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COLECCIÓN NUEVA EVANGELIZACIÓN Nº 3 CARTA PASTORAL Para
que tengan vida Lima, 4 de abril de 1999
Prólogo El domingo 4 de abril de 1999, solemnidad de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, Monseñor Juan Luis Cipriani Thorne, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, dio a conocer su primera Carta Pastoral, dedicada al primer derecho humano, el derecho a la vida. "Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10). Estas palabras reveladas resumen el núcleo de esta Carta Pastoral, dice el mismo Arzobispo al inicio del texto. Y exclama: "¡Formemos nuestras conciencias de acuerdo al Evangelio de la Vida!". Esta Carta Pastoral recoge el magisterio pontificio sobre el respeto sagrado a la vida humana inocente, con una referencia constante al matrimonio y a la familia: "La familia cristiana es el lugar donde los esposos enriquecen su trato con Dios en la entrega mutua de amor, de servicio, de sacrificio, de preocupación por la felicidad terrena y eterna del otro". El diario El Comercio reseña la Carta Pastoral: "Una vigorosa y cerrada defensa de la vida y de la familia como una institución básica de la sociedad hizo el Arzobispo de Lima y primado del Perú". El diario El Sol, por su parte, informa que difundió una Carta Pastoral en defensa de la vida, el matrimonio y la vigencia de los valores morales de la sociedad peruana. La República señala "su profundo rechazo a las políticas de esterilización y planificación familiar con métodos artificiales, así como su permanente compromiso con la defensa de la vida, expresó el Arzobispo de Lima". Y el diario Gestión recoge estas palabras del Prelado: "Si todos, por encima de discrepancias políticas, de opiniones y de encuestas, acogemos con serenidad este mensaje de la Iglesia -que es pro familia, pro educación y pro defensa de la vida- podremos encontrar justicia, desarrollo, libertad, paz y felicidad". La gran acogida que de inmediato ha tenido esta Carta Pastoral nos mueve a editarla ahora para cubrir toda la demanda de los fieles, con esta colección popular. Javier
Dextre Uzátegui
1.- Me dirijo a todos los fieles de la Arquidiócesis de Lima, en primer lugar a los sacerdotes, religiosas y religiosos; y asimismo a los laicos, para considerar juntos, al celebrar la llegada de la solemnidad del Domingo de Pascua de Resurrección del Señor, Dios de la Vida, algunos aspectos centrales del mensaje de la Iglesia, hoy y ahora. "Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia" (1). Estas palabras reveladas resumen el núcleo de esta Carta Pastoral. Desde el día en que Nuestro Señor Jesucristo resucitó entre los muertos, los cristianos conmemoramos este magnífico acontecimiento de la historia de la salvación, porque la vida nueva iniciada con la celebración de los misterios pascuales debe perpetuarse durante la existencia de cada una y de cada uno de nosotros. Ya san Pablo recordaba a los primeros cristianos que Dios, Nuestro Señor, "está siempre vivo para interceder por nosotros" (2). 2.- Los fieles cristianos, habiendo recibido el sacramento del Bautismo, buscamos conocer el rostro del Señor, resucitado y glorificado, deseando tener cada día un encuentro con Él, en primer lugar en la oración y en los sacramentos, y además en todas las circunstancias concretas y ordinarias de nuestra vida en la tierra: en la familia, el trabajo, la escuela, la universidad, el deporte, la cultura, la política, la economía; con salud o enfermedad; niños, jóvenes o gente madura. Al descubrir la presencia de Dios en el mundo y en el interior de nuestra propia alma, nos preparamos para ser testigos vivos de Cristo. Este es el desafío que hoy se nos presenta: mostrar a Cristo, que quiere pasar al lado de cada uno de nosotros, sus hijos adoptivos por la gracia. Es con nuestro buen ejemplo de cristianos, es decir, con nuestra fe hecha vida en todos y cada uno de los ambientes en que vivimos, trabajamos, descansamos, sufrimos, como seremos "sal, luz y levadura" (3). 3.- Así podremos dar testimonio de su mensaje salvífico en la familia, en el trabajo y en la sociedad, porque el Señor nos ha enseñado que "no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y de verdad" (4). Es el camino de la nueva evangelización, que es "nueva por su ardor, en sus métodos y en su expresión", como dijo el Santo Padre Juan Pablo II en Haití (5). EL EVANGELIO DE LA VIDA 4.- La Buena Nueva, el Evangelio del Padre, el Verbo hecho Carne, ¡Jesucristo!, tiene un contenido lleno de vida y esperanza: "El Evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús. Acogido con amor cada día por la Iglesia, es anunciado con intrépida fidelidad como buena noticia a los hombres de todas las épocas y culturas" (6). 5.- Durante más de dos décadas, el Papa Juan Pablo II ha predicado por todo el mundo el Evangelio de la Vida, con una energía incansable, porque "amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual, y sobre este presupuesto pretenden no sólo impunidad, sino incluso la autorización por parte del Estado con el fin de practicarlos con absoluta libertad y además con la intervención gratuita de las estructuras sanitarias" (7). 