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COLECCIÓN NUEVA EVANGELIZACIÓN No. 5 MENSAJE A LAS HERMANDADES
La religiosidad popular Lima, 10 de octubre de 1999 Prólogo Como parte de las celebraciones tradicionales durante el mes de octubre, en homenaje a la venerada imagen del Señor de los Milagros de Nazarenas, el arzobispo de Lima y Primado del Perú, monseñor Juan Luis Cipriani Thorne, se reunió con los miembros de la Hermandad para dirigirles un mensaje. Era la primera vez que se realizaba un evento de esta naturaleza, y congregó a más de tres mil devotos, entre capataces, cargadores de las andas, zahumadoras y cantoras, para escuchar las palabras de su Pastor. Un ambiente de permanente entusiasmo y alegría, entre cantos, aplausos y vivas, vistió de fiesta el coliseo del colegio Salesiano de Breña, donde se llevó a cabo el encuentro. "No estoy aquí para darles unas clases, sino para reiterarles lo que he dicho tantas veces: que el Señor de los Milagros es el mayor regalo que Dios ha dado al Perú y por lo menos a una buena parte de América y del mundo", señaló monseñor Cipriani antes de comenzar su discurso. Bajo el título de "La religiosidad popular", el mensaje del Arzobispo de Lima puede entenderse como una clara reflexión de lo que significa vivir las enseñanzas de Dios, el seguir las huellas de Cristo desde el lugar donde nos toque desenvolvernos: en la familia, en el trabajo, como parte de un grupo social, como miembros de una Hermandad. También, es una ferviente invitación para reencontrarnos con el Padre mediante el sacramento de la Reconciliación, es decir, a través de la confesión de los pecados y el arrepentimiento sincero, un pedido permanente e incansable del Arzobispo de Lima, especialmente en este momento de Jubileo que celebra nuestra Iglesia Universal, por pedido de Su Santidad el Papa Juan Pablo II. Si bien el mensaje estuvo dirigido a los miembros de la Hermandad del Señor de los Milagros de Nazarenas, bien puede servir para todas aquellas personas que participan en las distintas Hermandades que tienen similares devociones en diferentes lugares, o para aquellos devotos y fieles que necesitan de unas palabras de aliento, de esperanza, de fe, de reflexión para enmendar errores y retomar el verdadero camino, el camino hacia Dios.
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La religiosidad popular En primer lugar, quiero agradecerles porque, como Arzobispo de Lima, me permiten participar en esta Hermandad que tiene en el Señor de los Milagros un tesoro muy grande. Muchos de ustedes llevan años en esta fe, en esta gran convocatoria. Por eso, cuando los veo reunidos aquí realmente me siento conmovido, ya que demuestra una expresión visible de amor por Cristo. Y no hay otro motivo para que estén aquí si no es ese gran milagro del Señor que los convoca a todos ustedes. No estoy aquí, con ustedes, para darles unas 'clases', sino, como pastor de la Iglesia, reiterarles lo que he dicho tantas veces: que el Señor de los Milagros es el mayor regalo que Dios ha dado al Perú y por lo menos a una buena parte de América y del mundo. Por eso le pido a Él que éste sea un momento de conversación con cada uno de ustedes; no un discurso, sino algunas palabras que les ayuden a reflexionar delante del Señor de los Milagros. LA HERMANDAD, FUENTE DE IRRADIACIÓN DE LA FE En la reunión de obispos en Santo Domingo, del año 92, donde estuve presente, decíamos los obispos que la religiosidad popular es una expresión privilegiada de la inculturación de la fe. No se trata sólo de expresiones religiosas, sino también de valores, criterios, conductas, actitudes que nacen del dogma católico y constituyen la sabiduría de nuestro pueblo formando su matriz cultural. Les puedo asegurar que para mí, ahora que estoy al frente de la Arquidiócesis de Lima, el Señor de los Milagros constituye el principal vehículo para conducir la fe de este