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COLECCIÓN NUEVA EVANGELIZACIÓN No. 6 CARTA PASTORAL " La caridad de Cristo nos urge" Ahora, que comenzamos a vivir el Tercer Milenio de la Cristiandad, el deber de pastor me mueve a escribir esta Carta Pastoral, porque "la caridad de Cristo nos urge" (1), para proponer a los fieles algunos principios de la Doctrina Social de la Iglesia y subrayar la seriedad de esta dimensión moral de la evangelización. Tengo la seguridad de que su acogida hará mucho bien a los fieles de la Arquidiócesis de Lima. Estos principios de reflexión (2) se mantienen en el ámbito de las directrices generales del Magisterio católico, teniendo presente que "el Redentor del hombre, Jesucristo, es el centro del cosmos y de la historia" (3). No señalamos, porque no nos compete hacerlo a los obispos, fórmulas específicas de acción ante cada caso concreto, que Dios ha dejado a la libre elección de los hombres, dentro del recto orden moral. 1.- Al iniciar el Jubileo recordamos con enorme agradecimiento al Santo Padre Juan Pablo II, porque nos ha introducido en este nuevo Milenio con una nueva fuerza que él ha calificado, con un especial contenido apostólico y de misión, como una etapa de "nueva evangelización" en la que la doctrina de la fe "no puede darse por supuesta sino que debe ser presentada explícitamente en toda su amplitud y su riqueza" (4). Recientemente ha escrito que: "La encarnación del Hijo de Dios y la salvación que Él ha realizado con su muerte y resurrección son el verdadero criterio para juzgar la realidad temporal y todo proyecto encaminado a hacer la vida del hombre cada vez más humana" (5). Mirar y estar con Cristo vivo, "el mismo ayer, hoy y siempre" (6) es y será siempre la luz que ilumina nuestra vida y nos renueva y lanza a proponer respuestas -siempre nuevas y siempre viejas, como el Evangelio- a nuestros interrogantes. 2.- Para descubrir los rasgos de la presencia de Dios en nuestro tiempo debo empezar por afirmar que no se puede desconocer el progreso tecnológico que la humanidad está logrando en muchos aspectos; pero no podemos olvidar que el hombre debe ser el beneficiario directo de tales logros. Sin embargo, constatamos con mucho dolor que en no pocos casos es la primera víctima. Parecería que unos pocos enemigos de Dios y de su Iglesia viven del miedo de muchos que, al no querer luchar por unos principios, son cómplices de esta situación penosa. 3.- Tenemos ante nuestros ojos, todos los días, unas impresiones muy fuertes, que nos llegan especialmente por los medios de comunicación o simplemente los vemos al recorrer las calles y pueblos, y nos interpelan constantemente. ¿Qué puedo hacer, o qué podemos hacer nosotros para eliminar o disminuir en parte esos serios contrastes que tanto daño hacen a la persona, a la familia, a la sociedad? 4.- "Si nuestro tiempo, el tiempo de nuestra generación, el tiempo que se está acercando al final del segundo Milenio de nuestra era cristiana -decía entonces el Papa-, se nos revela como tiempo de gran progreso, aparece también como tiempo de múltiples amenazas para el hombre, de las que la Iglesia debe hablar a todos los hombres de buena voluntad. En efecto, la situación del hombre en el mundo contemporáneo parece distante tanto de las exigencias objetivas del orden moral, como de las exigencias de la justicia o aún más del amor social" (7). 5.- Observamos una especie de pérdida del sentido de la presencia y actuación de Dios. No es que este silenciamiento o indiferencia ante lo religioso se haga de un modo llamativo. Es algo peor. Se pretende introducir un clima en donde se intenta considerar normales -utilizando este término, de manera equivocada, como sinónimo de "bueno"- todos los comportamientos que acepten las llamadas "mayorías". Ante este panorama debemos recordar con firmeza que si a una sociedad le falta el orden moral, la justicia, el amor, entonces está enferma. 6.- Sin embargo, estos tiempos, en los que ha prosperado el mal, son también muy buenos: son tiempos especiales los de este año Jubilar en que la gracia de Dios y la santidad heroica de muchos debe moldear una nueva "cultura de la vida y del amor" (8). 