6.- Los cristianos somos personas llamadas a confirmar el valor de la vida humana y su carácter inviolable, secundando la exclamación firme del Vicario de Cristo: "¡Respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a toda vida humana! ¡Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad!" (8). 7.- ¿Qué tenemos que hacer para ser fieles al Evangelio de la Vida, que es el Evangelio de Jesús? Es el mismo Señor quien nos contesta: "Si quieres entra en la vida, guarda los mandamientos". El quinto mandamiento nos ordena "no matar". El aborto, las píldoras abortivas y los sistemas de control de natalidad artificiales atentan contra la vida. No podemos cerrar los ojos antes estos hechos que se pretenden justificar con excusas que no son ni científicas ni éticas. No podemos separar las consecuencias morales de nuestros actos en esta vida terrena de nuestro destino eterno. 8.- Debemos vivir una unida de vida cristiana ahora, en nuestro caminar por el mundo, dentro del Iglesia católica, sabiendo que para llegar a la alegría de la Resurrección, debemos pasar por el sacrificio de la Santa Cruz y el esfuerzo por llevar un estilo de vida conforme a los dictados de nuestra conciencia, rectamente formada. Es el Espíritu Santo que, actuando en las almas de los bautizados y, con más fuerza en los confirmados, nos habla en nuestro interior indicándonos dónde está el bien y dónde está el mal. Es el mismo Jesucristo que nos dijo que convenía que Él se fuera al Padre para enviarnos un Consolador (9). 9.- Además, la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, ha recibido en custodia el depósito de esta Revelación y es Ella la que, como Madre, con su Magisterio nos alerta y ayuda para seguir los mandatos de nuestra conciencia. El Papa Paulo VI, como guardián y mensajero del Evangelio, dijo al mundo que la Iglesia era "experta en humanidad" (10). ¡La Iglesia es experta en humanidad, porque enseña la doctrina de Cristo, unido a su cabeza, el Vicario de Cristo! que tiene, como decía san Pablo, "solicitud por todas las iglesias" (11) y a lo largo de los siglos, con el estudio y la investigación, con la fe y la esperanza de la asistencia del mismo Dios no ha dejado siempre de ser una firme defensora del primer derecho humano, es decir, el derecho a venir al mundo de todos los concebidos desde el primer instante de la concepción. ¡Gracias, Madre Iglesia, por defender la vida en estos tiempos en los que el egoísmo de los poderosos pretende reducir los nacimientos, provocar esterilizaciones, realizar abortos y promover la muerte anticipada de los ancianos! 10.- El mensaje de la Pascua de Resurrección está cargado de un contenido de vida y esperanza: la Iglesia nos ofrece la gracia de los sacramentos, que nos alimentan espiritualmente para llenar nuestro corazón con el amor de Dios. Solamente así iluminamos nuestras inteligencias para entender los misterios de la vida sobrenatural y comportarnos como mujeres y hombres de fe. Una fe que comienza con la defensa de la vida humana, porque cada una y cada uno es solidario con los demás seres humanos en ese don maravilloso de la vida, regalo gratuito de Dios. UNA CRUZADA DE HOY 11.- El Concilio Ecuménico Vaticano II convocó a todas las personas de buena voluntad, hace ya varias décadas, para una cruzada que hoy se hace más necesaria que nunca, enseñándonos una doctrina destinada a formar en nosotros una conciencia recta: "Todo lo que se opone a la vida, como los homicidios de cualquier género, los genocidios, el aborto, la eutanasia y el mismo suicido voluntario; todo lo que viola la integridad de la persona humana, como las mutilaciones, las torturas corporales y mentales, incluso los intentos de coacción psicológica; todo lo que ofende la dignidad humana, como las condiciones infrahumanas de vida, los encarcelamientos arbitrarios, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; también las condiciones deplorables de trabajo en las que los obreros son tratados como meros instrumentos de lucro, no como personas libres y responsables; todas estas cosas y otras semejantes son ciertamente oprobios que, al corromper la civilización humana, deshonran más a los que los practican que a quienes padecen la injusticia y son totalmente contrarios al honor debido al Creador" (12). 12.- Lamento muy especialmente la ofensa al Creador "cuando el atropello del derecho a la vida es ejercido contra los más inocentes de todos, los recién nacidos y los no nacidos" (13). Pero ese dolor por la falta de solidaridad de algunos no nos hace olvidar que la defensa de la vida humana en una misión absolutamente contraria a toda confrontación. Es, más bien, una misión de paz, para alimentar las inteligencias y los corazones de los hombres y de las mujeres, con el fin de fortalecer en ellos una cultura de vida. 13.