Miércoles, 18 de Julio de 2018

Frutos de la Adoración Perpetua

Recibimos 5 gracias cada vez que visitamos a Jesús en el Santísimo que son: Restauración, Santidad, conversión, reparación y salvación. En cada hora Santa que hacemos, nuestro Señor a través de sus llagas gloriosas nos transfigura y nos cambia por medio de su amor sanador.

Otro fruto que obtenemos es el nacimiento y crecimiento de las vocaciones sacerdotales, el embellecimiento de nuestras almas, ayuda a traer la paz a las familias, al mundo entero, saber cuanto nos ama Jesús ahora, como le reveló Jesús a Santa Margarita María: “he aquí este corazón que ama tanto y, a cambio, es tan poco amado”.

Cuando rezamos el Santo Rosario y contemplamos los Misterios divinos de Jesús, en presencia del Santísimo sacramento, amamos a Jesús con el corazón de María. Unidos al corazón de María por el Rosario, hacemos una perfecta hora Santa porque entonces amas a Jesús con el amor perfecto de María.

El Siervo de Dios Juan Pablo II expresó enfáticamente la gran importancia de la devoción al Santísimo Sacramento, en el Congreso Eucarístico de Sevilla en 1993. El Santo Padre oró para que el fruto del Congreso sea establecer la Adoración perpetua en cada parroquia y comunidad cristiana del mundo entero.

El Papa Benedicto XVI nos dice también: “recomiendo ardientemente a los Pastores de la Iglesia y al Pueblo de Dios la práctica de la Adoración Eucarística, tanto personal como comunitaria. A este respecto, será de gran ayuda una catequesis adecuada en la que se explique a los fieles la importancia de este acto de culto que permite vivir más profundamente y con mayor fruto la celebración litúrgica. Además, cuando sea posible, sobre todo en los lugares más poblados, será conveniente indicar las iglesias u oratorios que se pueden dedicar a la Adoración Perpetua. Recomiendo también que en la formación catequética, sobre todo en el ciclo de preparación para la Primera Comunión, se inicie a los niños en el significado y belleza de estar junto a Jesús, fomentando el asombro por su presencia en la Eucaristía”.

Como dijo la Beata Madre Teresa de Calcuta: “no fue hasta 1973 cuando empezamos con nuestra hora Santa diaria en presencia de Jesús Sacramentado, que nuestra comunidad empezó a crecer y a florecer”, así puede crecer y fortalecer tu comunidad, visitando a Jesús en el Sagrario, sin dejarlo solo ningún momento del día y de la noche, adorándolo en forma perpetua.

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