Reflexiones de la Doctrina Social de la Iglesia
en Seminario Internacional
El Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne participó en un seminario de la realidad social de América Latina, donde llamó a recuperar la bandera de lo que es la Doctrina Social de la Iglesia, y a ponerla en práctica de una manera puramente católica. Transcripción completa Muy buenas tardes. Permítanme saludar al doctor Luis Bedoya Reyes, a la doctora Lourdes Flores, a los señores ex presidentes del Uruguay y de El Salvador; al representante de la institución alem ana . A todos ustedes un saludo muy cordial. Lo primero que quiero decirles es que no voy a ser muy riguroso con el título de la conferencia porque pretender lo que piensa la Iglesia de Latinoamérica es un poco fuerte. Más bien me voy a enfocar a algunas reflexiones de la doctrina social, relacionadas a la acción política y económica. En primer lugar, me refiero a la economía libre y a la Doctrina Social de la Iglesia en América Latina. La realidad social de América Latina se caracteriza por la diferencia entre el nivel de vida de la clase vigente política, de la clase empresarial, de la clase profesional, y de un nivel de vida de los pequeños empleados, obreros y campesinos. Es un contraste que supone un desafío muy grande para los gobernantes en América Latina, reflejada en esa famosa brecha de la que todos hablan y que nadie cierra. Bueno pues, Juan Pablo II, en la Centesimus Annus, nos dice: Durante mucho tiempo las relaciones económicas más elementales han sido distorsionadas. Frente a esa realidad cruel, se siente la necesidad de una paciente reconstrucción material y moral, mientras los pueblos extenuados por largas privaciones piden a sus gobernantes logros de bienestar tangibles e inmediatos, y una adecuación satisfactoria de sus legítimas aspiraciones. Es decir, hay un hecho en Latinoamérica con diferentes matices que son las enormes diferencias económicas. A esto agrego algo: cuántas veces el pensamiento cristiano se ha sentido tentado de hipotecar su doctrina a ideologías de –vamos a decir- izquierda materialista, ajena a sus principios de fe. Ésta es una situación que a veces sorprende en cómo personas que han militado dentro de la Doctrina Social de la Iglesia, encuentran ese otro éxito cuando se ponen debajo de palabras –vamos a llamar de la izquierda- distorsionando lo que aprendieron dentro de la Iglesia, y cambiándolo un poco para que tenga más acogida. Es una paradoja porque son cuadros mayoritariamente cristianos. Los líderes políticos no conocen la doctrina cristi ana . No hay tantos partidos que puedan tener un cuerpo de doctrina. Creo, por eso, que una de las grandes dificultades que tal vez, desde el punto de vista de la Iglesia, me atrevería a señalar, es la falta de estudio de la Doctrina Social de la Iglesia. Esta paradoja nos lleva a situaciones como pueden haber sido revoluciones, revanchismos, terrorismos. En algunos casos hemos encontrado que para algunos –por decir- el enemigo de la economía libre, no era la hoz y el martillo, sino la cruz. Yo hablo con mucha claridad de lo se llama la teoría de la liberación. Hay que decirlo con claridad: esta corriente coge el aparato crítico de la filosofía marxista promoviendo la lucha de clases, adornada con ciertas citas de la Sagrada Escritura, y tiene un éxito arrollador. Mi llamado es a recuperar la bandera de lo que es la Doctrina Social de la Iglesia y a ponerla en práctica de una manera puramente católica. Viví en Ayacucho 10 años, en medio del terrorismo de Sendero Luminoso, he podido estar de cerca en lo que era una lucha violenta por la ausencia de políticas sociales aceptables, muchas veces incentivadas por algunos ingredientes de “catolicismo”. Eso es lo que a mí me impacienta mucho: una especie de complejo para defender la doctrina extraordinaria en su maravillosa variedad de aplicación, sin el temor de ser calificado de tal o cual modo. No son épocas de temores. Basta ver con qué rapidez un partido como el socialismo español, acaba de realizar burda maniobra antinatural, antihistórica, y un caballero muy conocido en la literatura que espera -según dice- que esto sea