- Debemos, en primer lugar, acudir a Dios con confianza. El rezo del Santo Rosario, el acudir con frecuencia al sacramento de la Penitencia, el recibir el Cuerpo de Cristo con el alma limpia. Además, esforzarse, por ejemplo, sabiendo privarse de mirar y deleitarse en espectáculos inmorales que, en ocasiones, son promovidos por los medios de comunicación de modo irresponsable. Una educación integral de la persona humana, primera responsabilidad de los padres, no del Estado, que la ejerce sólo de modo subsidiario y en total armonía con los padres. Vivir de modo más austero, eliminando los gastos superfluos y promoviendo la cultura de la solidaridad. Esto exige el desarrollo de la virtud de la valentía para no callar y para no colaborar con esos atropellos contra el valor más sublime que Dios nos ha dado: la vida humana. 14.- La solidaridad exige que todos -sin condición- participemos en una campaña seria de educación integral -no sólo sexual, porque lo sexual está dentro de la dignidad de una persona, ni como si fuera un "algo mecánico" que debemos aprender a usar- y al mismo tiempo reconozcamos que el orden moral es la dimensión correcta de enfocar el tema. Quienes trabajan en la delicada labor de los medios de comunicación y los profesores de escuelas y colegios deben ser protagonistas de esta cruzada para rescatar la dignidad de la persona humana, desde su niñez. Por supuesto, el Estado tiene la obligación, desde su lugar, de buscar el bien común de todos. EL DON DE LA VIDA HUMANA 15.- La meditación sobre la vida en la tierra nos lleva al inicio de la historia de la humanidad. "Dios hizo brotar en el jardín del Edén toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar, y en medio del jardín el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal" (14). Dios Creador dijo a nuestros primeros padre que comieran de los árboles del paraíso, pero que no lo hagan del árbol del bien y del mal. Pero la primer pareja humana cayó en la tentación y comió porque "el árbol era bueno para comerse, hermoso a la vista, deseable para alcanzar por él sabiduría" (15). 16.- Surge así el primer pecado original, el Señor castigó a la humanidad, diciéndole: "Con dolor darás a luz a tus hijos" (16) y "con el sudor de tu rostro comerás el pan" (17). 17.- Una vez expulsada la primera pareja del jardín del Edén, puso el Señor un custodio para "guardar el camino del árbol de la vida" (18). El misterio de estas palabras de la Biblia nos sobrecoge. La lectura de este pasaje nos pone ante los ojos la tragedia actual en la que el hombre, en nombre de la ciencia, quiere se como un "dios" manipulando los genes humanos, destrozando los embriones, degenerando el papel de la mujer-madre y alquilando vientres o probetas para intentar "apropiarse" de la vida. Los primeros capítulos del libro del Génesis, pues, nos hacen ver la grandeza del Creador y la pequeñez de la criatura. Este sentimiento de humildad se complementa con el sentido de filiación divina. Somos como niños -sus hijos pequeños- delante de nuestro Padre Dios. 18.- El Señor nos da la vida y Él dispone el tiempo para que nosotros, con su ayuda, podamos merecer ir al Padre con nuestras buenas obras. En pocas palabras, en el corto espacio de tiempo de nuestra vida en este mundo aspiramos a la eternidad y felicidad de habitar con Dios Uno y Trino. En esos pocos o muchos años que vivimos en esta tierra, decidimos, con la ayuda de la gracia, el destino eterno, sea de felicidad junto a Dios, sea de trágica condenación en el infierno. Porque "al morir cada hombre recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular por Cristo, juez de vivos y de muertos" (19). Y si bien "las almas que creen en Cristo constituyen el Pueblo de Dios después de la muerte" (20), los que están imperfectamente purificados "sufren una purificación después de la muerte" (21), mientras que los que no han querido arrepentirse de sus pecados se enfrentan "a la triste y lamentable realidad de la muerte eterna, llamada también infierno" (22). 19.- Frente a la Palabra de Dios, ¿Cómo podemos nosotros jugar con el don divino de la vida? ¿Cómo podemos pretender "corregir" los designios de Dios? ¿Cómo podemos caer en la tentación de engañarnos, pensando que Dios "se equivocó" al crear de una determinada manera la naturaleza humana? ¡Qué engreídos estamos, cuando pensamos en "enmendar" la providencia maravillosa al autor de la vida! ¡Qué locura la nuestra cuando abusamos de la libertad humana para rebelarnos contra la voluntad de Dios! 20.- Porque "sólo Dios, el Bien Supremo, es la base inamovible y la condición insustituible de la moralidad y, por tanto, de los mandamientos, en particular los negativos, que prohiben siempre y en todo caso el comportamiento y los actos incompatibles con la dignidad personal de cada hombre. Así, el Bien Supremo y el bien moral de encuentran en la verdad: La verdad de Dios Creador y Redentor, y la verdad del hombre creado y redimido por Él. Únicamente sobre esta verdad es posible construir una sociedad renovada y resolver los problemas complejos y graves que la afectan" (23). 