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COLECCIÓN NUEVA EVANGELIZACIÓN No. 6 CARTA PASTORAL " La caridad de Cristo nos urge"
13.- Ante este panorama que presenta el mundo moderno, con sus grandes adelantos y sus notables deficiencias, miremos nuestra realidad. ¿Cuáles son algunos de los síntomas que nos aquejan al iniciar el año 2000? Señalemos algunos que, de algún modo, todos sufrimos: desigualdades económicas muy grandes; dificultades que llegan a veces al extremo de destruir la unión familiar; búsqueda de soluciones equivocadas a los problemas recurriendo al alcohol, a las drogas; atropello de la intimidad de las personas por el modo en que somos tratados por algunos medios de comunicación; diversos atentados contra la vida, la dignidad y el bienestar de las personas y de las familias. 14.- Todos estos males son síntomas de una enfermedad muy profunda. Y los responsables de esta crisis somos todos al no buscar seriamente la raíz de estos problemas, cuando echamos la culpa a los demás y no miramos nuestra propia conciencia, cuando vamos, poco a poco, perdiendo la brújula que debería orientar nuestras vidas. 15.- Hoy día, la persona humana se ve afectada, en parte, porque no sabe bien realmente quién es, para qué está en el mundo, cómo se logra la auténtica felicidad. Son muchas las preguntas que se agolpan en nuestra mente y que no encuentran respuestas en un mundo que parecería no tener tiempo para responderlas adecuadamente. El mundo actual se organiza y se domina muchas veces dando la espalda a estos hechos y nos trata de una manera incorrecta; por ejemplo, al desarrollarse una cultura económica egoísta que abre más las brechas sociales; al promocionarse una excesiva demanda de necesidades materiales, aún entre los que no tienen ni para cubrir sus necesidades básicas; dejando de lado nuestras necesidades espirituales insatisfechas; o, por ejemplo, al aceptar una conducta equivocada y dañina para la persona simplemente por un cierto consenso que hace la mayoría, sin querer hacerse la pregunta de si está bien o mal lo que hacemos. Me refiero a situaciones como la infidelidad matrimonial, el divorcio, la esterilización, el aborto, la falta de pudor en el hablar y en el vestir, la burla de valores morales por algunos medios de comunicación, los bajos salarios de trabajo, etc. 16.- Este ambiente permisivo, en donde el relativismo se impone simplemente buscando el apoyo de lo que "quiere o le gusta a la mayoría de la gente", sin profundizar en lo que "la gente debe buscar para ser feliz, siendo fiel a su dignidad de persona y a su fidelidad como familia", hace que, con frecuencia, la juventud o la gente sin convicciones profundas se confunda y se canse de buscar el bien y la verdad. Personas que, sin pretenderlo y hasta sin darse cuenta plenamente, están siendo sometidas a esta cultura globalizada y extraña a nuestra realidad que exalta el éxito de cualquier modo, el placer sin compromiso, el divorcio, la violencia. 17.- Si estos problemas no se enfrentan con urgencia y de la manera más adecuada se agravarán progresivamente, no sólo porque van creciendo sino, sobre todo, porque crean una crisis personal más profunda: una crisis de identidad. Entonces, uno se pregunta: ¿Qué hago en este mundo? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Qué sentido tiene el dolor? ¿Por qué tengo que preocuparme por los demás? ¿Quién soy yo? ¿Para qué me caso? 18.- Todos estos síntomas reclaman la búsqueda de las causas de la enfermedad que los origina. Pero, ¿dónde está el mal? Para un ser inteligente, como es la persona humana, la raíz profunda de sus males tiene siempre un aliado en la ignorancia. Y en nuestro caso, es la ignorancia de no saber por lo menos quién es el hombre, qué es la familia, qué es la sociedad; en consecuencia, qué dignidad tiene el hombre, qué importancia tiene la familia, que vínculos tenemos con la sociedad. Padres de familia, maestros, sacerdotes y religiosas: ¡Es urgentísimo afrontar con seriedad y profundidad la tarea de enseñar bien los contenidos de la Religión a todos los niveles! 19.- Además de la ignorancia, la falta de reacción y de participación de la mayoría de personas -especialmente quienes financian determinados programas, empresarios, políticos, periodistas, educadores- que, llevados por la comodidad, abandonan el deber sagrado de velar por la educación de sus hijos y dejan en manos de los medios de comunicación la posibilidad de "influir o deformar" sus conductas, conformando una sociedad amoral. 20.-
El Catecismo de la Iglesia católica explica que la Iglesia
"cuando cumple su misión de anunciar el Evangelio, enseña
al hombre, en nombre de Cristo, su dignidad propia y su vocación
a la comunión de las personas; y le descubre las exigencias de
la justicia y de la paz" (12).