una señal para Latinoamérica. ¡Qué vergüenza!. ¿Dónde está la firmeza de principios? Seguimos mendigando popularidad porque nos parece que nuestro producto no es bueno. Los animo a que estudien más a fondo esta doctrina social que es realmente impresionante. El libre mercado es una institución socialmente importante. Tiene una función de instrumento insustituible, de regulación dentro del sistema económico. Pero simultáneamente pone en evidencia la necesidad de sujetarlo a necesidades morales que aseguren y, al mismo tiempo, circunscriban adecuadamente de espacio de su economía. Ese contrapeso se llama deuda interna y deuda externa, la agenda social y la agenda económica. El hombre no es un compartimiento de agendas. No decimos que ni el capitalismo ni el socialismo invaden lo que es la integralidad del ser humano. Por eso cuando se habla del libre mercado, no tengamos complejo. Tiene la necesidad, en su misma dinámica, de poner ese límite que está marcado por aspecto morales y que tiene que ver muchas veces con el desarrollo social. Constatamos que sin la empresa privada no hay mercado libre. Juan Pablo II llamó economía de empresa a la economía libre, porque quiso subrayar que la economía la hacen los hombres emprendedores y los empresarios; mientras recordaba paralelamente que los trabajadores son la causa eficiente de trabajo productivo de la sociedad. La economía debe ser obra de hombres libres y responsables. El libre mercado no puede juzgarse prescindiendo de los fines que persigue ni de los valores que transmite a nivel social: la utilidad individual del agente económico, la utilidad social debe procurarse, no en contraste sino en coherencia con la lógica del mercado. De esta manera la sociedad se orienta al bien común y al desarrollo integral del hombre. Fíjense que partidos con planteamientos socialistas, ajenos a lo que podríamos decir libre mercado, tienen la audacia de asumirlo plenamente para tener recursos, y sin embargo, imponen su agenda cultural, destrozando a la familia, al matrimonio, a los principios más elementales como es el derecho a la vida. Viven del dinero del mercado para imponer sus agendas que destrozan al ser humano. Hay ejemplos muy conocidos, como España: un modelo medi ana mente original a lo que es el mercado, y una agenda moral totalmente ajena a lo que es la doctrina de la Iglesia. La historia enseña que el orden económico libre estimula la veracidad, la creatividad, la credibilidad, la laboriosidad, etc. El canciller alemán Konrad Adenhauer entendió que la economía de mercado había que aplicarla en la realidad pública, bajo los criterios de la doctrina social cristi ana . El resultado está a la vista del mundo. En el desarrollo de Europa, hay que ser demasiado cínicos para no querer aceptar las raíces cristi ana s de su desarrollo. Es muy fácil borrar la historia y quedarse con el producto terminado. Yo creo que en Latinoamérica todavía nos falta una mayor firmeza para proclamar estos principios en la diversidad que siempre es buena recordar, que no es una ideología sino los principios de la Doctrina Social. Paso ahora a referirme a un segundo aspecto que es la acción de los cristianos en la vida pública. Todo cristiano que actúa en la vida pública debe tener en cuenta que en la acción cotidi ana está presente la tentación de actuar con un relativismo moral que va cediendo en una y otra cosa, dando la sensación de liberar de una obligación imposible de cumplir, como si para subsistir fuera inevitable transgredir las normas morales. Este relativismo moral que el Papa actual califica de una “tiranía o dictadura”, es uno de los grandes desafíos que el pensamiento cristiano tiene por delante en Latinoamérica. En Europa prácticamente ya perdió la batalla. En eso no tenemos ningún complejo. Estamos muy orgullosos de no haber perdido la batalla todavía. Los europeos piensan que como todo viene de acá, llegará aquí. Bueno, pongamos todos los medios para que ese relativismo no llegue de la mano del capital. ¡Que se queden con su capital!. Seamos más duros y firmes. Ese capitalismo que viene con sorpresas no lo queremos. Preferimos ser pobres y dignos a ser pescados de