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CATEQUESIS MARIANAS A continuación se presentan los temas para las seis (6) Catequesis:
Lunes 29 de Noviembre
Martes 30 de Noviembre
Miércoles 01 de Diciembre
Jueves 02 de Diciembre
Viernes 03 de Diciembre
Sábado 04 de Diciembre
CARTA ENCÍCLICA“REDEMPTORIS MATER”INTRODUCCIÓN – I PARTE (nn. 1-24)1. La Madre del Redentor tiene un lugar preciso en el plan de la salvación, porque “al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley...” (Gal 4, 4-6). 2. La Iglesia camina en el tiempo hacia la consumación de los siglos recorriendo el itinerario realizado por la Virgen María. 3. María apareció antes que Cristo en el horizonte de la historia de la salvación, este “preceder” suyo a la venida de Cristo, se refleja cada año en la liturgia de Adviento. La presencia de María en medio de Israel resplandecía ante el Eterno, el cual la había asociado al plan salvífico que abarcaba toda la historia de la humanidad. 4. El Concilio Vaticano II nos presenta en su magisterio a la Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Sólo en el misterio de Cristo se esclarece plenamente el misterio de María. El misterio de la Encarnación nos permite penetrar y esclarecer cada vez mejor el misterio de la Madre del Verbo hecho hombre. 5. María como Madre de Cristo está unida de modo particular a la Iglesia. La realidad de la Encarnación encuentra casi su prolongación en el misterio de la Iglesia-Cuerpo de Cristo. 6. La peregrinación de fe indica la historia interior, que es también la historia de los hombres. María sigue precediendo al Pueblo de Dios, su peregrinación de fe es un punto de referencia constante para toda la Iglesia y para toda la humanidad. Es difícil abarcar y medir su radio de acción. María es ya el cumplimiento escatológico de la Iglesia, al mismo tiempo no deja de ser Estrella del mar que guía a todos los que aún seguimos en el camino de la fe. I PARTEMARÍA EN EL MISTERIO DE CRISTO1. Llena de gracia7. Dios tiene un plan universal que comprende a todos los hombres, todos están incluidos en el plan de salvación que se ha revelado con la venida de Cristo. Este plan divino que es eterno, separa un lugar especial a la Madre de Cristo, a quién el Padre a confiado la obra de la salvación. 8. A través de la anunciación del ángel, María es introducida definitivamente en el misterio de Cristo. La Virgen es llamada “llena de gracia” y “bendita entre las mujeres”, la razón de este doble saludo es porque en el alma de María se ha manifestado, en cierto sentido, toda la gloria de su gracia. El ángel la llama “llena de gracia” como si este fuera su verdadero nombre. Llena de gracia significa un don especial que es fruto del amor y de la elección de Dios Padre, significa también que es una bendición singular de entre todas las bendiciones. 9. La plenitud de gracia indica la dádiva sobrenatural con que es bendecida María. Ella ha sido elegida y destinada a ser Madre de Cristo y su elección es excepcional y única, de aquí la singularidad y unicidad de su lugar en el misterio de Cristo. La donación que Dios hace de sí mismo a la creación y al hombre, encuentra en el misterio de la Encarnación, uno de sus vértices. 10. En virtud de los méritos redentores del que sería su Hijo, María ha sido preservada de la herencia del pecado original, Ella desde el primer instante de su concepción es de Cristo, es decir, participa de su gracia salvífica y santificante. 11. El misterio de la Encarnación constituye el cumplimiento de la promesa hecha por Dios a los hombres después del pecado original. Viene al mundo un Hijo, “el linaje de la mujer”, que derrotará el mal en su misma raíz: “aplastará la cabeza de la serpiente”, esta victoria se dará con una dura lucha que penetrará toda la historia humana. María está en el centro de aquella enemistad, y en este lugar Ella lleva en sí la gloria de la gracia. 2. Feliz la que ha creído12. María ha llegado a estar realmente presente en el misterio de Cristo porque “ha creído”, Ella supo responder al don de la plenitud de la gracia que Dios le concedió. 13. En la Anunciación María se abandona a Dios completamente y manifiesta así la “obediencia de la fe”, respondiendo con todo su “yo” humano. En esta respuesta estaba contenida una cooperación perfecta con la gracia de Dios. El misterio de la Encarnación se ha realizado en el momento en el cual María ha pronunciado por medio de la fe su fiat. 14. La fe de María puede también compararse a la fe de Abraham, ya que su fe da comienzo a la Nueva Alianza. En la Anunciación, la fe de María encuentra su momento culminante pero a la vez es el punto de partida donde se inicia todo su camino hacia Dios, camino de fe marcado por la obediencia. 