21.- De ahí que la Iglesia eleve su voz de protesta cuando el hombre se ha rebelado contra los designios divinos, como hizo el Papa Paulo VI para defender la vida humana: "El problema de la natalidad, como cualquier otro referente a la vida humana, hay que considerarlo, por encima de las perspectivas parciales de orden biológico o psicológico, demográfico o sociológico, a la luz de una visión integral del hombre y de su vocación, no sólo natural y terrena sino también sobrenatural y eterna" (24). 22.- El Señor nos pide que amemos esta vida que nos ha otorgado como un don precioso. Tanto, que ha dispuesto que la gocemos en libertad. A nosotros nos corresponde escuchar la conciencia, usar rectamente la inteligencia, disponer la voluntad mediante el ejercicio de las virtudes para seguir el camino recto y cultivar la afectividad de nuestro corazón para amar a nuestro Dios con alegría. Todos los amores humanos rectos son bendecidos por Dios, que envía su gracia para que los cultivemos adecuadamente, los acrecentemos con ilusión y perseverancia, los miremos siempre con esperanza y nos demos generosamente a los demás con desprendimiento, ya que el amor no es otra cosa que la capacidad de entregarnos a los demás sin pensar en nosotros mismos. PLENITUD EL AMOR HUMANO 23.- La Sagrada Escritura afirma en el primer libro del Antiguo Testamento: "Procread y multiplicaos y bendecid la tierra" (25). Así, pues, vemos que Dios, al ver cumplidos sus designios, bendice el matrimonio y el nacimiento de cada hombre y de cada mujer. He predicado desde la catedral ayacuchana -que tan vivos recuerdos trae a mi alma-, a propósito de este mandato divino, que "la Iglesia sabe que ha recibido la misión especial de custodiar y proteger la altísima dignidad del matrimonio y la gravísima responsabilidad de la transmisión de la vida humana. La participación singular de los esposos en el misterio de la vida y, por lo tanto, en el misterio del amor de Dios mismo, ha sido objeto de amplísimo estudio por parte del magisterio de la Iglesia durante muchos años, actualizándose constantemente día a día, con la ayuda del Espíritu Santo, con la ayuda de gente muy preparada en todas las ciencias, muchos de ellos esposos con la experiencia del matrimonio" (26). 24.- La Santa Sede, el 24 de noviembre de 1983, publicó la Carta sobre los derechos de la familia, que enseña que "los esposos tienen derecho inalienable de fundar una familia y decidir sobre el intervalo entre los nacimientos y el número de hijos a procrear, teniendo en plena consideración los deberes para consigo mismos, para con los hijos ya nacidos, la familia y la sociedad, dentro de la justa jerarquía de valores y de acuerdo con el orden moral objetivo que excluye el recurso a la contracepción, la esterilización y el aborto" (27). 25.- El tema de la natalidad debe abordarse con la seriedad que reclama el sacrosanto respeto a la dignidad de una vida inocente. "El diagnóstico demográfico de las naciones debe ser fruto de un estudio integral no manipulado por encuestas facilistas. Para quien tenga una chispa de fe o se precie de ser un observador atento y responsable, la doctrina de la Iglesia debe ser, por lo menos, objeto de una valoración serena y, en cualquier caso, de respeto. No caben los insultos, las bajezas, los escritos llenos de ironía. No bajemos el nivel de personas civilizadas. Hay detrás de este problema un enorme clamor de una mejor educación que empieza en el hogar y debe continuar en el colegio. No le tengamos miedo a ese reto. 26.- Bienvenida la moralización en este terreno del abuso del sexo y del abandono de los niños. Existe la ciencia moral, para estudiar el comportamiento humano de modo integral. No se trata de opiniones a favor o en contra. Se trata de estudiar con seriedad la enorme crisis de los valores morales; de los abusos en la conducta sexual, especialmente contra la mujer, de la crisis de valores en las familias, que conduce a tantos divorcios; de ese 64 por ciento de los nacimientos que desde hace décadas se producen en este país fuera del matrimonio; de la enorme ausencia actual de valores en la juventud; de la falta de moralidad en algunos diarios y programas de televisión. Hay que estudiar esas anomalías sociales y analizar sus efectos, para comprenderlos mejor y ponerles remedio. 27.- Por cierto, las cifras económicas nos dicen que no hay una relación directa entre el aumento de la riqueza y la disminución de la natalidad. Recordemos la enorme corrupción que ha empobrecido en el pasado a nuestro país y a la constante hostilidad que ha sufrido todo el sistema productivo durante décadas. Pongamos sobre la mesa todo el abanico de aspectos que influyen en esta realidad y seamos sinceros haciendo un buen análisis con un cambio de ideas respetuoso entre gente preparada" (28). 28.