pueblo. Por eso, tenemos que darle cada día más realce a lo que supone en cada uno el formar parte de esta gran Hermandad. Ustedes son alrededor de cinco mil miembros y si cada uno, en su hogar, en su familia, en su trabajo, se constituye en una fuente de irradiación de esta fe, podríamos llegar fácilmente a más de un millón de personas. Porque estas hermandades las hay en todo el Perú y si desde la hermandad matriz, que es ésta, la de Lima, surge ese espíritu que va más allá de la procesión y que es procurar vivir una vida coherente con esa fe en el Cristo, pues será un fermento que removerá y cambiará a muchísimas familias en el Perú entero. LA VERDAD NOS HACE LIBRES El Papa Juan Pablo II nos dice cosas muy claras que quisiera compartir con ustedes. Él pregunta: ¿Cuál es el peso mayor en la vida? Y responde: el de la verdad, esa verdad que te hace libre, la verdad de un Cristo que enseña que hay 10 Mandamientos, 7 Sacramentos, la verdad de una Iglesia que te apoya, te acompaña, la verdad de un Cristo Morado, la verdad de un Señor de los Milagros que de esa manera milagrosa inspiró esa pintura que ha soportado 4 siglos. La verdad de ese amor que tú le tienes cuando le acompañas, la verdad de ese dolor que experimentas con tus sacrificios. No olvidemos que siempre el Señor de los Milagros ha supuesto sacrificios, llenos de amor por cada uno. EL SACRIFICIO, MUESTRA DE FE Recuerdo a mi madre, hace muchos años, cuando cumplía ese sacrificio de vestir todo el mes de octubre el hábito del Señor de los Milagros. Dejaba de lado sus vestidos, las fiestas y se ponía en señal de penitencia una sola ropa. En algunas ocasiones, inclusive, cumplía el ayuno, no escuchaba música, y asistía a la procesión. Este mes de octubre nos plantea un sacrificio para acompañar el dolor de la cruz y enseñar a los hijos y jóvenes de la Hermandad que esa ha sido la tradición; por eso, el color morado, que es color de penitencia, debe ser el alma de la Hermandad. ¿Qué haces tú, hermano, ustedes hermanos, en estos días de penitencia? Es una pregunta con una respuesta concreta; vale la pena que la reflexionen. El Papa nos dice ¿Qué es lo más exigente, si la verdad que 'cuesta', o esa 'aparente verdad': la mentira, que sólo crea una falsa ilusión, que engaña? Y nos vuelve a preguntar ¿Es cierto que la Iglesia está parada y que el mundo se aleja de ella? Cuando veo en estos días la multitudinaria procesión del Señor de los Milagros, cuando veo que cada uno hace el sacrificio de levantarse muy temprano y llega desde lejos ¿Podemos pensar que la Iglesia está parada, que el mundo se aleja de ella? ¡No! Dios tiene la felicidad, Dios tiene la respuesta a tu familia, a tus problemas, a tu alma. Si quitamos a Dios de nuestra vida, de nuestra conducta, puedo asegurarles que sólo obtendremos un huayco de dolor muy grande en nuestra familia, en nuestra vida, en nuestra alma. EL DOLOR EN LA VIDA HUMANA El dolor acompaña permanentemente a la vida humana. La mujer lo puede testimoniar al momento de dar a luz, luego de haber llevado varios meses a su hijo en el vientre. Y los hombres podemos decir lo que supone el trabajo y el esfuerzo por sacar una familia adelante. Los padres pueden hablar de lo que supone educar a sus hijos, respetar su libertad responsable, pasar por las penurias en épocas de poco trabajo. Constantemente en la vida se nos cruza el dolor, el cual debemos enfrentar con gran valentía. Pero muchas veces
no tenemos el coraje de darnos cuenta que ese Señor de los Milagros,
en la cruz, está clavado; por lo tanto, su imagen es una constante
llamada que nos dice: ¡No tengas miedo al dolor! Pero ¿a