15. María ha crecido en medio de la expectativa del pueblo de Israel que estaba a la espera de su Hijo, el Mesías prometido. 16. María oye después otras palabras, las de Simeón en el Templo de Jerusalén, quien confirma la verdad de la Anunciación, las palabras de Simeón dan nueva luz al anuncio que María a oído del ángel. Este anuncio de Simeón es como un segundo anuncio para María, en el cual se revela que Ella deberá vivir el sufrimiento al lado de su Hijo. 17. Cuando la Sagrada Familia regresa a Nazaret, comienza la vida oculta de Jesús y María; junto con la vida de Jesús, María está oculta con Cristo en Dios por medio de la fe. María está constantemente y diariamente en contacto con el misterio inefable de Dios que se ha hecho hombre. María está en contacto con la verdad de su Hijo únicamente en la fe y por la fe, por ello es bienaventurada pues ha creído y cree cada día. La Virgen lleva consigo la radical “novedad” de la fe: el inicio de la Nueva Alianza. Ella fue la primera criatura humana admitida al descubrimiento de Cristo. 18. María se asoció con corazón maternal al sacrificio de Jesús, mantuvo fielmente su unión con su Hijo hasta la Cruz, su unión por medio de la fe. A los pies de la Cruz, María participa por medio de la fe en el desconcertante misterio del despojamiento de Cristo. 19. A los pies de la Cruz, las palabras de Isabel “¡Feliz la que ha creído!”, resuenan con más elocuencia. Desde la Cruz, se extiende el radio de acción de aquella bendición de fe otorgada a María y se remonta “hasta el comienzo” de los tiempos convirtiéndose en contrapeso de la desobediencia de nuestros primeros padres. El nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de la Virgen María, por ello la llamamos “Madre de los vivientes”. 3. Ahí tienes a tu Madre20. Las palabras “¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!” (Lc 11, 27) son una alabanza para María, gracias a su maternidad, Jesús es un verdadero hijo del hombre, es carne como todo hombre, es carne y sangre de María. “Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan” (ver Lc 11, 28), estas palabras quieren quitar la atención de la maternidad entendida solamente como vínculo de carne, para orientarla hacia el misterioso vínculo del espíritu, que se forma en la vivencia de la Palabra de Dios. “Mi Madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen” (ver Lc 8, 20-21). Si por medio de la fe María se ha convertido en la Madre de Jesús, podemos afirmar que esta maternidad le pertenece desde el comienzo, es decir desde la concepción y del nacimiento del Hijo, porque desde entonces era “la que ha creído”. 21. En las Bodas de Caná María está presente como la Madre de Jesús, y contribuye al comienzo de las señales de su Hijo. Este hecho delinea con bastante claridad la nueva dimensión de la maternidad de María, una maternidad según el espíritu y no únicamente según la carne y también deja ver su solicitud por los hombres. El salir al encuentro de las necesidades del hombre introduce a María en la misión del Hijo. María se pone en medio y se hace mediadora en su papel de Madre, su mediación tiene un carácter de intercesión. María es portavoz de la voluntad de su Hijo “Haced lo que él os diga”, la Virgen aparece como la que cree en Jesús, y su fe provoca la primera “señal” y contribuye a suscitar la fe de los discípulos. 22. El pasaje de Caná nos muestra que la intercesión de María está orientada plenamente a su Hijo, y que su función materna es ilustrada en su relación con la mediación de Cristo. 23. El Pasaje de María al pie de la Cruz confirma su maternidad en la economía de la salvación. Si la maternidad de María respecto a los hombres había sido delineada en Caná, ahora es precisada y establecida claramente “Mujer ahí tienes a tu Hijo” (Jn 19, 25-27). 24. Las palabras de Jesús significan que la maternidad de María encuentra una nueva continuación en la Iglesia y a través de la Iglesia, simbolizada y representada por Juan. Su maternidad sobre la Iglesia es reflejo de su maternidad respecto a Jesús. [Regresar]
CARTA ENCÍCLICA“REDEMPTORIS MATER”II PARTE (nn. 25-37) LA MADRE DE DIOS EN EL CENTRO DE LA
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CATEQUESIS 3 |
38. La Iglesia sabe y enseña que uno solo es nuestro mediador. La misión maternal de María no oscurece ni disminuye la mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder, es mediación en Cristo.