- Si nos comportamos de esta manera responsable, la luz de la fe religiosa y de la sabiduría humana nos señalará con claridad el punto de partida para toda reflexión científica: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por Mí" (29). El Dios de la Vida nos conduce a la felicidad, mediante la paz de las conciencias, por haber sido fieles al don que hemos recibido con la existencia. Todos nuestros pensamientos, afectos y acciones deben encaminarse hacia el Señor, que nos mira y nos respeta buscando la fecundidad cristiana de nuestra vocación. Vistas así las cosas, ¿qué necesidad tenemos de descender a detalles, por indispensables que sean, de un reglamentismo moral, de una casuística del límite, que encoge el corazón y hace mediocre a la conciencia? 29.- El modo de actuar de Cristo, el Evangelio de sus obras y de sus palabras, es un coherente reproche a cuanto ofende a la dignidad de la mujer. Por esto, las mujeres que se encuentran junto a Cristo se descubren a sí mismas en la verdad que Él 'enseña' y que Él 'realiza', incluso cuando ésta es la verdad sobre su propia 'pecaminosidad'. Por medio de esta verdad ellas de sienten 'liberadas', reintegradas en su propio ser; se sienten amadas por una 'amor eterno', por un amor que encuentra la expresión más directa en el mismo Cristo. Estando bajo el radio de acción de Cristo su posición social se transforma" (30). 30.- La mujer tiene que desprenderse de todas las presiones y manipulaciones que, llenas de prejuicios y modas, la conducen a una frivolidad ajena al ambiente que se vive en el hogar cuando la presencia de Dios preside todos los actos. Entonces, las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad alimentan a todos los miembros de la familia, gracias a la ejemplaridad cotidiana de la mujer que cuida del hogar y de los corazones de sus seres queridos. ¡Bendito es el testimonio de las mujeres que seguían a Jesús y acompañaban a María! Ellas señalan el camino a las mujeres cristianas de todos los tiempos. 31.- Nuestra Señora es Maestra de las virtudes humanas que debemos cultivar para respetar el don de la vida. "Una de ellas la virtud del pudor (31), que hace elegante a la persona mediante la delicadeza con la que se respeta a las demás personas (...) el pudor hace armónicas las relaciones sociales, sin la sorpresa ni la brusquedad que significa hacer violencia a la intimidad personal, que requiere de la estima de lo demás... de manera particularmente prudente, la persona reclama la virtud humana del pudor cuando se trata el tema de la vida sexual, por la naturaleza misma de la materia, delicada e íntima en cada uno (...) Las madres tienen especialmente el deber de educar en sus hijas el sentido del pudor, de modo que se afiance en ellas esa formidable defensa de la intimidad que es también condición indispensable para la riqueza interior y la apertura a los valores más altos de la vida" (32). 32.- Juan Pablo II ha señalado claramente la misión de la mujer en la Iglesia y la necesidad de que tome conciencia de esa misión. "La dignidad de la mujer se relaciona íntimamente con el amor que recibe por su femineidad y también con el amor que, a su vez, ella da. Así se confirma la verdad sobre la persona y sobre el amor... La fuerza moral de la mujer, su fuerza espiritual, se une a la conciencia que Dios le confía de un modo especial al hombre, es decir, al ser humano. Naturalmente, cada hombre es confiado por Dios a todos y cada uno. Sin embargo, esta entrega se refiere especialmente a la mujer -sobre todo en razón de su femineidad- y ello decide principalmente su vocación" (33). 33.- Es en el hogar donde la mujer se mueve con plenitud de propiedad; por su especial habilidad innata para atender las labores domésticas, construye para los miembros de la familia la base de la ascética cristiana y pueden llegar hasta la cima de la contemplación divina. Porque todas las personas estamos llamadas a ver a Dios y a una santidad de vida mediante el diálogo continuo con Él, a través de las acciones corrientes de cada día. 34.- Es la mujer, por así decir, el alma de esas prácticas de piedad, por ejemplo, con el rezo del Rosario en familia. Ella no tiene vergüenza de enseñar a los hijos las oraciones vocales y de ayudarles a repetirlas hasta que las pequeñas inteligencias infantiles las fijen en sus memorias. Esas oraciones aflorarán toda la vida, con el recuerdo amable de la madre que las enseña. Ese apostolado familiar de la mujer con los suyos es especialmente bendecido desde el cielo por la Madre de Dios. EL MATRIMONIO, INSTITUCIÓN NATURAL Y SACRAMENTO 35.- Después de haber formado a Adán del barro de la tierra, "dijo Dios: no está bien que el hombre esté solo, hagámosle una compañera semejante a él" (34). Y añade el autor sagrado: "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y vendrán a ser los dos una sola carne" (35). Quedaba así fundada, en los inicios de la historia de la humanidad, la institución natural del matrimonio. "los bendijo Dios diciéndoles: procread y multiplicaos y llenad la tierra" (36). 36.