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Al iniciar este Año Nuevo, quiero saludar a cada uno de ustedes, lleno de agradecimiento, por el generoso trabajo desplegado en la preparación de la “Gran Misión Mar Adentro”. Con los ojos del alma fijos en la Eucaristía, meditemos las palabras del Santo Padre Juan Pablo II: ¡Caminemos con esperanza! El Hijo de Dios, que se encarnó hace más de dos mil años por amor al hombre –y que acabamos de contemplar con tanta ternura en la Navidad- realiza también hoy su obra. Hemos de aguzar la vista, en la oración y meditación de la Palabra revelada, para verla y sobre todo, tener un gran corazón para convertirnos nosotros mismos en sus instrumentos (Cfr. Novo Millennio, n. 58). Las Comisiones Episcopales de las tres grandes Vicarías nombradas e instaladas han desarrollado la capacitación de los Formadores de Animadores de la Misión en las Escuelas Vicariales. Ahora todas las Parroquias de la Arquidiócesis de Lima han nombrado su Equipo Misionero Parroquial para impulsar las Escuelas Parroquiales de formación de animadores de la Misión. Es muy importante, como les recordaba, que cada parroquia tenga un equipo operativo y de animación sectorial (cfr. pp 23-27 del Documento “Etapa de Preparación”). Las Escuelas Parroquiales fieles al mandato misionero deben estar impregnadas del “mismo entusiasmo de los cristianos de los primeros tiempos. Para ello, nos recuerda el Santo Padre, podemos contar con la fuerza del Espíritu Santo que fue enviado en Pentecostés y que nos empuja hoy a partir animados por la esperanza que no defrauda (Rom. 5,5). Levantemos el corazón al Señor con alegría y soñemos con planes apostólicos que lleguen a todos los rincones de nuestras parroquias y a todas las personas de nuestra Arquidiócesis. Por ello es vital convocar en cada parroquia, por lo menos, a unas 100 personas de todas las edades y circunstancias –religiosos, fieles laicos, jóvenes, adultos, solteros, casados, profesionales, gente sencilla, etc. – para que, con don de lenguas, se preparen bien con el estudio, la oración y una vida de piedad auténtica y así lleven la Buena Nueva de la Palabra de Dios siendo testigos vivos de Cristo con eficacia y responsabilidad. Además de este esfuerzo parroquial, existen muchos otros caminos por los que cada uno de nosotros camina en esta Gran Misión. Tenemos diversos Movimientos; personas dedicadas al apostolado de la salud en los hospitales; profesores de enseñanza escolar y universitaria; una variadísima cantidad de situaciones que van desde aquellas personas en el mundo de la cultura, de los medios de comunicación, del deporte, del mundo laboral, etc. Cada uno, y de la manera más adecuada, debe sentirse comprometido en ser sal y luz en esta Gran Misión, utilizando los métodos y expresiones más adecuadas a sus circunstancias. En la Iglesia hay lugar para todos y debemos promover esta llamada a la santidad a esa inmensa mayoría de personas que se encuentran con Cristo en sus hogares, en la asistencia a la Misa dominical, en su trabajo habitual. Un mínimo de coordinación es necesario realizar. Para ellos están las tres Comisiones Episcopales. La Comisión Central de la Gran Misión está preparando el siguiente Documento –atendiendo a sus sugerencias canalizadas a través de las Comisiones Episcopales- que les ayudará después de esta etapa de preparación a emprender la misión propiamente dicha. Por ello les recuerdo que, con tiempo, tengan al día la información que les permita enviar la Ficha de Evaluación de esta Etapa Preparatoria en el mes de marzo (cfr. Documento “Etapa de Preparación”, pp. 29-31). A mi querido antecesor Santo Toribio de Mogrovejo, Patrono de la Gran Misión, que con inmenso sacrificio e incansable ardor evangelizó nuestra tierra; a Santa Rosa de Lima, a San Martín de Porres, a San Juan Macías y a San Francisco Solano acudo para que intercedan por esta tierra en donde ellos alcanzaron la santidad. Muy queridos hermanas y hermanos, imitemos la intrepidez del apóstol Pablo “Lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para alcanzar el premio al que Dios me llama desde lo alto, en Cristo Jesús” (Filip. 13,14). No se me ocultan las dificultades que tenemos, pero el Señor está con nosotros y nos acompaña en esta Gran Misión la Santísima Virgen, “Nuestra Señora de la Evangelización”. El rezo del Santo Rosario hará maravillas con todos nuestros planes. Les renuevo mi agradecimiento y les imparto a todos mi bendición, encomendándome a sus oraciones. Lima, Solemnidad de la Epifanía del Señor del año 2004 Juan Luis Cardenal Cipriani |
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