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MENSAJE
Queridos hermanos en Cristo Jesús: El Evangelio de San Lucas nos relata que un ángel del Señor se les presentó a los pastores para anunciarles: “no tengan miedo, les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo. Hoy en la ciudad de David, ha nacido el Mesías, el Salvador”. El nacimiento de Jesús, la Navidad, nos invita a todos a renovar la esperanza, este es el mensaje central de la Iglesia Católica. En cualquier familia, el nacimiento de un hijo trae alegría, trae esperanza a la madre, al padre, pero si ese hijo que ha nacido es Dios, entonces la alegría se convierte también en un propósito; porque nuestro hermano, el hijo de Dios, Jesús, quiere compartir su vida con cada uno de nosotros. Y Jesús quiere compartir con cada uno de nosotros, diciéndonos “estoy contigo, mira que me he hecho niño, me he hecho hombre, me he hecho trabajador, me he hecho enfermo, me he hecho joven, me he hecho anciano, para estar cerca de ti. Estoy contigo, para eso he venido a la tierra”. Por eso, junto a la esperanza, junto al saber que mi vida cambiará, la alegría de la Navidad guarda también esa dimensión humana, porque la familia se reúne, los hijos se reencuentran con sus padres, los hermanos vienen de lejos, y si había algún rencor, si había alguna envidia, pues desaparece, y en el día de Navidad todo se convierte en gozo. Busquemos la conversión, pidamos a Cristo ese cambio en el corazón, diciendo: Señor, dame un corazón puro, donde no haya odios ni venganzas, para que los que tienen más ayuden a los que tienen menos, y para que toda la familia peruana, contemplando el nacimiento de Jesús, pueda decir: “con este corazón, Dios mío, estoy dispuesto a luchar para ser mejor, para alejar de mi pensamiento todo lo que es pecado, todo lo que hace daño a nuestro país, a nuestra sociedad”. Creo que la Navidad este año tiene un color maravilloso, un color que Juan Pablo II ha puesto con su ejemplo que da esperanza y alegría. Y si me preguntas ¿cómo puedo recibir bien esta Navidad?, pues te doy un consejo: recibe esta Navidad con el asombro de la Virgen María. ¿Se imaginan –especialmente ustedes, mujeres y madres- estar esperando un niño, y que ese niño sea Dios?..... Madre mía, San José, enséñanos a vivir como esa sagrada familia que hoy nos llena de gozo, nos llena de propósitos, y que a este pueblo peruano lo llena de esa luz, una luz que ilumina porque Dios se ha hecho hombre. Quiero compartir con ustedes esta reflexión de cercanía, e impartirles con todo afecto, a todos los que nos siguen desde todos los rincones del país, la bendición de Dios: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Que el Señor esté y permanezca con ustedes siempre. Feliz Navidad para todos. 24 de diciembre de 2003
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