- La Biblia nos enseña de esta manera que el matrimonio "no fue instituido ni establecido por obra de los hombres, sino por obra de Dios" (37). La narración de la Sagrada Escritura, la enseñanza constante de la Iglesia y la recta razón reconocen a la institución matrimonial un carácter sagrado e ingénito; no recibido de los hombres, sino radicado en la misma naturaleza del género humano. 37.- Una vez más, repetiré lo que el magisterio pontificio ha señalado desde su fundación hasta nuestros días: que si bien todo hombre y toda mujer es libre para casarse o no casarse, porque Dios a nadie obliga a contraer matrimonio, esa libertad no puede extenderse ni afectar a la esencia de la institución matrimonial. "la alianza matrimonial, por la que un hombre y una mujer constituyen una íntima comunidad de vida y de amor, fue fundada y dotada de leyes propias por el Creador. Por su naturaleza está ordenada al bien de los cónyuges así como a la generación y educación de los hijos. Entre bautizados, el matrimonio ha sido elevado por Cristo Señor a la dignidad de sacramento" (38). 38.- Nuestra sociedad, esencialmente cristiana desde hace cinco siglos, debe volver los ojos al modelo del matrimonio como institución natural y como sacramento. Debemos tener presente, para ayudar a los que confunden estos valores humanos y religiosos, que "la unidad, la indisolubilidad y la apertura a la fecundidad son esenciales al matrimonio. La poligamia es incompatible con la unidad del matrimonio; el divorcio separa lo que Dios ha unido; el rechazo de la fecundidad priva a la vida conyugal de 'su don más excelente', el hijo" (39). 39.- Las personas agobiadas por el dolor de una mala experiencia, por la indiferencia de su cónyuge, por el abandono del hogar, por tantas circunstancias que Dios permite o por el peso de sus pecados, deben acudir en primer lugar a la oración que consuela y vivifica; y, luego, al consejo paternal del sacerdote y al sacramento del Perdón del confesor, que absuelve a nombre de Dios. ¡Nunca todo está perdido. Siempre está la gracia de Dios para sostenernos y darnos la fortaleza necesaria y afrontar la prueba, a la espera gozosa de la visión de Dios en el paraíso! Mientras, eso sí, haya un propósito de enmienda; es decir, en el caso de los separados o divorciados no pueden volver a casarse sin impedir que ellos mismos se separen de los sacramentos. LA FAMILIA, IGLESIA DOMÉSTICA 40.- San Pablo nos ha escrito un magnífico canto a la caridad en el capítulo trece de la primera carta a los Corintios: "Si hablando lenguas de hombres y de ángeles no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Y si teniendo el don de la profecía y conociendo todos los misterios y toda l a ciencia, y tanta fe que trasladase los montes, si no tengo caridad, no soy nada. Y si repartiere toda mi hacienda, y entregare mi cuerpo al fuego, no teniendo caridad, nada me aprovecha. La caridad es longánime, es benigna; no es envidiosa, no es jactanciosa, no se hincha; no es descortés, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa mal; no se alegra de la injusticia, se complace en la verdad; todo lo excusa todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera. La caridad jamás decae..." 41.- Después de escuchar esta enseñanza, que tiene hoy el mismo valor que hace dos milenios, ¿cómo podemos entender la crisis de los matrimonios cristianos, que afligen de manera lacerante al Pueblo de Dios? ¡Solamente se explica porque los cristianos no hemos cultivado suficientemente la virtud de la caridad! 42.- la familia cristiana es "la iglesia doméstica" (40). El amor humano está elevado al nivel sobrenatural. La gracia sacramental, concedida por Dios, hace que los esposos se puedan querer de verdad hasta que la muerte los separe, con un amor creciente, a partir del momento que dieron su consentimiento al matrimonio. Los egoísmos, las indiferencias, las diversidades de temperamento, las circunstancias dolorosas de la vida, todos los acontecimientos que se levantan como obstáculos para la fidelidad conyugal, se empequeñecen cuando se oye el eco del cántico que hemos citado de san Pablo: la caridad es logánime, es benigna, se complace en la verdad, todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera, jamás decae... Esta caridad es un regalo de Dios, que se acrecienta día a día con la oración, con la confesión y con al Eucaristía. Pero, por otro lado, se pierde la caridad por los pecados que cometemos y no reconocemos. 43.- La familia cristiana es el lugar donde los esposos enriquecen su trato con Dios en la entrega mutua de amor, de servicio, de sacrificio, de preocupación por la felicidad terrena y eterna del otro. Es el lugar en el que los padres se dan por entero a sus hijos, trabajan para sus hijos, cuidan de la casa para sus hijos, se portan bien pata dar ejemplo a sus hijos, se esfuerzan para que sus hijos gocen quizá de lo que ellos no han tenido, porque quieren a sus hijos y ven en ellos, simultáneamente, a unos hijos de Dios que deben educar en la fe. 44.