qué dolor?, pues al dolor más grande que es el pecado. Algunos, cuando ven que ese dolor es grande en sus vidas y les aplasta el alma, optan por el licor, se embriagan. Otros, toman para celebrar o festejar algo, pero en exceso. ¿Y qué se consigue? Ustedes dirán: ¡Monseñor, esto es un poco duro! No, yo comprendo que en una celebración se puede brindar, pero ¡atención!, moderadamente. Imagínense, si para calmar las penas o festejar tenemos que tomar mucho, entonces habría que comprarse una piscina porque las penas y las razones para celebrar son muy grandes. Sé que para muchos cambiar esta forma inadecuada de vivir es difícil, pues no se cambia tan rápido. ¡Hermanos, hay que hacer el intento, por amor al Señor de los Milagros! Como pastor, tengo la responsabilidad de ofrecer mis fuerzas para corregir esta situación que se ha introducido, en muchas instituciones y grupos, por muchos años. Seguro me dirán, ¡Monseñor, déjenos siquiera una yapa! Muy bien, la yapa la concedo, pero el exceso no. No tengo nada en contra de reunirse y celebrar, pero cuando se toma en cantidades exageradas la economía se viene abajo, la conducta personal se vuelve negativa para todos, se da un pésimo ejemplo, se malogra la familia, la conducta y, lo peor de todo, se ofende a Dios. El dolor es parte del misterio de la salvación y tiene la respuesta en Jesucristo. Por eso, ¡pégate una borrachera de amor a Dios, rézale, contémplalo siempre, cómo lo haces en estos meses! Embriágate de la fe, busca al Señor, acude a la confesión que es mucho mejor que el licor, ahí suelta tus penas, tus dolores, tu deseo de cambio y arrepentimiento y recibe litros de la vida de Cristo, que sí te emborracha de amor, de paz, de serenidad, de alegría, de ánimo, de confianza, de amor bueno. FUERZA DE VOLUNTAD PARA CAMBIAR Cuando jugaba básquet, hace algunos años, nos dábamos aliento y salíamos reconfortados del camerino, con otro espíritu para enfrentar el encuentro. Así nos quitábamos de encima el pesimismo y la flojera y durante el partido animábamos a la gente. En nombre de ese Cristo, del Señor de los Milagros, quisiera guapearlos para decirles que con la fe, la oración y la ayuda de Dios, podemos ofrecer un dolor que es real a cambio de lograr la verdadera y auténtica paz en el Señor. Estoy seguro que el Señor de los Milagros puede hacer que uno de los que están aquí haga el compromiso serio de decir ¡Basta, voy a vivir de una manera controlada! El Señor de los Milagros es sacrificio, penitencia, morado, dolor, perdón. Si quieren a su familia, a su esposa o esposo, a sus hijos, deben sacrificarse por ellos, hacer todo lo posible por asistirlos y demostrarles que los quieren. Por eso, cuando hay amor el dolor tiene un motivo. Cuando Jesús murió en la cruz quiso dejarnos una señal dramática para convencernos que el amor es mucho más grande que el dolor. Y con la ayuda de Dios tenemos que ampliar el espacio de amor a la familia, a nuestra propia dignidad de personas, a las cosas sanas, al deporte, al trabajo, a la amistad. NO A LA "DOBLE VIDA" El gran misterio está allí, en el amor y el dolor. Si lo separamos ya no tendría sentido. Porque no hay amor que no pase por el sacrificio y no hay sacrificio que no tenga como motivo el amor. En esa dupla amor-dolor, no encontramos por ningún lado la necesidad de tomar desmedidamente o de buscar a 'otra' persona, siendo infieles al hogar para 'consolarnos'. ¡Hermanos, no podemos vivir una doble vida! Quiero decirles que les hablo de esta manera porque todos tenemos un profundo respeto a la madre, a la esposa, a las hijas, a las hermanas, y la dignidad de la mujer no puede ser simplemente un instrumento para calmar a un 'animalito'. Si no controlan sus pensamientos, sus miradas, su imaginación, si piensan que de esos momentos va a surgir la paz en su alma, les digo que esto también tiene 'resaca' y peor que la del licor. Les hago estas reflexiones que sólo son útiles con la ayuda de Dios. El pecado, la tentación, es fuerte, pero les pido que se esfuercen por cambiar. Si reconociéramos que la diversión con el licor debe ser medida y que en el trato con la mujer, somos correctos y respetuosos, todo está bien. SABER PEDIR PERDÓN A