Al mismo tiempo la mediación de María tampoco impide la unión con Cristo, más bien la fomenta. Su mediación está íntimamente ligada a su maternidad y es al mismo tiempo especial y extraordinaria.
39. María da su consentimiento a la elección de Dios para que sea la Madre de su Hijo, este consentimiento suyo es fruto de la donación total a Dios en la virginidad, es decir, María aceptó la elección para ser la Madre de Cristo guiada por el amor esponsal que consagra totalmente a una persona a Dios. Esta donación de María se ve en su respuesta “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).
María reúne de manera perfecta en sí misma el amor propio de la virginidad y el amor característico de la maternidad, unidos y como fundidos juntamente.
María estaba particularmente predispuesta a la cooperación con su Hijo, único mediador de la salvación, tal cooperación es precisamente esta mediación subordinada a la de Cristo.
40. Después de la resurrección y de la ascensión, María espera en el cenáculo con los apóstoles la venida del Espíritu Santo, estaba en medio de ellos como Madre del Señor Glorificado, así se forja una relación especial entre María y la Iglesia.
María que se ha entregado sin reservas a la misión de su Hijo, no podía dejar de volcar sobre la Iglesia su ayuda maternal. Después de la ascensión del Señor, su maternidad permanece como mediación en la historia de la Iglesia y del mundo, y la Iglesia expresa esta verdad invocándola con los nombres de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora.
41. María, por su mediación, contribuye de manera especial a la unión de la Iglesia peregrina con la realidad escatológica y celestial de la comunión de los santos, habiendo sido ya asunta a los cielos.
En el misterio de la Asunción se expresa la fe de la Iglesia, según la cual María que estuvo unida a Cristo en su primera venida, por su cooperación constante lo estará también en su segunda venida.
42. La Madre de Dios es tipo de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo.
Como sierva del Señor, María permaneció perfectamente fiel a la persona y a la misión de su Hijo y como Madre, creyendo y obedeciendo, engendró al Hijo del Padre por obra del Espíritu Santo.
43. La Iglesia al igual que María, llega a ser Madre cuando acoge la Palabra de Dios y por medio del bautismo engendra hijos e hijas de la familia humana a una vida nueva en Cristo.
La Iglesia aprende de la maternidad de María su propia maternidad y reconoce la dimensión materna de su vocación, unida a su naturaleza sacramental. A ejemplo de María la Iglesia es la Virgen fiel y la esposa de Cristo y es quien custodia la fe recibida de Señor.
44. María está presente en la Iglesia como modelo, pero también coopera con amor maternal a la generación y educación de los hijos e hijas de la Madre Iglesia.
La maternidad de María ha sido comprendida y vivida por los cristianos en la Eucaristía, en la cual el Cuerpo de Cristo, nacido de María, se hace presente.
45. La maternidad de María es un don que Cristo mismo hace personalmente a cada hombre. Cristo confía María a Juan, en la medida en que confía Juan a María.
La dimensión mariana de cada cristiano se manifiesta mediante su entrega filial a la Madre del Señor, cuando la acoge y la introduce en todo el espacio de su vida interior, es decir en su yo humano y cristiano.
46. Esta relación filial, no sólo tiene su comienzo en Cristo, sino que se orienta hacia Él. Se puede afirmar que María sigue repitiendo “Haced lo que él os diga” (Jn 2, 5).
María es la primera testigo del amor salvífico del Padre y la primera que ha creído, y precisamente con esta fe suya de esposa y de madre quiere actuar sobre todos los que se entregan a ella como hijos.