- Nos es preciso buscar novedades a la a hora de meditar sobre la providencia de nuestras vidas. Siempre son válidas las mismas enseñanzas de la Iglesia. Si acudimos al Concilio Ecuménico Vaticano II, encontraremos una frase que la Iglesia nos ha repetido muchas veces y que seguirá haciéndolo porque recoge con precisión una verdad muy grande: "Los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada" (41). 45.- Cada padre y cada madre de familia debe reflexionar sobre esta verdad: no les corresponde solamente darles alimentación, vestido y vivienda a sus hijos; no es suficiente con preocuparse por su seguridad, su salud y por su educación. Hay algo muy importante, debe trascender hacia la misión espiritual de construir en cada uno de sus hijos la imagen de Jesús para que sean verdaderos cristianos. LA SOCIEDAD EN QUE VIVIMOS 46.- Todos estos ideales de vida cristiana tienen obstáculos que debemos afrontar. "Son muchas las insidias que amenazan la solidez de la institución familiar en la mayor parte de los países de América, siendo, a la vez, desafíos para los cristianos. Se deben mencionar, entre otros, el aumento de los divorcios, la difusión del aborto, del infanticidio y de la mentalidad contraceptiva" (42). 47.- Cada uno de nosotros es libre. Debemos formarnos bien para tener el criterio necesario y decidir en cada caso qué nos exige el Evangelio, cuál es la conducta que debemos tener, dónde está el mal que debemos rechazar. ¡Formemos nuestras conciencias de acuerdo al Evangelio de la Vida! Es cómodo trasladar a otros nuestra propia responsabilidad, aunque es claro que las autoridades, los médicos, los comunicadores, entre otros, tienen que dar una cuenta más estricta a Dios del cumplimiento de la misión sobresaliente que la sociedad les ha encomendado. 48.- Es claro que "mientras el relativismo y el subjetivismo se difunden de modo preocupante en el campo de la doctrina moral, la Iglesia en América está llamada a anunciar con renovada fuerza que la conversión consiste en la adhesión a la persona de Jesucristo, con todas las implicaciones teológicas y morales ilustradas por el magisterio eclesial" (43). No basta pensar qué hace la mayoría o qué dicen las encuestas para cambiar el mal y llamarlo bien; no basta decir que antes era de un modo y que ahora es de otro. Existe en l Iglesia su enseñanza, llamada Magisterio, que para los católicos es la luz que ilumina sus conciencias y les enseña dónde está el bien y la verdad que deben obrar. 49.- Juan Pablo II ha insistido en que "el mundo de la educación es un campo privilegiado para promover la inculturación de Evangelio. Sin embargo, los centros educativos católicos y aquellos que, aun siendo confesionales, tienen una clara inspiración católica, sólo podrán desarrollar una acción de verdadera evangelización si todos sus niveles, incluido el universitario, mantienen con nitidez su orientación católica". 50.- "Los contenidos del proyecto educativo deben hacer referencia constante a Jesucristo y a su mensaje, tal como lo presenta la Iglesia en su enseñanza dogmática y moral. Sólo así se podrán formar dirigentes auténticamente cristianos en los diversos campos de la actividad humana y de la sociedad, especialmente en la política, la economía, la ciencia, el arte y la reflexión filosófica. En este sentido, es esencial que la Universidad Católica sea, ala vez, verdadera y realmente ambas cosas: Universidad y Católica" (44). 51.- Especialmente los párrocos, los capellanes, los religiosos dedicados a las misiones y a la enseñanza, los catedráticos de teología y filosofía y los profesores de religión, entre tantos otros evangelizadores, tiene la misión de extender el conocimiento de la doctrina de Cristo en el mundo. Y todos, en el apostolado personal de la palabra y el ejemplo, igualmente, debemos dar vida al Evangelio de Jesús. "la nueva evangelización, en la que todo el Continente está comprometido, indica que la fe no puede darse por supuesta, sino que debe ser presentada explícitamente en toda su amplitud y su riqueza" (45). 52.- En enero de este año el Papa Juan Pablo II afirmó en México que "es fundamental para la eficacia de la nueva evangelización un profundo conocimiento de la cultura actual, en la cual los medios de comunicación social tienen gran influencia" (46). Los empresarios y comunicadores de los medios de comunicación tienen, pues, una enorme responsabilidad en el ejercicio diario de la libertad de expresión, delante de Dios y de los hombres. 53.- Más allá de las posibles banderas partidarias y de corrientes ideológicas, los medios de comunicación deben velar, cuando están manejados por hombres de buena voluntad, por un respeto escrupuloso de la verdad, por una búsqueda infatigable del bien común, por una cultura de la belleza que todo lo atrae y ennoblece, por una unidad en lo esencial entre todos los lectores y receptores de sus mensajes. 54.