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La orden religiosa de sacerdotes mendicantes de San Agustín, fundada
en 1256 en base a las reglas monásticas creadas por ese santo, no estuvo
presente en la conquista del Perú junto a las huestes de Francisco Pizarro,
como sí lo hicieron los padres dominicos, mercedarios y franciscanos.
Los primeros de ellos por expreso mandato de los reyes de España. Recién
en 1546, once años después de la fundación de Lima, decide el provincial
de la orden radicada en Castilla, fray Francisco Serrano, enviar al Perú
a miembros de esta organización religiosa, debido al éxito que habían
tenido en la conversión de los indígenas durante la conquista de México.
Así en 1548 se embarca para cruzar el Atlántico, como adelantado de esa
congregación, fray Agustín de la Santísima Trinidad, con el fin de preparar
la llegada de doce de sus compañeros que venían a establecer el convento
de esa popular orden en la capital del Virreinato del Perú. Durante la
travesía, este seguidor de la orden establecida por el obispo de Hipona,
hizo amistad con Juana de Cepeda que venía a contraer nupcias con el rico
encomendero limeño Hernán González de la Torre, ex-regidor de Jauja, regidor
de Lima desde 1536 y su accidental alcalde, en ese año y en 1538, debido
a la ausencia del titular Hernando Montenegro. Ya en Lima los recién casados
alojan al sacerdote agustino en su casa y le hacen donación de unas viviendas
vecinas a la suya, ubicadas en un barrio extremo de la ciudad, sobre el
camino que en esa época conducía al puerto del Callao.
El 1o. de junio de
1551 hacían su entrada solemne a la Ciudad de los Reyes los doce padres
agustinos, que en su mayor parte pertenecían al convento de Salamanca,
según escribe fray Ignacio Monasterio, para instalarse en los edificios
que les habían cedido los esposos González de la Torre y que poco después
los diligentes padres ampliaron con la compra del solar de Juan de Morales,
en la esquina de las actuales calles de Pregonería con Belaochaga (Emancipación
con Rufino Torrico). Ahí el alarife Esteban de Amaya les construyó, a
partir del 19 de julio de 1554, su casa conventual en lo que hoy vendría
a ser la parroquia de San Marcelo. En 1561 encomiendan al mismo alarife
la construcción de su primera iglesia para la cual el carpintero Cristóbal
López hizo primero los techos de alfarjes y artesonados, luego al año
siguiente el coro y después, a pedido de fray Agustín de la Santísima
Trinidad, la talla de la imagen en bulto de Nuestra Señora de la Gracia,
convertida en la titular de dicho convento.
En la noche del 8
de julio de 1573 se mudan sigilosamente los padres agustinos, de su primitivo
convento vecino a la actual parroquia de San Marcelo, a los solares que
hasta hoy ocupan en la esquina de las calles San Agustín y Lártiga (Camaná
con Ica) y que en secreto habían comprado debido a la oposición de los
vecinos padres dominicos y mercedarios, quienes argüían que los conventos
estaban demasiado cercanos entre sí, impidiendo su normal desenvolvimiento
religioso al servicio de la comunidad.
El 31 de diciembre
del año siguiente se muda la Universidad de San Marcos del convento de
Santo Domingo, en donde se había fundado en 1551, al recientemente abandonado
convento agustino, para a su vez abandonarlo, el 25 de abril de 1577 -día
de San Marcos- e ir a ocupar el edificio que había sido la Casa de San
Juan de la Penitencia, para las hijas mestizas de los conquistadores,
frente a la plazuela de la Inquisición, actual plaza Bolívar, en los terrenos
donde hoy se levanta el Congreso de la República.
Después el antiguo
local de los padres de San Agustín sirvió por un tiempo como vivienda
temporal de los inquisidores, a su llegada a Lima, y para alojar, a partir
del 2 de febrero de 1579, a Lucrecia de Sansoles, viuda del capitán Juan
de Rivas, a su hija Mencía de Vargas, y a sus seguidoras, para iniciar
un lugar de clausura, siguiendo el ejemplo de las madres bernardas agustinas.
Esta congregación religiosa fundada por viudas acaudaladas fue el antecedente
del monasterio de la Santísima Trinidad. Las bernardas ocuparon el local
hasta 1606 cuando se mudan para inaugurar su propia casa, en la actual
esquina de los jirones Lampa y Emancipación. En 1585, durante su estadía,
la antigua iglesia de los agustinos se convierte en la parroquia de San
Marcelo, coincidente con la expansión de la naciente ciudad por esos barrios
anteriormente tan alejados.
Pero ya antes, el
19 de julio de 1574, se colocaba con gran ceremonial la primera piedra
de la actual iglesia de San Agustín, aunque todavía de dimensiones pequeñas
y de aspecto rústico, a la que el carpintero Juan Mateos de Rivas anexa
la construcción y techado de un salón de 60 pies de largo a partir del
9 de febrero de 1608. El terremoto del 19 de octubre de 1609 afectó mucho
al naciente edificio por lo que el 19 de noviembre del mismo año se realiza
una junta de alarifes, convocada por los regidores y presidida por el
prior y arquitecto fray Gerónimo de Villegas para determinar cómo refaccionar
el conjunto arquitectónico.