Esta dimensión mariana en la vida cristiana adquiere un acento peculiar respecto a la mujer y a su condición; la mujer al mirar a María, encuentra en ella el secreto para vivir dignamente su feminidad y para llevar a cabo su promoción.
47. Durante el Concilio Vaticano II el Papa Pablo VI proclamó solemnemente que María es Madre de la Iglesia, es decir de los fieles y de los pastores, y el magisterio del Concilio ha subrayado que la verdad sobre la Santísima Virgen es un medio eficaz para profundizar en la verdad de la Iglesia.
María también participa en aquella batalla contra el poder de las tinieblas que se desarrolla a lo largo de toda la historia humana.
48-50. Iniciativa similar tuvo Pío XII en 1954, con el fin de resaltar la santidad excepcional de la Madre de Cristo expresada en los misterios de su Inmaculada Concepción (definida exactamente un siglo antes) y de su Asunción a los cielos.
La espiritualidad mariana, a la par de la devoción correspondiente, encuentra una fuente riquísima en la experiencia histórica de las personas. Hoy en día existen muchas y nuevas manifestaciones de esta espiritualidad y devoción.
Como Pueblo de Dios, la Iglesia realiza su peregrinación hacia la eternidad mediante la fe. Desde el día de Pentecostés, María precede constantemente a la Iglesia en este camino a través de la historia.
La Iglesia es llamada no solamente a recordar la cooperación de María en la obra de la salvación, sino a preparar, de cara al futuro, las vías de esta cooperación maternal.
51. El mismo Dios ha querido llamar al hombre a participar de la naturaleza divina, disponiendo su “divinización”, de suerte que después del pecado está dispuesto a restablecer el designio de su amor mediante la humanización del Hijo, consubstancial a Él. En el centro de este misterio salvífico se halla María.
52. La historia del hombre ha estado acompañada siempre por el “gran cambio”. Es el cambio entre el caerse y el levantarse, entre la muerte y la vida, y es también un desafío a las conciencias humanas de seguir la vía del “no caer” y del “levantarse” si ha caído. Este cambio acompaña a todo hombre en concreto.
La Iglesia se dirige a su Madre implorando su auxilio, pues la ve profundamente arraigada en la historia de la humanidad, la ve presente en la vida de sus hijos, de las familias y de las naciones, y la ve socorriendo al pueblo cristiano que lucha entre el bien y el mal para que no caiga o, si cae, se levante.
1. El Rosario de la Virgen María es una oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio de la Iglesia y de gran significado, destinada a producir frutos de santidad.
Aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología, porque con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor.
2. Muchos Pontífices le han atribuido gran importancia a esta oración, como por ejemplo: León XIII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II.
En el rezo del Rosario, pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo y nos ponen en comunión vital con Él a través del Corazón de su Madre. Asimismo, nuestro corazón puede incluir en las decenas del Rosario todos los hechos que entraman la vida cotidiana.
3. El Rosario, comprendido en su pleno significado, conduce al corazón mismo de la vida cristiana y ofrece una oportunidad ordinaria y fecunda para la contemplación personal. Recitar el Rosario es en realidad contemplar el rostro de Cristo.
Por ello el Santo Padre proclamó de Octubre del 2002 a Octubre de 2003 el año del Santo Rosario.
4. Esta iniciativa se basa en diversas consideraciones:
5. El Rosario es un medio sumamente válido para favorecer en los fieles la contemplación del misterio cristiano.
Es urgente que nuestras comunidades cristianas se conviertan en “auténticas comunidades de oración”. El Rosario forma parte de la mejor y más reconocida tradición de la contemplación cristiana.
6. Algunas circunstancias históricas ayudan a dar un nuevo impulso a la propagación del Rosario. Hoy más que nunca es necesario ofrecerlo por la paz y por la familia.
7. Numerosos signos muestran cómo la Santísima Virgen ejerce hoy aquella solicitud materna para con todos los hijos de la Iglesia.
Son conocidas las distintas circunstancias en las que la Madre de Cristo ha hecho de algún modo, notar su presencia y su voz para exhortar al Pueblo de Dios a recurrir a esta oración contemplativa.