- El poder de Dios no se ha empequeñecido por el paso del tiempo. Los comunicadores sociales son copartícipes de ese poder divino, en el manejo de unos instrumentos maravillosos que la ciencia y la técnica han puesto en sus manos. Quiero alentar a los empresarios y a los periodistas de la prensa, la radio y la televisión a que redescubran todo el bien que pueden hacer defendiendo la verdad cada día, haciendo que brille la luz de la fe en Cristo, usando la influencia de los medios de comunicación para enriquecer y engrandecer la sociedad. SANTA MARÍA, ESTRELLA DE LA EVANGELIZACIÓN 55.- El domingo de Resurrección, este día memorable de la vida de la Iglesia, debemos meditar sobre cómo hemos respondido al sacrificio de la Pasión y Muerte del señor, para gozar con Él el misterio de la resurrección salvífica. Para ello, "hay que tratar a Cristo, en la Palabra y en el Pan, en la Eucaristía y en la oración. Y tratarlo como se trata a un amigo, a un ser real y vivo como Cristo lo es, porque ha resucitado" (47). 56.- Porque Cristo ha venido a la tierra para salvarnos, no para perdernos. Cristo resucitado es el compañero, el amigo. Un compañero que se deja ver sólo en sombras, pero cuya realidad llena toda nuestra vida. El amor que Cristo nos tiene nos hace desear su compañía definitiva. Y ese mensaje redentor y salvífico de Jesús tiene una luz que brilla siempre para hacernos más amable el seguimiento, la devoción de su madre, Santa María, Estrella de la Evangelización. 57.- Porque ella nos lleva siempre de la mano por el camino correcto que conduce a su Hijo-Jesús. Nos lo dice san Bernardo, un santo famoso por sus devociones marianas. "Cada gracia que se da a los hombres procede de una triple causa ordenada: de Dios pasa a Cristo, de Cristo pasa a la Virgen, por la Virgen se nos da a nosotros" (48). 58.- Los cristianos tenemos la costumbre de concluir nuestras meditaciones acudiendo a nuestra Madre del cielo, como estamos haciendo ahora. Terminemos, pues, estas reflexiones pascuales yendo a comunicar nuestra alegría a santa María con el cántico pascual de la liturgia católica: "Reina del Cielo, alégrate, aleluya" (49). ¡Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y de santa María, descienda sobre ustedes y sus familias y les conceda el don de corresponder generosamente a la llamada universal a la santidad, a través de las realidades cotidianas del mundo, para que sean en todo momento testigos vivos de Cristo! Así sea. En
Lima, en la solemnidad de la +Juan
Luis Cipriani Thorne
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1. Jn 10, 10 [Regresar] 2. Hb, 24 [Regresar] 3. Cfr. "Tened sal en vosotros, viviendo en paz unos con otros" (Mc 9, 50). "En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz luce en las tinieblas" (Jn 1, 4-5). "¿No sabéis que un poco de levadura hace fermentar toda la masa?" (1 Co 5, 6) [Regresar] 4. 1 Jn 3, 18 [Regresar] 5. Fisonomía pastoral del obispo en América Latina, Puerto Príncipe, III [Regresar] 6. Evangelium vitae, nº1 [Regresar] 7. Evangelium vitae, nº2 [Regresar] 8. Evangelium vitae, nº3 [Regresar] 9. Cfr. Jn 16, 7 [Regresar] 10. Cfr. Alocución a la Asamblea General de las Naciones Unidas, 4 de octubre de 1965 [Regresar] 11. 2 Co 11, 28 [Regresar] 12. Gaudium et spes, nº27 [Regresar] 13. Documento de la Conferencia Episcopal del Perú: ¡Perú, escoge la vida!, nº18 [Regresar] 14. Gn 2, 9 [Regresar] 15. Gn 3, 6 [Regresar] 16. Gn 3, 16 [Regresar] 17. Gn 3, 19 [Regresar] 18. Gn 3, 24 [Regresar] 19. Catecismo de la Iglesia Católica, nº1051 [Regresar] 20. Catecismo de la Iglesia Católica, nº1052 [Regresar] 21. Catecismo de la Iglesia Católica, nº1054 [Regresar] 22. Catecismo de la Iglesia Católica, nº1056 [Regresar] 23. Juan Pablo II, Veritatis splendor, nº99 [Regresar] 24. Pablo VI, Humanae vitae, nº7 [Regresar] 25. Gn 2, 28 [Regresar] 26. Juan Luis Cipriani Thorne, Testigos vivos de Cristo, nº19 [Regresar] 27. Art. 3º [Regresar] 28. Juan Luis Cipriani Thorne, Testigos vivos de Cristo, nº16 [Regresar] 29. Jn 14, 6 [Regresar] 30. Juan Pablo II, Mulieris dignitatem, nº15 [Regresar] 31. Se ha perdido hasta el sentido verdadero de esa palabra, que significa honestidad, modestia, recato en el modo de vestir y hablar, buen comportamiento de la persona humana en relación con la intimidad [Regresar] 32. Juan Luis Cipriani Thorne, Educación Familiar, nº29 [Regresar] 33. Juan Pablo II, Mulieris dignitatem, nº30 [Regresar] 34. Gn 2, 18 [Regresar] 35. Gn 2, 24 [Regresar] 36. Gn 1, 28 [Regresar] 37. Gaudium et spes, nº48 [Regresar] 38. Catecismo de la Iglesia católica, nº1660 [Regresar] 39. Catecismo de la Iglesia católica, nº1664 [Regresar] 40. Lumen gentium, nº11 [Regresar] 41. Lumen gentium, nº11 [Regresar] 42. nº46 [Regresar]
43. Ecclesia in América, nº53 [Regresar] 44. Ecclesia in América, nº71 [Regresar] 45. Ecclesia in América, nº69 [Regresar] 46. Ecclesia in América, nº72 [Regresar] 47. Beato Josemaría, Es Cristo que pasa, nº116 [Regresar] 48. Sermón 6 de la Natividad de la Virgen María [Regresar] 49. Antífona Regina Coeli [Regresar]
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