar para subir. Esto es el centro de lo que es el amor de Dios, en Cristo, que debemos cuidarlo. Descartar planteamientos falsos con sinceridad, diciendo: Oye eso no es amor, ese deseo que tengo dentro de mí no es amor, ese deseo de poseer a esa persona no es amor, de romper esa fidelidad que me he comprometido tenerla para toda la vida, eso no es amor. El amor tiene que ir unido al sacrificio. Amar cuesta, porque el amor no es solamente chispa de un primer momento sino que supone la construcción, día a día, de un decir: Sí te quiero. No pensando sólo en nosotros mismos. Entonces, ¿cómo se puede aprender amar? Negándote a tus caprichos, a tus pasiones, acudiendo primero a la oración: - Señor Jesús, ayúdame porque se me nubla la vista con aquella mujer, con aquella persona, con aquel dinero, con aquel poder. Tengo la sensualidad despierta y como la miel se me pega todo y voy mendigando por la vida, sentimientos, afectos, sonrisas, cariños. La capacidad de amar tiene pues que ver con definir bien: ¿Cuál es tú Misión?. Tanto como padre de familia, como hijo, como sacerdote con obligaciones profesionales, políticas o deportivas. Define bien quién eres. En la medida que sepas quien eres, sabrás cual es tu misión, a quien le debes lealtad y cuales son tus legítimos vínculos. Sólo así podrás aprender a superarte, a entregarte. Solo así aprenderás a darte a los demás, inclusive sin recibir nada, pues esto es parte del aprendizaje del amor. Recordemos lo que Juan Pablo dijo: “que en el Reino de los Cielos, la única jerarquía será la del Amor” y San Juan de la Cruz: “que al final de nuestros días seremos juzgados por el Amor”. Dando verdadero amor, te será posible desplegar tus capacidades, trabajar mejor. Si juegas fútbol jugar mejor. Sí periodista, el mejor periodista. El amor quita lo que te desvía por pasión, por egoísmo, que solo te brindará placer momentáneo de una media hora o de cinco minutos (como cuando uno toma demasiado licor y viene luego “la resaca”). Ese falso amor siempre trae tristeza, desánimo, depresión, frustración, en el fondo traición a ti mismo. El mundo de hoy ha cambiado el significado de amor. Simplemente le llama amor al disfrute de las pasiones o a la sensualidad del dinero y del poder político o al culto, tantas veces exageradas, de las comodidades, o de la comida o del licor. Todo eso es un maravilloso medio que si se convierte en un fin será un trágico fin. Es pues muy importante que las cosas estén en su lugar, tener la ilusión de servir: a mis hijos, a mi familia, en mi trabajo honesto y sin maltratos pues si nos encontramos entre egoístas la vida se vuelve muy complicada, violenta, sin paz social, ni desarrollo familiar. Todo este campo en el que nos desenvolvemos nos lleva a decir: ¿Por qué no contemplar a Cristo en la Cruz? Él es la fotografía final de Dios hecho hombre, que pone como título: Esto es Amor, amar hasta el final. No hay dos amores iguales, no hay. No hay nadie que pueda amar por mí en vez de mí. Eso es intransferible. Con esa ley fundamental desarrolla tu vida como el grano de trigo que si no muere no da fruto, tal cual lo vemos en la Cruz de Cristo. Y constantemente decirle a Jesús, enséñame esa asignatura ese curso del amor. Porque cada uno tiene un camino que es imposible que lo recorra otro. Es esencial descubrir que al mundo de hoy le falta el sol del verdadero amor y le falta descubrir el fantasma del amorío, trampa que puede ser puramente posesión, placer, lujuria y que ha llevado a que el mundo esté parcialmente oscuro. Encontramos incluso que surgen, algunas comentarios un poquito exótico de los sacerdotes “que descubrieron el amor” (son cuatro gatos que escriben una carta). Y no son más que el fracaso del amor. El sacerdote que no ha descubierto el amor es un fracaso; nunca debió ser sacerdote porque si algo es, el sacerdote, es que es un especialista en el amor. ¿Por qué? Porque se ha casado con el Amor, que es Dios. Dios no es una idea, yo no he entregado mi vida ni me casado con una idea, sería tonto y absurdo. Yo no me enamoro de un templo, de una construcción, yo no vivo entregado a Dios por un catecismo. ¡No!, Si no por una persona viva que es Cristo, una persona que me ama, que me conoce, que me escucha, que está presente por el Sí de una mujer: María. Es un Amor tangible, decir que son amores platónicos, es de ignorantes. El Amor de los Amores es Dios, Él es el creador del amor, Dios es amor. Sin embargo, con ellos toda nuestra cercanía; apoyo, colaboración, palabra de aliento porque entregaron su vida a Dios y sin embargo no pudieron ser fieles; pero no podemos decir que