MENSAJE
DEL CARDENAL JUAN LUIS CIPRIANI POR
DOMINGO DE RESURRECCIÓN
- 19 de abril de 2003 -
| Queridos hermanos en Cristo: Hemos terminado el Triduo Pascual en el que la Iglesia ha recordado ese mensaje central de la fe, celebrando la institución de la eucaristía y del sacerdocio en el Jueves Santo, la Pasión y muerte del Señor en el Viernes Santo, y la espera por la alegría de la resurrección en el Sábado de Gloria. Ahora tenemos el gozo de saber que Dios ha vencido el mal, y por ello nuestra vida adquiere una dimensión nueva de esperanza, de alegría, de optimismo. No queremos olvidar la necesidad del dolor y de la cruz, pero tampoco debemos olvidar la fe, recordando lo que nos dijo San Pablo: "si no hubiera resucitado Jesús, vana sería nuestra fe". Por eso, hermanos, hoy la Iglesia se llena de júbilo igual que todos nuestros corazones, porque al contemplar a Cristo resucitado nos ponemos gozosos, sabiendo que todos nuestros problemas y todas nuestras dificultades tendrán desde hoy una luz nueva. Sabemos que el pecado tiene redención, sabemos que nuestros padres y nuestros hijos tienen una vida eterna, vamos caminando hacia ella y por eso debemos recordar que la alegría del alma siempre será una señal del cristiano. Esa alegría es por saber que somos hijos de Dios y porque nuestro Padre Dios tuvo la maravillosa iniciativa de regalarnos a su Hijo, quien al resucitar nos dijo: no tengan miedo. Estén en paz, esta humanidad que parece convulsionada debe volver por los caminos de la paz, y esa paz solamente tiene una respuesta: Cristo ha resucitado. Por eso hoy el Santo Padre nos envía esa bendición a todos los hogares, a todos los corazones, diciéndole a la humanidad entera: tu Cristo, tu Dios, vive. Y yo como Pastor, siguiendo las enseñanzas del Papa, quiero impartir mi bendición a todos los hogares y a todos los corazones de los peruanos. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Así sea. |
| [Reseña histórica de
la arquidiócesis] |