8. Son innumerables los santos que han encontrado en el Rosario un auténtico camino de santificación: San Luis María Grignion de Monfort, el Padre Pío de Pietralcina, el Beato Bartolomé Longo, el Papa León XIII, entre otros.
9. Es deber de todo cristiano el fijar los ojos en el rostro de Cristo y descubrir su misterio en el camino de la vida cotidiana, para así disponerse a acoger el misterio de la vida trinitaria y experimentar el amor del Padre y la alegría del Espíritu Santo.
10. La contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece de un modo especial.
Ya desde la Anunciación los ojos de María se han concentrado en el Señor con una mirada siempre llena de adoración y asombro, mirada que no se aparatará jamás de Él, sino que lo acompañará durante su vida.
11. María vive mirando a Cristo y tiene en cuenta cada una de sus palabras. Los recuerdos de Jesús la han acompañado en todo momento, llevándola a recorrer con el pensamiento los distintos episodios de su vida junto a su Hijo.
María propone continuamente a los creyentes los “misterios” de su Hijo, para que sean contemplados y derramen toda su fuerza salvadora. Con el rezo del Rosario se entra en sintonía con el recuerdo y la mirada de María.
12. El Rosario, precisamente a partir de la experiencia de María, es una oración contemplativa, sin esta dimensión, se desnaturalizaría.
13. La contemplación de María es un recordar (zakar) que actualiza las obras realizadas por Dios en la historia de la Salvación, estos acontecimientos nos son sólo un ayer, sino también el “hoy” de la salvación.
Esta actualización se realiza de modo particular en la liturgia, que es acción de Cristo y de la Iglesia y a su vez acción salvífica por excelencia. El Rosario en cuanto meditación sobre Cristo con María es contemplación saludable.
14. Se trata de comprenderle a Cristo que es el Maestro por excelencia, revelador y revelación.
María es la maestra que nos introduce en el misterio de su Hijo; recorrer con Ella las escenas del Rosario es como ir a la “escuela” de María para leer a Cristo, para ahondar y entender su mensaje.
15. En el recorrido del Rosario, el ideal de configurarse con Cristo, se consigue a través de la incesante contemplación de su rostro, ya esta contemplación nos introduce naturalmente en la vida de Cristo.
María como Madre de la Iglesia engendra continuamente hijos para el Cuerpo místico del Hijo. Ella nos educa y nos modela con la misma diligencia, hasta que Cristo “sea formado” en nosotros.
16. Cristo mismo nos ha invitado a dirigirnos a Dios con insistencia y confianza. El Rosario es a la vez meditación y súplica. La plegaria insistente a la Madre de Dios se apoya en la confianza de que su materna intercesión lo puede todo ante el corazón del Hijo.
17. El Rosario es también un itinerario de anuncio, en el que el misterio de Cristo es presentado continuamente.
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CATEQUESIS 5 |
18. A la contemplación del rostro de Cristo se llega escuchando la voz del Padre, pues “nadie conoce bien al Hijo sino el Padre” (Mt 11, 27).
El Rosario es una oración de orientación profundamente cristológica, su elemento más característico que es la repetición litánica “Dios te salve, María”, se convierte también en una alabanza a Cristo.
19. Para resaltar el carácter cristológico del Rosario, el Santo Padre ha considerado oportuno incorporar los misterios de la vida pública de Cristo, desde el Bautismo a la Pasión, ya que es durante la vida pública de Jesús cuando su misterio se manifiesta como misterio de luz “mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo” (Jn 9, 5).
20. El primero se caracteriza por el gozo que produce el misterio de la encarnación, esto es evidente desde la anunciación; a este anuncio apunta toda la historia de la salvación.
El regocijo se percibe también en la escena del encuentro con Isabel, dónde de la voz de María hace saltar a Juan en el vientre de su madre. Igualmente llena de gozo es la escena del nacimiento de Jesús en Belén.
Los dos últimos misterios, que también están llenos de gozo, anticipan algunos indicios del drama; en la presentación en el Templo, junto a la dicha de la consagración del niño Jesús está la profecía de Simeón. Gozoso y dramático es también el episodio del hallazgo de Jesús en el Templo a los doce años.
