- Ante las recientes declaraciones públicas del Señor Obispo Emérito de Chimbote debemos pensar que la crítica que hace, aparecida en todos los medios de comunicación de Lima, sobre la homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, responde al desconocimiento del texto de la misma. Emite un juicio ajeno a la verdad y atenta contra la honra del Señor Cardenal. El bien de la Iglesia nos obliga a hacer esta aclaración de manera pública.
- Comprendemos y disculpamos fraternalmente, de todo corazón, a Monseñor Bambarén, en el afán siempre vivo de insistir en la necesaria unidad de la Iglesia, en la verdad y la caridad de Cristo, recordando las recientes palabras del Santo Padre Juan Pablo II: “Hacer de la iglesia la casa y escuela de la comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo” (Novo Millenio Ineunte, n. 43).
- Las palabras del Cardenal Cipriani, que expresan la natural preocupación del Pastor ante la crisis institucional que sufre el país, son un eco fiel de lo señalado por la Conferencia Episcopal del Perú, cuando dice: “La política es el servicio que prestan las autoridades para beneficio del bien común. La corrupción de esa noble labor de preocupación por los demás ha conducido a la búsqueda de dinero mal habido, de burla de las instituciones, de escarnio de las leyes, de contravención del orden natural en las prácticas de control natal, y el consiguiente descenso delrespeto al principio de autoridad entre la ciudadanía. El pueblo de Dios se ha desengañado ante el mal comportamiento de sus líderes, desilusionado ante la falta de valores morales entre sus gobernantes (…)” (“Perú, cultiva los valores”, cfr. 34; Lima, 6/01/03).
- El Arzobispado de Lima considera oportuno precisar a la feligresía que la homilía del 18 de julio pasado del Señor Cardenal versó sobre la segunda lectura del Domingo XVI del Tiempo Ordinario, en la que el apóstol san Pablo escribe a los colosenses (1,24-28), diciéndoles que “ha querido Dios dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria”. Glosó entonces el Señor Arzobispo la cita de la Escritura, comentando que Dios nos dice cuál es nuestra tarea, qué debemos hacer en la Iglesia. Y continuó recordando la epístola de san Pablo, en el siguiente pasaje: “Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo”.
- La segunda parte de la homilía se basó en el Evangelio del día, que se refiere a la vida activa de Marta y la vida contemplativa de su hermana María (Lc 10, 38-42). Es una escena bíblica que la Iglesia usa para recordar la necesidad de trabajar por Cristo y de rezar a Cristo, objetivos complementarios de cualquier cristiano que busca la santificación de su vida en su trabajo de cada día. Ante la queja de Marta porque su hermana no la ayuda en las tareas domésticas, el Señor replica: “María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán”. El Cardenal, después de leer esa sentencia de Cristo, añadió: “Estando con Cristo hablamos la verdad; estando con Cristo, vemos la esperanza; estando con Cristo, exigimos nuestros derechos y cumplimos nuestros deberes; estando con Cristo, aunque tengamos dificultades, tendremos una paz interior muy grande, que nadie nos va a quitar”.
- Ante la proximidad de las Fiestas Patrias, terminamos este comunicado recogiendo unas palabras de la homilía del Cardenal Cipriani, del 28 de Julio del 2001, que continúan teniendo plena vigencia: “Hermanos, nos toca vivir un tiempo difícil y, por ello, apasionante. El país reclama de todos un suplemento de patriotismo que nos lleve a reconocernos como parte de la familia de los hijos de Dios”.
[ Ver texto completo de la homilía ]
Oficina de prensa del Arzobispado de Lima
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