Organizado por el Consejo Pontificio de la Cultura
Lima, 03 de Julio del 2006

 

PALABRAS DEL CARDENAL JUAN LUIS CIPRIANI THORNE EN LA INAUGURACIÓN DEL “PRIMER CONGRESO CONTINENTAL DE HISTORIA CULTURAL DE LA IGLESIA EN AMÉRICA LATINA”

Agradezco muy cordialmente la invitación para decir unas breves palabras en la inauguración de este Encuentro promovido por el Consejo Pontificio de la Cultura al que asisten miembros de los diferentes países de Latinoamérica.

Saludo a Monseñor Bernard Ardura O. PRAEM. Secretario del Consejo Pontificio y le ruego transmita un especial recuerdo afectuoso al Señor Cardenal Paúl Poupard, Presidente del Consejo Pontificio que, por motivos pastorales propios de su trabajo en la Santa Sede, no ha podido estar presente.

Mi saludo también a Monseñor Adriano Tomasi OFM, Obispo Auxiliar de Lima y Presidente de la Comisión Episcopal de Educación y Cultura de la Conferencia Episcopal del Perú, anfitrión de estas jornadas.

A todos, bienvenidos a esta Arquidiócesis de Lima que los recibe muy gustosamente.

El tema que los reúne abordará la Historia Cultural de la Iglesia en América Latina, lo que me permite hacer unas reflexiones puntuales, no necesariamente con relación al mismo, pero sí al ámbito del Consejo Pontificio de la Cultura.

El mundo actual está viviendo un profundo y acelerado proceso de transformación cultural en el que el derrumbe de las ideologías políticas ha arrastrado al pensamiento cultural a una suerte de planteamientos efímeros, secularizantes, pragmáticos y sumamente peligrosos para el presente y futuro de la civilización cristiana.

Quiero señalar, en primer lugar, que destaca en este hecho la crisis antropológica que manipula el concepto de persona humana y pretende imponerlo. La crisis se expande rápidamente debido, principalmente, a los avances tecnológicos en la comunicación. Por ello también debemos considerar con detenimiento este nuevo “escenario cultural de la comunicación”.

En segundo lugar, quiero recordar que toda cultura se expresa, habitualmente, a través de signos, siendo el principal de ellos, la palabra. Hoy contemplamos el constante intento de confundir el significado de las palabras cambiándoles su contenido de manera abusiva; contemplamos que se pretenden establecer leyes utilizando esta confusión de los conceptos que se expresan en las palabras, para determinar comportamientos aberrantes y contrarios a la naturaleza creada; descubrimos una verdadera estrategia planetaria contra la Iglesia Católica desde los llamados “cenáculos del pensamiento” sean las Naciones Unidas, la UNESCO, la OEA, la Unión Europea y muchos otros que invierten grandes cantidades de dinero y lobby.

Se establecen acuerdos entre países, muchos de ellos de raigambre e historia de cultura católica, queriendo alejar los conceptos de la ley natural de la vida de la sociedad dejando todo en manos de consensos “tolerantes, pluriculturales y otros adjetivos” llenos de un cinismo que Juan Pablo II denunció ante las NN.UU.

Nos preguntamos ¿Qué está pasando?, ¿Qué debemos hacer como Iglesia al servicio del hombre, de la sociedad, de la civilización y de la cultura?, ¿Qué espera Cristo de nosotros hoy y ahora?

Enormes desafíos y apasionantes respuestas. Se requieren espíritus superiores que llenos de un profundo amor a la Verdad que es Cristo, imbuidos de una identidad católica que los lleva a amar a la Iglesia, actúen con profunda preparación profesional en los diversos aspectos del saber para rescatar este siglo XXI recién estrenado y ponerlo nuevamente en el camino de la verdad. Espíritus fuertes y audaces que emprendan, no sólo estudios y propuestas siempre indispensables, sino también acciones concretas y constantes en este esfuerzo por acompañar al Santo Padre Benedicto XVI puesto providencialmente por Dios a la Cabeza de la Iglesia para estos tiempos.

Los animo a que, al contemplar períodos de nuestra Historia y al conocer mejor a las personas y santos que la protagonizaron, llenos de optimismo y esperanza, emprendan estas Jornadas como un verdadero servicio de apostolado a la Iglesia. Que la Virgen María, Asiento de la Sabiduría, los acompañe en estos días de intensa vida fraterna.

 
 

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[Peregrinación por las Iglesias de Lima]
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