este planteamiento inmoral y agresivo que va extendiéndose por Europa de una manera preocupante. Creo que Latinoamérica todavía tiene las fuerzas necesarias para sujetar ese intento. Ese es un gran desafío. La gente ve con enorme ilusión que haya gente dispuesta a jugarse por esos principios que en el fondo son los que defienden a la persona hum ana . No le dejen a la jerarquía de la Iglesia dar normas sobre temas opinables como ecología, impuestos, inversiones. No es el lugar para que los Obispos den clases a nadie. Hay principios de Doctrina Social, pero la jerarquía no se pronuncia sobre esa libre decisión que tienen ustedes, de la variedad de formas que esa doctrina puede poner en práctica. En Latinoamérica hubo una generación muy importante de estas personas dispuestas a darlo todo. Tal vez mi ignorancia me lleva a pensar que está faltando la continuación de ese mismo nivel. Fue gente que en su nivel profesional destacó, en su vida personal vivió una coherencia con sus principios, luchó, venció y fue vencida. Es un ejemplo que debemos imitar. Brevísimamente, voy a enumerar algunos principios que ustedes conocen mejor que yo: - El principio de autoridad, es fundamental para el desarrollo de la economía y de la política. Ese principio obliga al estado a definir un marco jurídico apto que regule las relaciones económicas para que de alguna manera quede vigente el derecho de igualdad. A veces partidos muy lejanos al principio del libre mercado, como los del socialismo, se atreven a fijar normas jurídicas estables para atraer la inversión, a lo que los partidos que defienden esa doctrina tienen temor. A nadie se le ocurre modificar las normas, sin embargo su atropello a la persona hum ana es una cosa grotesca. Cuando hablamos de principio de autoridad hay algo que merodea permanentemente a América Latina y es la corrupción política. Esta permanente corrosión que sufre la política en Latinoamérica hace que fracasen verdaderos proyectos políticos, que la gente pierda esperanza en la posibilidad de un desarrollo. La corrupción política se llama en palabras muy sencillas: pecado, aunque lo pongamos en palabras sofisticadas como lobby, chantaje, coima. En el fondo es sacar ventaja fuera de la ley. Una cultura que permanentemente saque ventaja de la ley, hace que la esperanza de nuestros pueblos decaiga constantemente. Esa corrupción política se da en todas las latitudes. Ese círculo vicioso exige la presencia en todos los partidos políticos, de una moral y ética para decir: esto está bien, esto está mal, esto es trampa. No cambiemos de lenguaje. Vayamos al enfrentamiento con ese cinismo que paraliza al mundo de hoy. No digamos la Iglesia, sino cada uno dentro de su responsabilidad. Evidentemente, no se nos ocurra pretender que la solución viene por la lucha de clases, por el comunismo o por planteamientos como los que Venezuela y Cuba aplican, los que hasta ahora no nos explican resultados. Dentro de 10 años, dejan deshechos esos países, como ocurrió en Perú con el general Velasco, porque no hubo una revolución como Dios manda, a un ritmo más rápido. No es justificable. No es un peligro que sea inmediato pero no es el camino. . El principio de subsidiaridad, que es tan importante, y nos hace ver que justamente esa libertad en la actividad económica tiene como problema el centralismo, la concentración del poder político y económico, es decir la falta de un tejido social que permita que los partidos políticos no sólo estén en el aspecto de la cámara de diputados o senadores, sino también en colegios profesionales, actividades deportivas, culturales. Es decir, la sociedad como tejido para que un gobierno no pueda penetrar y romper la sociedad tan rápido. No hay densidad en el tejido social porque el principio de subsidiariedad no se aplica. La doctrina social de la Iglesia ilumina el modo a través de su principio iluminador. . El principio de solidaridad. Todavía hay una desproporción muy grande entre el beneficio económico y la distribución de riquezas. Todos manejan las cifras a su antojo, pero sólo reaccionamos ante el bloqueo de carreteras, ante el riesgo de una revolución popular, ante el incendio de