Lima, 29 de enero de 2005

 
 

El momento más sagrado y sublime de la Misa
es la Eucaristía, recordó Monseñor Carlos García

La Misa es el sacrificio y a la vez la acción de gracias que el cristiano realiza en función de su encuentro con Dios, recordó el Obispo Auxiliar de Lima, Monseñor Carlos García, calificándola como “el principio de la evangelización, a donde todos debemos llegar”.

Durante el programa Diálogo de Fe, dedicado a la catequesis sobre la Eucaristía, el Prelado señaló que este sacramento debe ser “celebración y adoración para aprender a contemplar este mundo con fe, valorando cada día el sacrifico de Dios por los hombres”.

“Jesús reúne a sus amigos en la Última Cena, donde les entrega lo más preciado: su cuerpo y su sangre. Es un misterio que debemos mirar en esa doble realidad, en lo que pasa el Jueves Santo y el Viernes Santo –cuando Jesús se inmola, se entrega por nosotros; y luego el Sábado cuando resucita, triunfando sobre la muerte. Eso significa la Eucaristía”, señaló.

Un acto de fe

En el mensaje que dirigió a los peruanos, el Obispo destacó la importancia de la fe, necesaria para creer en el Misterio de la Eucaristía, donde el pan y el vino se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo.

“En el pan y en la copa de vino, hay una sustancia, es decir la esencia, que no la vemos; y un accidente: la forma (olor, color que tienen). Durante la Eucaristía ese pan y ese vino son reemplazados por la misma presencia de Cristo. Es un cambio de sustancia”, explicó Monseñor Carlos García.

Explicó que Dios mismo, por su promesa, hace cumplimiento a una realidad que se hace necesaria para la vida del cristiano, que implica mantenerse firme en su fe y sobretodo lúcido y claro en su caminar hacia Dios.

“Esa Transubstanciación, como se le denomina, no la ves, pero con las palabras que se pronuncian en este momento, se vive la fe. En ese momento todos los creyentes se arrodillan porque es el momento más sagrado y sublime de la celebración eucarística. Esa transformación es un milagro, un acto de fe”, agregó.

La Eucaristía nos fortalece

Al hacer referencia al Año de la Eucaristía, el Obispo recordó que este Sacramento nos concede la gracia de la fortaleza, para no perder de vista que vamos hacia Dios.

“Dios se hace alimento para que no nos perdamos en el camino de la vida, frente a tantas dificultades, momentos de oscuridad, que Él sea siempre nuestra fuerza, y no perdamos las ganas de vivir para la eternidad”, enfatizó.

Al hacer esta reflexión, el Prelado también dijo que el gozo del cristiano empieza aquí en la tierra cuando sabe hacia donde camina, y tiene como etapas los sacramentos, iniciándose con el Bautismo.

“En el caminar de la vida, el hombre puede ser feliz de acuerdo a su fin. La meta que los cristianos tenemos no es una invención humana, es un regalo de Dios y por eso su palabra nos la recuerda: quien come mi carne, bebe mi sangre, tiene vida eterna, lo que va más allá de la muerte”, expresó.

Dios nos invita a contemplar

En esta catequesis, el Obispo Auxiliar de Lima, también destacó la importancia de la Comunión, que exige respeto, preparación y deseo profundo de encontrarse con Dios.

Ante la actitud de algunos fieles, quienes critican a otros precisamente por comulgar, Monseñor Carlos García enfatizó que “no podemos juzgar a las demás personas. Antes de observar y criticar, Dios nos invita a contemplar. Eso no significa apartarse del mundo sino mirar con fe lo que pasa y ayudar a los demás”.

Destacó que “por eso la Gran Misión Remar Mar Adentro intenta ir corrigiendo esos corazones que a veces, equivocadamente, se acercan a comulgar sin prepararse. No significa sacarlos de la Iglesia, sino decirles: sé más sincero, y formarles”, indicó.
   
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