Meditar en estos misterios significa adentrarse en los motivos de la alegría cristiana.
21. Cada uno de estos misterios revela el Reino de Dios ya presente en la persona de Cristo y que se manifiesta en su vida pública. Se llaman misterios de luz porque todo el misterio de Cristo es luz, Él es la luz del mundo. Juan Pablo II señala los siguientes momentos de la vida de Jesús como misterios de luz:
Excepto en el misterio de Caná, en los demás misterios la presencia de María queda en el trasfondo.
22. Los misterios de dolor llevan al creyente a revivir la muerte de Jesús poniéndose al pie de la cruz junto a María para interiorizar el inmenso amor de Dios al hombre y sentir su fuerza reconciliadora.
Se abren con el episodio de Getsemaní, donde el Señor a pesar de la agonía y angustia, se adhiere a la voluntad del Padre; el costo de este “si” suyo le costará la flagelación, la coronación de espinas, la subida al calvario hasta la muerte en la Cruz.
23. La contemplación del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado porque Él es el Resucitado. Contemplando la resurrección el cristiano descubre las razones de su fe y revive la alegría.
A la gloria de la Ascensión de Cristo a la derecha del Padre, sería elevada María con la Asunción, anticipando así el destino reservado para todos los hombres. Coronada de gloria María resplandece como Reina de los Ángeles y Santos.
En el medio de estos misterios se encuentra el episodio de Pentecostés, que muestra a la Iglesia reunida como familia en espera del Espíritu Santo y dispuesta para la misión evangelizadora.
Estos misterios alimentan en el creyente la esperanza en la meta escatológica.
24. Los misterios del Rosario nos preparan y ayudan para conocer los misterios de la vida de Cristo y a Cristo mismo.
Nos conducen por el camino de María pues los misterios de Cristo son también los misterios de María.
25. Quien contempla a Cristo recorriendo las etapas de su vida, descubre también en Él la verdad sobre el hombre.
El Rosario ayuda a abrirse a esta luz, siguiendo el camino de Cristo, el cual “recapitula” el camino del hombre.
CATEQUESIS 6 |
26. El Rosario se basa en el método de la repetición que a simple vista podría pensarse que es poco práctico, pero ha de tomarse como expresión del amor que no se cansa de dirigirse a la persona amada.
Para comprender el Rosario hay que entrar en la dinámica del amor, la repetición del Ave María se dirige directamente a María y el acto de amor, con Ella y por Ella, se dirige a Jesús. La repetición favorece al deseo de configuración que tenemos.
27. Dios se comunica con el hombre respetando su naturaleza y ritmos vitales, por ello la espiritualidad cristiana se caracteriza por implicar a toda la persona, en su realidad psicofísica y relacional. Por ello no debe extrañarnos que la relación con Cristo se sirva de la ayuda de un método.
28. El Rosario forma parte de la fenomenología religiosa universal, pero tiene características propias que responden a las exigencias de la vida cristiana.
El Rosario como método de contemplación puede ser mejorado, a esto se debe la incorporación de los misterios de luz. El Rosario, como método, debe ser utilizado con respecto al fin y no como un fin en sí mismo.
29. Enunciar el misterio y contemplar una imagen que lo represente es como abrir un escenario en el cual centrar nuestra atención.
Dentro de la espiritualidad que se ha desarrollado en la Iglesia, siempre se ha recurrido al elemento visual e imaginativo, considerándolo de gran ayuda. El mismo Señor Jesús asume rasgos humanos, y es por esa realidad corpórea que entramos en contacto con su misterio divino.
30. Para darle fundamento bíblico al enunciado es útil que le siga la proclamación del pasaje bíblico correspondiente, así se dejará “hablar a Dios”.
31. Es conveniente que después de enunciar el misterio y proclamar la Palabra, se haga un momento de silencio para concentrar el espíritu en el contenido de un determinado misterio.
32. Después de haber escuchado la Palabra y haber centrado la atención en el misterio, el ánimo se eleva al Padre. El Padrenuestro que Jesús nos enseñó, nos introduce en la intimidad del Padre y en ella nos hacemos hermanos de Cristo y entre nosotros.