un local. Creo que lo que nos corresponde como Doctrina Social de la Iglesia es darle una vuelta más a la exigencia de solidaridad. No es dar lo que sobra sino dar lo que es justo. Si no damos la vuelta nosotros, viene el socialismo y se ríe de nosotros. Defendamos una cultura de mayor ayuda para los que no tienen. . El principio de participación, es uno de los más importantes y base de todos los ordenamientos democráticos. La docencia política y el estudio de la ciencia política –y no el pragmatismo inmediatista- hará que la participación se extienda, hayan cuadros políticos más amplios. Entonces podrán participar de una manera más eficaz. Pero si no hay docencia política, estudio en el caso de los principios que la Doctrina Social de la Iglesia Católica promueve, sino que son rating en las encuestas, alianzas a precios inaceptables, entonces dónde queda mi principio, mi identidad. Si uno se empapa bien de estos principios de la doctrina social, tiene criterio para hablar de regionalización, de distribución de impuestos, de tratamiento de capital privado, del marco jurídico estable, de políticas monetarias, de libertad de la persona, de obligación y derecho de los padres de educar a sus hijos, del respeto al matrimonio como cédula fundamental, y a la familia... podemos también desarrollar esa agenda que no rinde, pero que es fundamental: el factor humano. Por eso la participación se hace muy importante. En el año 2003, los Obispos del Perú hicimos un documento “Perú, cultiva los valores”. Decíamos: el pueblo de Dios se ha desengañado ante el mal comportamiento de sus líderes, se ha desilusionado ante la falta de valores morales entre sus gobernantes. Se ha desconcertado ante la información tendenciosa y maliciosa de algunos medios de comunicación, apenado por el maltrato de los más débiles y necesitados. Los valores políticos han dado paso a los antivalores del abuso del poder político para la propia rapiña. Volvemos al relativismo moral. Otro aspecto que me parece importante señalar es la cultura de la sospecha y la promoción de odio como sistema permanente bajo aquella frase: Olvidar jamás. El perdón es esencial para la vida hum ana . Evidentemente no estamos hablando de abrir las cárceles y de que no se juzgue a nadie, pero es curioso cómo se admite que el odio, la venganza, el envenenamiento de la convivencia pacífica, es un motor de la democracia. Francamente yo no comparto en absoluto sino mas bien recuerdo que el perdón y la reconciliación son elementos fundamentales para poder ir adelante en un régimen democrático. Si no hay perdón no hay convivencia pacífica. No dejemos que palabras que reflejan valores y actitudes, las estén vaciando de contenido como si fueran planteamientos cobardes. No nos dejemos chantajear por un lenguaje que no refleja la realidad de la riqueza de lo que supone el perdón y la reconciliación. Existe entonces una intensa labor de formación. Hay una tarea importante de conocer bien los principios que la Iglesia brinda. No nos dejemos invadir por ese relativismo agnóstico que pretende trastocar la sociedad a través de la manipulación de principios. Creo que si no se defiende del relativismo, el sistema democrático no se consolidará en América Latina. Es necesario que el mercado y el Estado actúen concertadamente, con una mejor distribución de la riqueza y no de la pobreza. Un último tema es la complejidad del tema económico mundial, como el TLC, que hace que la misma comunidad internacional asuma la responsabilidad de generar instrumentos políticos y jurídicos que respeten un intercambio armónico y justo. Ello porque las fronteras nacionales ya se rompen. Creo que también es una obligación presentar una plataforma desde Latinoamérica, para que la comunidad internacional de alguna manera asuma su rol subjetivo y ayude. En la medida en que cada país egoístamente pretenda llegar a un acuerdo, perderemos la fuerza que tiene Latinoamérica como mercado y como productor de muchas materias primas. Con esto he querido señalar los puntos negativos que a mi parecer es necesario corregir. Muchas gracias. Lima, 01 de julio 2005 |
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