21.- Y señala con mucha precisión en qué consiste la dignidad del ser humano; cuál es el fundamento sólido en el que se apoya: "La dignidad de la persona humana está enraizada en su creación a imagen y semejanza de Dios(...) (13) Dotada de un alma espiritual e inmortal la persona humana es la única criatura a la que Dios ha amado por sí misma. Desde su concepción está destinada a la bienaventuranza eterna(…)" (14). Esta verdad encuentra una seria resistencia en el mundo actual donde el desarrollo de la técnica, la globalización y tantos otros fenómenos privilegian la dimensión material de las personas y muchas veces simplemente ignoran el necesario desarrollo y profundización paralelos de la dimensión moral, del estudio serio de la antropología para conocer bien la naturaleza humana. Volvemos a lo mismo: se antepone el dinero, el éxito, el poder, el placer, a cualquier valoración de tipo ético, y se cae en un pragmatismo sin valoración del aspecto de bondad o maldad que tienen esos hechos. 22.- El resultado de este grave error hace que la persona sienta que está siendo maltratada en medio de un ambiente en el que se habla de progreso, y ella siente una frialdad y una falta de apoyo en los demás que le asusta. El peligro es real. Poco a poco se puede ir produciendo lo que un filósofo calificaría como un "paro antropológico", donde la libertad y la creatividad de las personas se van anulando ante un aparente determinismo de la técnica que con su inercia implacable pretende configurar el futuro ahogando la libertad, ese gran don con el que Dios ha dotado al hombre. 23.- Partiendo de esta base inconmovible, de un ser amado de Dios, con alma inmortal, el Catecismo de la Iglesia Católica nos habla de la libertad humana que Dios le ha concedido al hombre y a la mujer al dotarlos de inteligencia y voluntad: En virtud de su alma y de sus potencias espirituales de entendimiento y de voluntad, el hombre está dotado de libertad. "En nuestro tiempo se considera a veces erróneamente que la libertad es fin en sí misma, que todo hombre es libre cuando usa de ella como quiere, que a esto hay que tender en la vida de los individuos y de las sociedades. La libertad en cambio es un don grande sólo cuando sabemos usarla responsablemente para todo lo que es el verdadero bien" (15). 24.- La libertad sin el límite que ella misma propone a cada uno -la responsabilidad de la norma moral- destruye al propio hombre, pues lo convierte en su peor enemigo al pretender "hacerlo como un dios de su existencia". Podríamos concluir, de una manera un tanto simple que, como no es posible que vivan al mismo tiempo y en un mismo mundo muchos "dioses", entonces la lucha entre egoístas y soberbios que pretenden imponer su libertinaje a los demás hace que los hombres en el mundo, en vez de buscar el apoyo solidario como hermanos e hijos de Dios, se conviertan en competidores que, de alguna manera, luchan por destruirse unos a otros. Este riesgo es actual y tiene su causa, como advierto, en la falta de respeto a la norma moral objetiva. 25.- Pero cuando la libertad va acompañada de la responsabilidad adecuada entonces es un derecho natural que debe ser reconocido y respetado por todos y protegido por la autoridad civil. Afirma el Catecismo: "Toda persona humana, creada a imagen de Dios, tiene el derecho natural de ser reconocida como un ser libre y responsable(...) El derecho al ejercicio de la libertad es una exigencia inseparable de la libertad de la persona humana, especialmente en materia moral y religiosa. Este derecho debe ser reconocido y protegido civilmente dentro de los límites del bien común y del orden público" (16).
NOTAS 12. Catecismo de la Iglesia Católica, no.2419 [Regresar] 13. Catecismo de la Iglesia Católica, no.1700 [Regresar] 14. Catecismo de la Iglesia Católica, no.1703 [Regresar] 15. Juan Pablo II, Redemptor hominis, no.21 [Regresar] 16. Catecismo de la Iglesia Católica, no.1738 [Regresar] |
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