DIOS La 'doble vida', la infidelidad o el engaño, le hace mucho daño a la familia, a la sociedad, al país, y se ha convertido en una picardía que debemos desterrar. Tengamos capacidad de arrepentimiento. ¡Más hombre eres cuanto más sabes pedir perdón! Me podrá decir alguno: ¡Monseñor, eso es una hipocresía! Y yo le contestaría con un tono fuerte, ¡Es mucho más hipócrita tu excusa porque el hombre que se arrodilla y pide perdón a Dios está pasando por el momento del dolor de saber arrepentirse! Ese es el camino de la humildad, del que sabe decir: ¡Perdón, Señor, me equivoqué y no voy a volver a hacerlo! Por eso, el Señor ha creado un sacramento, el de la Penitencia y la Reconciliación, no para que se confiesen una vez al año, sino para que acudan a él con frecuencia y se limpien de sus pecados. Ese es el gran misterio de la fe, no tengan miedo, no tengan vergüenza. Y como tenemos ese gran perdón, que brota del corazón mismo de Cristo cada día, entonces puedo pedirles que se confiesen, porque hay remedio a nuestros errores. Acerquémonos a la Confesión, tengamos en la Hermandad jornadas permanentes de Reconciliación a lo largo del año. ¡Hermanos, hay que tener el coraje, la valentía de saber pedir perdón! EL AMOR DE NUESTRA MADRE, MARÍA Ante la Virgen María, me pongo a pensar en las tantas horas que ella habría conversado con su hijo, Jesús; tal vez como lo hacen muchas madres actualmente. Se preocupaba por lo que le pasaba y seguramente Jesús le diría: "Yo he venido al mundo porque mi Padre Dios quiere recomponer la amistad; el hombre le ha dado la espalda, ha juzgado a Dios y Él me ha dicho ¡convéncelos! Pero tengo una tarea difícil, voy a morir en manos de los hombres". María se callaría, como muchas madres lo harían, preocupada, y luego lo comentaría con su esposo, San José. Quiero, en este instante, imaginarme a Jesús al momento de salir e ir donde su madre y decirle que ha llegado la hora. María, sabiendo que es un momento muy duro se aguanta las lágrimas; probablemente le da un gran abrazo y reprime su dolor mediante el silencio. Jesús le diría: "No te preocupes, mamá, mi Padre Dios lo quiere". ¡Qué silencios, qué momentos! María nunca se separa de su Hijo, por eso la devoción al Señor de los Milagros va muy unida a la devoción a María y al rezo del Rosario. Por eso, quisiera pedirle a Ella que nos enseñe el camino para saber regresar siempre a Jesús y pedirle a San José, patrono de la vida espiritual y esposo de María, encargado de educar a Jesús y hombre de trabajo: ¡José, haz de estos hermanos y mujeres miembros de la Hermandad del Señor de los Milagros, personas fuertes que ante la tentación y el pecado sepan acudir como tú a María y a Jesús! VOLVER A LEVANTARSE Hermanos, quiero terminar agradeciendo mucho el que me permitan decirles que ustedes son un grupo muy privilegiado de la Iglesia. Cada uno quizá se sienta un pobre hombre o mujer, se sentirá débil, pecador; no importa, es el momento de cambiar. Pero juntos son un sagrario, porque conservan y cuidan este regalo de Dios que es el Señor de los Milagros. Alguno puede sentirse sin fuerzas al cargar el anda, pero juntos lo hacen avanzar y la gente venera y aplaude, ¡es Cristo de pie! La Hermandad debe ser la fuerza más grande delante de Dios, en Lima, tal vez comparable con ese grupo de monjas que en su silencio, en su aparente inactividad, es un motor extraordinario de la Iglesia, como son las hermanas nazarenas carmelitas descalzas. Ojalá, que después de este encuentro maravilloso y con la ayuda de Dios y la Virgen, toda esta devoción se pueda concretar en la vida personal, profesional, familiar de cada uno de ustedes. Y termino estas palabras con una pequeña frase: "El santo no es el que no cae, sino el que se levanta siempre". ¡Que el Señor de los Milagros presida sus hogares y les bendiga siempre! +Juan
Luis Cipriani Thorne
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