Lima, 27 de diciembre de 2008

   
 
   
 

Cardenal Cipriani reflexiona sobre la juventud

A pocos días del Año Nuevo, el Cardenal Juan Luis Cipriani, en su programa Diálogo de Fe del sábado 27 de diciembre aprovechó para conversar sobre la juventud. Allí planteó que el gran desafío de los jóvenes es adquirir su propia identidad.

“El amor es fundamental en la madurez de la juventud. En el momento que el joven entienda que cuando se ayuda a los demás se afirma como hombre y como mujer, empieza a descubrir la grandeza de su personalidad”, añadió.

El Cardenal Cipriani mencionó que había que aprovechar el idealismo de la juventud para canalizarlo hacia el voluntariado, donde dejamos de mirar que tenemos y lo que nos falta y empezamos a mirar a los demás.

“Esta mirada hacia los demás permitirá a los jóvenes organizarse para asistir al enfermo, ayudar a un compañero de trabajo, a un niño, a un anciano y brindar la catequesis a gente que necesita recibir esa formación”.

El Pastor de Lima pidió ayudar a la juventud a tener una estima en la que si se esfuerzan les va ir bien, en la que puedan apoyarse en los padres y amigos; y, de esta manera, se afirme su autoestima, su personalidad y su carácter.

Ante la moda actual de buscar el no esforzarse y perder el tiempo por las calles, el pandillaje, y la droga, el Arzobispo de Lima invitó a los jóvenes a revelarse ante esta moda degradante.

“En la actualidad, cuando la ausencia de los padres en la casa aumenta y el ambiente del barrio ha desaparecido, quien educa desafortunadamente a los jóvenes es la televisión, el Internet y el grupo de “amigos” o la patota”, expresó.

Por otro lado, el Cardenal Cipriani manifestó que si estamos con Dios no hay motivo para estar de mal humor, para no tener tranquilidad y no ser optimistas. “Hay que ser optimistas en Él (Dios) y no en el dinero, en lo material u otras cosas efímeras”, dijo.

“La lucha que todos los días tiene que hacer el ser humano es por mejorar las condiciones de su propia dignidad. Pero si la lucha por un alimento, por la salud, por la vivienda y el trabajo es dura, será mucho más dura si no tenemos fe en Dios”.

“Un hombre sin fe, con los mismos problemas, un ser humano que no cree, que se siente solo y choca con todos, se convierte en la oscuridad. Por eso, te animo a encender tu luz, a tener paz interior, a comportarte bien delante de Dios, a orar y a luchar para ir mejorando tu vida”.

“El destino del hombre es luchar, por amor a Dios, hasta el último instante”, concluyó el Arzobispo de Lima.

   
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