ese camino que pretenden abrir sea un camino hacia el amor. En la Iglesia, preferimos hablarlo de una manera discreta y en privado, pero, cuando se pretende hacer un comentario trivial “de sacerdotes que descubrieron el amor” tenemos que hablar claro. Por tanto, un sacerdote de la Iglesia debe ser siempre un reflejo de lo que es el Amor. Debe ser un defensor del verdadero amor y cuando uno ve que se corrompe el amor, que se prostituye el amor, tiene que levantar la voz para decir están engañando, están “vendiendo gato por liebre”,eso no es amor, es amorío, es pasión desenfrenada. Es una situación dolorosa del tiempo moderno, pero tengamos esperanza, en Dios, ese sol que es la alegría de vivir en el amor, y esto requiere de una lucha diaria. Yo distingo mucho entre lo que es una debilidad de una persona que puede fallar, que puede tener momentos difíciles, que al tener circunstancias familiares complicadas pudo flaquear, caerse. Con todos ellos nuestra cercanía, nuestro amor, nuestra entrega. Pero distingo todo ello, del traidor; el traidor es otra cosa, el traidor se afirma en su error y trata de imponérselo a los demás como si fuera un valor. Es la diferencia entre Pedro y Judas. Pedro cae, Pedro niega pero llora, reconoce, traiciona, luego se recupera y es el primer Papa. Judas lo mismo, traiciona, vende, pero le entra la soberbia y el desaliento, y dice no tiene arreglo, mi vida está perdida, y se suicida. ¡No vayamos por el camino de Judas, sino por el de Pedro¡ No somos un club de perfectos pero tampoco debemos dejar que se cambie el sentido de los que es la vida. Debilidades y tropiezos los que uno quiera pero si uno juró amor a su mujer, a su marido es para toda la vida. Si uno juró amor a Dios en esa entrega sacerdotal es para toda la vida. Un filósofo francés, Marcel, decía una frase que tiene mucho contenido: “El amor es una pugna contra la muerte, te amo significa me niego aceptar tu muerte, protesto contra la muerte”. Por eso, fíjate lo bonito que debe ser para cualquiera de nosotros, encender más la luz del amor. El Papa Juan Pablo II escribió: “amando a los demás descubriréis el sentido de la vida”. Pues bien, ese camino nadie lo puede recorrer en tu lugar, no se trata de decir más frases, de escuchar más teorías. Hay cosas en la que la experiencia personal es la única que te puede llevar al encuentro del amor: Acércate a Cristo, Él es maestro del amor. Él es el que me dice: “el que quiere venir conmigo que se niegue a sí mismo”. Niégate, hombre, a esas pasiones, a esos piqueos que no son amor sino amoríos, a esa lujuria que en tantos momentos del día nos meten cada hora. No estamos en el cielo ni estamos escandalizados, estamos en la tierra, somos humanos pero no dejemos que esa juventud viva esa confusión, que siendo la familia tan bonita, esos hijos sufran al ver esos padres que no son fieles. Miremos y ayudemos a tanta gente que está en la soledad, a veces, en el hospital, a veces en una situación de cárcel, en una situación de violencia no encuentre el amor porque se ha confundido a la gente en la realidad de lo que es el amor. Yo creo que ahí hay una tarea muy bonita, pendiente de saber: - que la debilidad es diferente a la traición, - que la ignorancia es diferente que la soberbia, - el perdón es diferente que la claudicación, - el amor es diferente que poseer, - la felicidad es diferente que el éxito, Cuando hay amor la vida es realmente una maravilla por eso creo yo que Jesús hoy más que nunca y el Papa Benedicto XVI nos está diciendo descubramos la belleza de una vida cristiana en la que hay sacrificio, hay dolor, hay entrega y por eso hay la felicidad del amor. Hermanos para todos construir día a día es afirmación de la entrega a Dios, cada uno en su lugar, cada uno en su propia situación, vive esa experiencia. Fíjate que de esa manera encontraremos el gozo, muchas veces el progreso y el éxito, y sobre todo la paz en nuestra conciencia, pero no tengamos la cobardía de llamarle amor a cualquier desenfreno, a cualquier juerga a cualquier mentira. Los saludo, mis hermanos y quiero pedirles a todos muchas oraciones. El Papa nos ha convocado al Sínodo de Obispos que tratará sobre la Eucaristía. Nos reuniremos alrededor de 200 a 250 Obispos, prácticamente, durante todo el mes de octubre. Para este mes les recuerdo que el Señor de los Milagros estará junto a nosotros y ustedes unidos al Santo Padre rezando para que este Sínodo de Obispos sea realmente un momento de gozo, de paz y una manifestación de amor a nuestra madre la Iglesia, y a Jesús en la Eucaristía. |
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