Lima, 4 de noviembre de 2006

 
 

La vida es más amor, verdad, alegría y perdón

“Si no hay justicia, no hay desarrollo, paz, crecimiento y posibilidad de que el país vaya adelante”, afirmó el Cardenal Juan Luis Cipriani durante el programa Diálogo de Fe.

El Arzobispo de Lima manifestó que en nuestro país el nivel de injusticia y abuso es muy alto. La justicia sigue tendiendo un componente de odio, persecución y maltrato muy fuerte. “La vida no consiste en quien gana o quien pierde, la vida es más amor, verdad, alegría y perdón”.

Señaló que la Iglesia no es un ente político, pero que sí tiene un profundo interés en la comunidad política cuya alma debe ser la justicia.

Por otro lado, afirmó que actualmente tenemos dos agendas o dos maneras de vivir. La del agnóstico -una postura que está de moda en el mundo- y la del creyente.

Indicó que la agenda del agnóstico, del que no cree en Dios y en la vida eterna, es una agenda intolerante que quiere imponerlo todo, donde la verdad se decide por mayoría, en la que se busca a la opinión pública para imponer sus ideas, y se habla de democracia, de diálogo y tolerancia, cuando en realidad mienten para confundirnos.

“La agenda del agnóstico es relativista y por lo tanto es no tener moral”, expresó. “De ahí que el desafío de la agenda del creyente es el diálogo y la tolerancia, pero en la verdad”, afirmó.

Sostuvo también que la vida política no debe regir la vida espiritual de los seres humanos. “Debemos abrir esa otra agenda que propone la familia, la escuela, las costumbres sanas en la calle. Los medios de comunicación que respeten la verdad y el bien, el deporte como medio de distracción y cultura, la política como búsqueda del bien para las grandes mayorías en la verdad”.

“No nos dejemos llevar por lo inmediato”

El Pastor de Lima afirmó que hay una obsesión por lo inmediato. “Nos llenamos de preocupaciones inmediatas y caemos en los “valores” de los agnósticos como son por ejemplo: la búsqueda del dinero, del placer, de la comida, del poder, y del éxito”.

“Todo esto es importante, pero no se puede convertir en algo total que nos cierre a la vida eterna, son simplemente medios, ya que el fin para el creyente es la felicidad de una familia, el sostenimiento de un empleo y de un trabajo, y el entendimiento entre sus miembros”, añadió.

Al concluir, el Cardenal Juan Luis Cipriani, puntualizó que “la educación, el acompañar a los enfermos, el perdonar y el rezar para el creyente, es trascendental; porque procura hacerlo delante de Dios que lo ve y lo conoce, mientras que, para el agnóstico, eso es cuestión personal o es problema de otros. Por esta razón, el desafío del creyente es más bonito que el del no creyente”.

   
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