MENSAJE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL PERUANA
POR EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER
"MUJER, CORAZÓN DE LA FAMILIA"El siglo pasado fue testigo de un fenómeno lleno de luces y sombras: la reivindicación social de la mujer. La justicia de la causa es innegable si miramos la situación que tuvieron que enfrentar las mujeres para alcanzar presencia en diversos ámbitos de la vida social. Es esta misma justicia la que nos lleva a no cerrar los ojos a una serie de propuestas ideológicas que suelen alentar detrás de muchas de las iniciativas del feminismo pasado y actual. En el caso peculiar del “feminismo de género”, se opta por destruir todo lo que se opone a su visión distorsionada de la realidad. Así no es raro ver y oír expresiones feministas en las que se denigra a las mujeres que son esposas y madres porque se sostiene que la maternidad y el matrimonio son dos instrumentos de dominación masculina. Declaraciones de este tipo expresan una profunda intolerancia tan condenable como la que genera el machismo en la vida social. Por esta razón, si queremos construir una sociedad de verdad más justa y reconciliada, es necesario reconocer que la familia es la célula básica de la sociedad y que en ella la mujer, como esposa y madre, tiene un papel fundamental e irremplazable. No es exagerado llamarla “corazón de la familia” ya que la mujer que se realiza como persona, esposa y madre, se convierte en el núcleo que hace posible la vida familiar en toda su riqueza. Esta vocación al matrimonio y a la maternidad, no puede ser tergiversada en su sentido, más bien debe ser tutelada y protegida por los organismos civiles pertinentes. Nada de esto significa menospreciar a tantas mujeres que se realizan en la soltería por su vocación de servicio o por cualquiera otra situación personal. Mucho menos es un intento de reducir la vocación a la realización personal de la mujer a ser madre y esposa sino más bien reconocer que ambos aspectos son parte fundamental del aporte de la mujer en la construcción de una sociedad más humana. Vaya finalmente nuestro profundo reconocimiento y homenaje a todas las mujeres que con su trabajo y entrega, muchas veces heroicos, hacen de la vida humana algo digno de ser vivido porque es un signo del infinito amor de Dios que quiso nacer de una Mujer que con especial firmeza y ternura supo decir SÍ a la vida, SÍ al Plan de Dios, SÍ a la dignidad humana de hombres y mujeres, SÍ a la familia. Comisión Ad-Hoc de la Mujer |
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