7.- Nos preguntamos, ¿no será que el hombre contemporáneo está equivocando el camino? Hay que pensar que esta realidad que vivimos no es lo que Dios se propuso al crear al hombre a su imagen y semejanza, y al darle un señorío sobre el mundo entero. ¡Qué desorientado, qué maltratado se encuentra el que nació para ser rey de la creación! ¿Qué es lo que pasa? 8.- "No se trata aquí más que de aquello que ha encontrado su expresión en el primer mensaje del Creador, dirigido al hombre en el momento en que le daba la tierra para que la 'sometiese'. Este primer mensaje quedó confirmado, en el misterio de la Redención, por Cristo Señor. Esto está expresado por el Concilio Vaticano II en los bellísimos capítulos de sus enseñanzas sobre la "realeza" del hombre, es decir, sobre su vocación a participar en el ministerio regio de Cristo mismo" (9). 9.- Y ¿en qué debe manifestarse esa "realeza" del ser humano? Pues en algo muy concreto: en la primacía de la persona sobre las cosas; en un progreso de la técnica que esté al servicio del desarrollo de la persona. En pocas palabras, debemos trabajar, luchar, analizar los acontecimientos teniendo siempre delante de nuestra mente las siguientes preguntas: ¿Esto que estoy haciendo, pensando, deseando, realmente ayuda a cada uno a ser mejor persona, a mejorar su dignidad, a lograr su desarrollo no sólo material sino espiritual? ¿La familia es el centro de mis desvelos, de mis sacrificios, de mi amor a Dios? ¿Qué puedo cambiar en mi manera de ser, de actuar, que ayude a que mejore en el medio en el que trabajo, en la responsabilidad social que tengo? ¿Cómo practico la solidaridad de modo concreto? ¿Qué podemos hacer para reducir la enorme brecha entre ricos y pobres? 10.- La religión, en pensamiento del Beato Josemaría Escrivá, es la mayor rebeldía porque nos enseña que el hombre es hijo de Dios y rechaza ser tratado como una bestia (10), como una mercadería, como un objeto de placer, o como cualquier cosa material. Su ser persona rechaza cualquier otro modo de ser tratado que no sea el amor de verdad. De ahí, entre otros motivos muy importantes, la urgencia de enseñar bien el contenido del Catecismo de la Iglesia Católica con seriedad y de modo integral. 11.- Si lo que mejora es la técnica y no las personas, si cada día estamos mejor comunicados, pero no tenemos nada valioso que comunicarnos, entonces estamos ante un gran peligro: mientras el hombre va dominando cada vez más la naturaleza podría ser cada día más esclavo de los adelantos que él mismo construye, pues prescinde de una valoración ética de sus actos. 12.- "Existe ya un peligro real y perceptible de que, mientras avanza enormemente el domino por parte del hombre sobre el mundo de las cosas; de este dominio suyo pierda los hilos esenciales, y de diversos modos su humanidad esté sometida a ese mundo(...) a través de toda la organización de la vida comunitaria, a través del sistema de producción, a través de la presión de los medios de comunicación social. El hombre no puede renunciar a sí mismo, ni al puesto que le es propio en el mundo visible, no puede hacerse esclavo de las cosas, de los sistemas económicos, de la producción y de sus propios productos. Una civilización con perfil puramente materialista condena al hombre a tal esclavitud, por más que tal vez esto suceda, contra las intenciones y las premisas de los pioneros"(11).
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NOTAS 1. 2 Co 5, 14 [Regresar] 2. Cfr. Juan Pablo II, Sollicituo rei socialis, no.8 [Regresar] 3. Juan Pablo II, Redemptor hominis, no.1 [Regresar] 4. Juan Pablo II, Eclessia in América, no.69 [Regresar] 5. Bula de Convocatoria del Gran Jubileo del Año 2000, no.1-D [Regresar] 6. Hb 13, 8; cfr. Ap 1, 8 [Regresar] 7. Juan Pablo II, Redemptor hominis, no.16 [Regresar] 8. Juan Pablo II, Evangelium vitae, no.100 [Regresar] 9. Juan Pablo II, Redemptor hominis, no.16 [Regresar] 10. Cfr. Josemaría Escrivá, Conversaciones, no.73 [Regresar] 11. Juan Pablo II, Redemptor hominis, no.16 [Regresar] |
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