Mensaje del Arzobispo de Lima
y Primado del Perú,
Mons. Juan Luis Cipriani Thorne,
con motivo de la Navidad

Lima, diciembre de 2000

 

 

"En Belén a María se le cumplieron los días del alumbramiento, y llena del Espíritu, dio a luz al Primogénito de la nueva creación. Llamada a ser la Madre de Dios, María vivió plenamente su maternidad desde el día de la concepción virginal, culminándola en el Calvario a los pies de la Cruz" (Juan Pablo II, Bula 'el misterio de la Encarnación', n. 14).

En estos días de Navidad en que la Iglesia celebra los 2000 años del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, es preciso mirar al Niño, Amor nuestro, en la cuna. Hemos de mirarlo sabiendo que estamos delante de un misterio, como recordaba el Beato Josemaría Escrivá. Un misterio del amor de Dios por cada uno de nosotros. Un misterio que colma las ansias de paz y de alegría que tenemos todos los hombres y mujeres de buena voluntad. En suma, una verdad que nos presenta la Iglesia para ayudarnos a examinar nuestros corazones con humildad. No dejemos que la grandeza de esta luz que irradia Jesús al nacer y que nos guía en nuestras vidas, se vea oscurecida por nuestra indiferencia.

Veamos en este misterio, al contemplar nuestros nacimientos familiares hechos en los hogares, que Jesús vino a la tierra en medio de las circunstancias más normales y ordinarias: una mujer -¡la Virgen María!- que da a luz, en una familia en la que José -¡nuestro padre y señor!- la cuidó con especial ternura; y, un lugar, pobre y sencillo -¡el pesebre de Belén!- donde, como refiere la Escritura, se inauguraron la plenitud de los tiempos (cfr. Gálatas, 4, 4).

Al reflexionar en estos días sobre el sentido del nacimiento de Jesús, nos viene con fuerza a la mente y al corazón, ¡cuánto nos ama Dios que nos envía a su hijo Jesús! ¡Cuántos recuerdos llenos de agradecimientos a nuestros padres y familiares y cuántos propósitos de vivir con cariño la unidad entre hermanos, entre esposos, entre padres e hijos! Gracias a Jesús, María y José, la Sagrada Familia, queremos reforzar nuestro compromiso con esta institución maravillosa que hoy sufre tantos ataques y comprometernos en defenderla en privado y en público, entre nuestros amigos, en la opinión pública, en el cuidado con que las leyes deben no sólo respetarla sino protegerla y promoverla.

Que nadie se sienta excluido de la alegría de la Navidad, pues el motivo de este gozo es común para todos; en efecto, Jesucristo, nuestro Señor, vencedor del pecado y de la muerte, así como no encontró a nadie libre de culpa, así ha venido para salvarnos a todos. Aquí, en esta escuela de Belén, comprendemos mejor la necesidad de una mayor unidad entre la familia peruana, fortaleciendo entre todos un auténtico propósito de reconciliación nacional, basado en la verdad, la justicia y la caridad cristianas.

Al nacer en un lugar pobre y sencillo, nuestro Redentor también nos da una lección de solidaridad para que, movidos por el amor a todos, sepamos compartir como en una buena familia, los momentos de descanso, los regalos materiales sencillos y el lograr que nadie se sienta solo en estas fiestas plenas de gozo y paz alrededor del nacimiento.

Al terminar el Año Santo del Jubileo, queremos agradecer a Dios las abundantes gracias derramadas sobre todos nosotros y estamos seguros que al inaugurar el nuevo siglo XXI, veremos florecer en nuestra familia, en nuestra Patria y en el mundo entero una primavera de espiritualidad, que nos lleva a mirar a Jesús como el Único Salvador del mundo y depositar en Él nuestras esperanzas, y una floración de Solidaridad cristiana que cierre las enormes brechas económicas entre los hombres y mujeres de todo el mundo.

Unidos a todas las familias deseo expresarles mi cariñosa cercanía en estas fiestas de Navidad e impartirles mi bendición.

+Juan Luis Cipriani Thorne
Arzobispo de Lima y Primado del Perú

 

 

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