COLECCIÓN NUEVA EVANGELIZACIÓN No. 6

 

CARTA PASTORAL

" La caridad de Cristo nos urge"


Subsidiariedad y solidaridad

46.- No niega la Iglesia la justa autonomía de las realidades terrenas solemnemente proclamada por el Concilio Vaticano II, pero la libre economía debe desarrollarse dentro de reglas fundamentales que debe proteger el Estado. "Existe ciertamente una legítima esfera de autonomía de la actividad económica, donde no debe intervenir el Estado. A éste, sin embargo, le corresponde determinar el marco jurídico dentro del cual se desarrollan las relaciones económicas y salvaguardar así las condiciones fundamentales de una economía libre, que presupone una cierta igualdad entre las partes, no sea que una de ellas supere de tal modo en poder a la otra que la pueda reducir prácticamente a esclavitud" (31).

47.- Por tanto, al Estado le corresponde una cierta intervención. "El Estado debe participar directamente o indirectamente. Indirectamente y según el principio de subsidiariedad, creando las condiciones favorables al libre ejercicio de la actividad económica, encausada hacia una oferta abundante de oportunidades de trabajo y de fuentes de riqueza. Directamente, y según el principio de solidaridad, poniendo, en defensa de los más débiles, algunos límites a la autonomía de las partes que deciden las condiciones de trabajo" (32).

48.- Como se ve, el Estado debe intervenir unas veces, indirectamente, según el principio de subsidiariedad, es decir, cuidando que "una estructura de orden superior no interfiera en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en cada caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común" (33).

49.- "El principio de subsidiariedad se opone a toda forma de colectivismo. Traza los límites de la intervención del Estado. Intenta armonizar las relaciones entre individuos y sociedad" (34).

50.- Se puede poner como ejemplo de buen gobierno de una sociedad la Providencia divina, es decir, el modo cómo gobierna Dios los seres de la creación. Pues Dios entrega a cada criatura las funciones que es capaz de ejercer, según las capacidades de su naturaleza. Este modo de gobierno debe ser imitado en la vida social. El comportamiento de Dios en el gobierno del mundo, que manifiesta tanto respeto a la libertad humana, debe inspirar la sabiduría de los que gobiernan las comunidades humanas.

51.- Otras veces, el Estado deberá intervenir de un modo indirecto, según el principio de solidaridad, es decir, según "el principio expresado también con el nombre de "amistad" o "caridad social", y que es una exigencia directa de la fraternidad humana y cristiana" (35).

52.- "La solidaridad se manifiesta en primer lugar en la distribución de bienes y la remuneración del trabajo. Supone también el esfuerzo a favor de un orden social más justo en el que las tensiones puedan ser mejor resueltas, y donde los conflictos encuentren más fácilmente su salida negociada" (36).

53.- Por otra parte, no hay que olvidar que otros factores influyen también en nuestra sociedad: la misma globalización, la cultura de los medios de comunicación, el uso y el abuso de "internet". Son múltiples los factores que, cuando se descontrolan, no permiten profundizar en conceptos como la verdad, el misterio, la gracia, la bondad, la belleza. Por el ritmo técnico de estos elementos se hace difícil la meditación, la reflexión personal, la profundización en las cosas verdaderamente importantes.

El bien común

54.- El bien común sólo puede ser definido con referencia a la persona humana. "Por el bien común, es preciso entender el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección. El bien común afecta a la vida de todos" (37). Y comporta tres elementos esenciales: el respeto a la persona humana, el bienestar social y la paz.

55.- El bien común "supone, en primer lugar, el respeto a la persona en cuanto tal. En nombre del bien común, las autoridades están obligadas a respetar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana. La sociedad debe permitir a cada uno de sus miembros realizar su vocación. En particular, el bien común reside en las condiciones de ejercicio de las libertades naturales que son indispensables para el desarrollo de la vocación humana: 'derecho a(…) actuar de acuerdo con la recta norma de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad, también en materia religiosa' (Gs 26, 2)" (38).

56.- "En segundo lugar, el bien común exige el bienestar social" (39). Esto quiere decir que cada uno pueda obtener lo que necesite para llevar una vida verdaderamente humana: alimento, vestido, salud, trabajo, educación y cultura; información adecuada, derecho de fundar una familia, etc. (40)

57.- En tercer lugar, "el bien común implica, finalmente, la paz, es decir, la estabilidad y la seguridad de un orden justo. Supone, por tanto, que la autoridad asegura, por medios honestos, la seguridad de la sociedad y la de sus miembros" (41). Ciertamente, el bien común tiene como meta el bien de la persona y su desarrollo, que es sobre todo el crecimiento de las virtudes personales, de forma que pueda conocer la verdad y vivir la justicia y el amor.

58.- "El bien común está siempre orientado hacia el progreso de las personas: el orden social y su progreso deben subordinarse al bien de las personas y no al contrario. Este orden tiene por base la verdad, se edifica en la justicia, es vivificado por el amor" (42).

59.- ¿Cómo se alcanza el bien común en una sociedad? Pues, no es misión exclusiva del Estado, sino que es labor de todos los ciudadanos. "Los ciudadanos deben cuanto sea posible tomar parte activa en la vida pública. Las modalidades de esta participación pueden variar de un país a otro o de una cultura a otra. Es de alabar la conducta de las naciones en las que la mayor parte posible de los ciudadanos participa con verdadera libertad en la vida pública" (43).

60.- Sin embargo, también las autoridades tienen un papel de suma importancia que desempeñar. "Corresponde a los que ejercen la autoridad reafirmar los valores que engendran confianza en los miembros del grupo y los estimulan a ponerse al servicio de sus semejantes(...) Podemos pensar, con razón, que la suerte futura de la humanidad está en manos de aquellos que sean capaces de transmitir a las generaciones venideras razones para vivir y para esperar" (44).

