Presentación
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PRESENTACIÓN

Las palabras que María Santísima dirigió a Santa Bernadette Soubirous, “Soy la Inmaculada Concepción”, resuenan con particular intensidad en este año 2004 en el que la Iglesia celebra el 150 aniversario de la definición solemne del dogma proclamado por el beato Papa Pío IX en la Constitución apostólica “Ineffabilis Deus”.

A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María “llena de gracia” por Dios (Lc 1, 28) había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción: “…la bienaventurada Virgen María fue preservada de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano”1.

 Esta resplandeciente santidad del todo singular, de la que Ella fue “enriquecida desde el primer instante”2, le viene toda entera de Cristo: Ella es “redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo”3. Dios la eligió a Ella, la llamó gratuitamente, para ser la Madre de su Hijo, y en previsión de su maternidad divina es concebida sin pecado original. María aparece así como el primer fruto, y maduro, de la Pascua de Cristo. En Ella se cumple lo que San Pablo nos dice: “Si por el delito de uno solo murieron todos, ¡cuánto más la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un solo hombre Jesucristo, se han desbordado sobre todos!” (Rom 5, 15).

La Iglesia de Lima está viviendo un tiempo intenso de evangelización, a través de la Gran Misión “Remar Mar Adentro”. Pero, “es imposible pensar en la misión de la Iglesia sin contar con María, su Madre, Modelo y Figura. De allí que en el esfuerzo pastoral que significará la Gran Misión Remar Mar Adentro, profundicemos también en nuestra devoción a la Santísima Virgen, a fin de que sea Ella la Madre que nos ayude a contemplar el rostro de su Hijo”4.

Por todo ello, he visto conveniente que la Iglesia particular de Lima se prepare adecuamente, a través de un conjunto de actividades, para celebrar tan trascendental aniversario mariano.

Para lograr tal fin, me es muy grato presentarles la publicación, “La Inmaculada Concepción – Celebraciones”, preparada por la Oficina de Pastoral de la Arquidiócesis de Lima. En ella se contienen el Programa y los Subsidios necesarios que nos permitirán celebrar adecuadamente los 150 años del dogma de la Inmaculada Concepción de Santa María.

Finalmente, no olvidemos que la contemplación de este misterio no nos distrae de la espiritualidad del tiempo de Adviento, centrada en la espera del Salvador, sino que la hace más atenta, pues María Inmaculada es la aurora que anuncia la Luz, es la bella y purísima Luna que recoge los rayos del Sol de Justicia, se nutre de ellos y los refleja de la mejor manera posible, anunciando así que pronto “nos visitará el Sol que nace de lo Alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc 1, 79), es decir para conducir nuestras vidas por la senda de la reconciliación.

 

JUAN LUIS CARDENAL CIPRIANI THORNE
Arzobispo de Lima y Primado del Perú

Lima, 7 de Octubre de 2004
Nuestra Señora, la Virgen del Rosario

NOTAS

1. Pío IX, Constitución Apostólica Ineffabilis Deus, n. 18; DS, 2803. [Regresar]

2. Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática Lumen Gentium, n. 56. [Regresar]

3. Ibid. n. 53. [Regresar]

4. Arquidiócesis de Lima, La Gran Misión Remar Mar Adentro – Etapa de Preparación, p. 19. [Regresar]

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