33. Es el elemento más extenso y el que lo hace una oración mariana por excelencia. Es a la luz del Ave María donde se nota que esta oración no se opone a lo cristológico, sino más bien lo subraya y exalta.
34. Cuando recorremos el Rosario nos encontramos constantemente ante el misterio de la Santísima Trinidad, por ello es importante que el Gloria, culmen de la contemplación, sea bien resaltado en el Rosario. La glorificación trinitaria en cada decena adquiere su justo tono contemplativo.
35. Habitualmente después del Gloria, sigue una jaculatoria que varía según las costumbres, pero es oportuno señalar que la contemplación de los misterios puede expresar mejor toda su fecundidad si se procura que cada misterio concluya con una oración dirigida a alcanzar los frutos específicos de la meditación del misterio.
36. Es el instrumento tradicional para rezar el Santo Rosario, debe tenerse en cuenta que el rosario está centrado en el Crucifijo que abre y cierra la oración. En cuanto que sirve para llevar la cuenta en la oración, el rosario evoca el camino de la contemplación y de la perfección cristiana.
Asimismo, es como una cadena filial que nos pone en sintonía con María y con el propio Cristo.
37. En la práctica corriente, hay varias formas de iniciar el Rosario (con el Salmo 69, rezando el Credo, etc.), éstos y otros modos, en la medida que ayudan a la disposición, son legítimos.
Para fomentar la proyección eclesial de esta oración, la Iglesia ha querido enriquecerlo con santas indulgencias para quien lo recita con las debidas disposiciones.
38. El Rosario puede recitarse entero cada día y eso es muy laudable. Esta oración impregna los días de muchos contemplativos y acompaña a enfermos y ancianos que tienen tiempo disponible para rezarlo completo.
La distribución semanal de los misterios, da a los días de la semana un cierto “color” espiritual, análogamente a lo que hace la Sagrada Liturgia en el año litúrgico.
Pero ¿Dónde introducir lo misterios de la luz? Los días jueves.
“Rosario bendito de María, cadena dulce que nos unes con Dios”
39. Lo dicho hasta ahora demuestra la riqueza de esta oración tradicional, en la cual la Iglesia ha visto siempre una particular eficacia, confiando las causas más difíciles a su recitación comunitaria y a su práctica constante.
40. El Rosario es una oración orientada hacia la paz, pues en él se contempla a Cristo, príncipe de la paz y nuestra paz, y porque promueve la caridad mostrándonos el rostro de Cristo en los hermanos que más sufren.
El Rosario nos hace constructores de paz, de este modo en vez de ser una “huida del mundo”, nos impulsa a examinar y afrontar los problemas que en él encontramos.
41. El Rosario es desde siempre una oración de la familia y por la familia, es una preciosa herencia que no debe ser descuidada, pues ella se presta particularmente para reunir a la familia y mantenerla unida.
Rezar el Rosario en familia significa introducir en ella la imagen del Redentor y de su Madre santísima, reproduciendo el clima de la casa de Nazaret, teniendo a Jesús en el centro para compartir con Él las alegrías y dolores, necesidades y proyectos y obteniendo de Él, la esperanza y fuerza para el camino.
42. Es fructuoso confiar a esta oración el crecimiento de los hijos, hoy más que nunca que es más difícil para los padres seguir a los hijos en las etapas de sus vidas.
Los mensajes de todo tipo y las experiencias más imprevisibles hacen mella en la vida de los chicos y adolescentes y esto es motivo de angustia para los padres de familia.
Rezar el Rosario por los hijos y con los hijos no es ciertamente la solución, pero si una gran ayuda espiritual que no se debe minimizar. Se podría objetar que el Rosario no responde a la atracción de los jóvenes, pero si se presenta bien, ellos podrían hacer propia esta oración con el entusiasmo que los caracteriza.
43. Una oración tan fácil y tan rica merece ser recuperada por la comunidad cristiana. Los Obispos, sacerdotes y diáconos, agentes pastorales, teólogos, consagrados y consagradas y todos los laicos, somos los llamados a ser sus diligentes promotores.
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