61.- Es evidente que un concepto erróneo de la persona, de la familia o de la sociedad genera inevitablemente un estilo en el cual, por ejemplo, el Estado podría estar invadiendo, tal vez sin pretenderlo, terrenos de la subjetividad o de la sociedad. Podría intentar conformar la cultura subordinándola a planteamientos ideológicos como el diseñar e inducir a un modelo de familia ajeno a los designios del Creador, o conformar una opinión pública de tal o cual modo. En resumen, imponer un relativismo ético moral muy fuerte, apelando a encuestas o movilizaciones de opinión pública.

62.- Estas situaciones, si ocurrieran, o por el simple peligro de que puedan presentarse, aconsejan que se conozca con claridad el verdadero sentido del "bien común". Porque la razón de ser del Estado es colaborar con la promoción de ese bien común. Y dentro de este objetivo, desde diversos ángulos, se pueden encontrar puntos de colaboración importantísimos de la Doctrina Social de la Iglesia que, como "experta en humanidad" (45), promueve, defiende y busca siempre el mismo bien.

Misión de la Iglesia y función del Estado

63.- El Papa Pablo VI, en su encíclica "Ecclesiam suam", nos enseña: "En este momento la Iglesia debe reflexionar sobre sí misma para confirmarse en el conocimiento de los planes divinos sobre ella, para encontrar mayor luz, nueva energía y mayor gozo en el cumplimiento de su misión y para determinar los modos más aptos para hacer más cercanos, operantes y benéficos sus contactos con la humanidad" (46).

64.- Debemos, pues, rechazar una concepción de la Iglesia como una estructura meramente institucional, privada de su misterio, como si fuera una especie de institución "multinacional" gobernada por hombres más o menos inteligentes. Recordemos -dijo Juan Pablo II a los Obispos de Alemania, recientemente- que la Iglesia como misterio no es "nuestra", sino "suya"; es el Pueblo de Dios, el Cuerpo de Cristo, el Templo del Espíritu Santo.

65.- La misión de la jerarquía de la Iglesia es de orden diverso a la función de la autoridad política. El fin de la Iglesia es sobrenatural y su misión es conducir a los hombres a la salvación eterna. Por eso, cuando el Magisterio se refiere a aspectos temporales del bien común, lo hace en cuanto deben ordenarse al bien supremo, nuestro último fin (47).

66.- "La Iglesia hace oír su voz ante determinadas situaciones humanas, individuales y comunitarias, nacionales e internacionales, para las cuales formula una verdadera doctrina que le permite analizar las realidades sociales, pronunciarse sobre ellas y dar orientaciones para la justa solución de los problemas derivados de las mismas" (48). El conjunto de estas enseñanzas sobre principios que deben regular la vida social se llama "Doctrina Social", y forma parte de la doctrina moral católica.

67.- También en este tema lo que orienta las enseñanzas de la Iglesia es la defensa de la persona humana y de sus derechos naturales. "Lo que constituye la trama y en cierto modo la guía de toda la Doctrina Social de la Iglesia es la correcta concepción de la persona humana y de su valor único, porque "el hombre(…) en la tierra es la sola criatura que Dios ha querido por sí misma" (Gaudium et Spes 24). En él ha impreso su imagen y semejanza (cfr. Gn 1,26), confiriéndole una dignidad incomparable(…) En efecto, aparte de los derechos que el hombre adquiere con su propio trabajo, hay otros derechos que no proceden de ninguna obra realizada por él, sino de su dignidad esencial de persona" (49).

68.- Algunas enseñanzas fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia son: 1) la dignidad trascendente -que no se acaba ni se perfecciona totalmente en su vida terrena- de la persona humana y la inviolabilidad de sus derechos; 2) el reconocimiento de la familia como célula básica de la sociedad fundada en el matrimonio, la educación y la moral pública; 3) las enseñanzas acerca del bien común y de la función del Estado (50).

 

NOTAS

31. Juan Pablo II, Centessimus annus, no.15 [Regresar]

32. Juan Pablo II, Centessimus annus, no.15 [Regresar]

33. Juan Pablo II, Centessimus annus, no.48 [Regresar]

34. Catecismo de la Iglesia Católica, no.1885 [Regresar]

35. Catecismo de la Iglesia Católica, no.1939 [Regresar]

36. Catecismo de la Iglesia Católica, no.1940 [Regresar]

37. Catecismo de la Iglesia Católica, no.1906 [Regresar]

38. Catecismo de la Iglesia Católica, no.1907 [Regresar]

39. Catecismo de la Iglesia Católica, no.1908 [Regresar]

40. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, no.1908 [Regresar]

41. Catecismo de la Iglesia Católica, no.1909 [Regresar]

42. Catecismo de la Iglesia Católica, no.1912 [Regresar]

43. Catecismo de la Iglesia Católica, no.1915 [Regresar]

44. Catecismo de la Iglesia Católica, no.1917 [Regresar]

45. Cfr. Paulo VI, Discurso en la ONU, Nueva York, 5 de octubre de 1965 [Regresar]

46. Pablo VI, Ecclesiam suam, no.13 [Regresar]

47. Cfr. Gaudium et spes, no.76 y Catecismo de la Iglesia Católica, no.2420 [Regresar]

48. Juan Pablo II, Centessimus annus, no.5 [Regresar]

49. Juan Pablo II, Centessimus annus, no.11 [Regresar]

50. Cfr. Gaudium et spes, no.76 y Catecismo de la Iglesia Católica, no.2420 [Regresar]

 

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