Se inicia así la construcción
de una nueva iglesia y del convento actual de San Agustín, que hasta el
terremoto de 1687 serán engalanados con las siguientes obras: En 1618
el pintor romano Angelino Medoro realiza para el refectorio el lienzo
de la Concepción, una virgen de tamaño natural rodeada de ángeles. En
1621 el escultor sevillano Martín Alonso de Mesa Villavicencio hace el
retablo de Santo Tomás de Villanueva para la capilla de enterramiento
de la familia Bilbao. El 11 de mayo de 1626 su hijo, el escultor Pedro
de Mesa, contrata acabar dos retablos, que dejó comenzados su difunto
padre. En octubre de 1627 el escultor Juan García Salguero contrata la
bellísima sillería del coro alto. En 1630 el pintor Antonio Dovela pintó
y doró la bóveda de la capilla de Santa Lucía. Entre 1636 y 1637 el arquitecto
y teniente Joseph de La Sida Solís, maestro mayor de la Catedral de Lima,
construye la torre esquinera. En 1642 el ceramista Juan del Corral hace
los azulejos para la capilla de la cofradía de indios de San Miguel. El
19 de abril de 1643 el alarife Luis Fernández Lozano contrató hacer la
nueva sacristía y ante-sacristía desde sus cimientos mientras el entallador
Diego de Medina contrata techarlas, así como, labrar y decorar su artesonado
y cajonería. En 1649 el maestro de fábrica Francisco de Ibarra junto con
el maestro albañil Juan de Mansilla hacen la tasación de lo que faltaba
para terminar en la sacristía y ante-sacristía de la iglesia por muerte
del alarife Luis Fernández Lozano, autor de lo hecho hasta esa fecha.
Entre 1644 y 1646 el pintor cusqueño Basilio Pacheco realiza las pinturas
que adornan el claustro principal. El 2 de agosto de 1669 el alarife limeño
Cristóbal Caballero se compromete, hacer el retablo en blanco de la capilla
de Nuestra Señora de la Gracia. En 1669 termina el también alarife limeño
Manuel de Escobar la habitación llamada "El Lavatorio" en el
tránsito de la sacristía al presbiterio. En 1672 el ensamblador Diego
de Aguirre inicia el retablo principal y el de la capilla de Santa Rita
que en 1673 el maestro ensamblador Diego de Aguirre terminará.
Paralelamente la orden
agustina fundaba en Lima, aparte del establecimiento de sus casas en muchas
ciudades del virreinato del Perú, su colegio mayor y su recolección como
ya lo habían hecho las demás ordenes mendicantes. En 1612 se funda el
colegio de San Ildefonso, vecino al actual local de la Escuela Nacional
de Bellas Artes, para el cual el 29 de abril de 1616 el pintor Angelino
Medoro se compromete a hacer el decorado y la ornamentación de los retablos
tallados por el carpintero Pedro Vásquez de Zamora, cuya traza y planos
había realizado el mismo Medoro.
En 1619 los agustinos
levantaron su convento de recolección en la llamada Portada de Guía, llamado
desde entonces Santuario de Nuestra Señora de Guía, siendo su primer prior
el padre Juan Pecador. En 1625 el virrey manda demoler esta recoleta al
enterarse de que carecía de licencia real, pasando a los religiosos al
convento de San Agustín. Gracias al empeño del prior citado en 1630 el
rey Felipe IV autoriza la reedificación de la recoleta de Guía, en el
barrio del Rímac o "abajo el puente", un poco mas alejada del
camino a Trujillo, en donde estuvo su fundación original. En 1634 los
agustinos inauguran la iglesia de esta casa. Apenas dos años después se
coloca la primera piedra para la construcción de nueva y tercera iglesia
para la recolección que se inaguró el 21 de noviembre de 1644 y para la
cual el ensamblador Asencio de Salas esculpe la sillería del coro en 1648.
El terremoto del 20
de octubre de 1687 afecta en tal medida al templo de San Agustín que lleva
a los sacerdotes de esa orden a plantear su total reconstrucción. Así
alrededor de 1701 se inicia su transformación de una planta gótica-isabelina
de una sola nave con capillas laterales cerradas a una planta renacentista
de tres naves comunicadas entre sí y con un amplio crucero, ya muy en
boga en los demás templos limeños. En 1710 se inicia la construcción de
su famosa portada principal cuyos gastos realizó un patronato dirigido
por Bartolomé Noriega quien, con el Obrero Mayor de la orden fray Félix
de Aranguren, ya habían firmado el 17 de agosto del año anterior un contrato
con el maestro cantero Ignacio de Amorín para cortar y transportar las
piedras para esta obra que se inauguró en 1712. No se conoce aún al alarife,
autor de esta notable portada-retablo.
Consta esta obra de
cuatro cuerpos sobrepuestos cuyos detalles arquitectónicos, así como los
perfiles y adornos de sus columnas dan, de acuerdo al padre Antonio San
Cristóbal, "una fachada híbrida de estilo renacentista-barroco, sin
mengua de su grandiosidad". En el primero de estos cuerpos se ve
el basamento con tracerías sobre el que se hallan cuatro columnas salomónicas,
dos a cada lado de la puerta, cuyos fustes tienen una profusa decoración
de hojas y flores. En los intercolumnios hay hornacinas con estatuas de
santos. El segundo cuerpo que es tan exhuberante como el primero se compone
también de cuatro columnas, en cuyo centro se abre una gran hornacina
que contiene una imagen en bulto de San Agustín pisando los bustos de
dos herejes. El tercer cuerpo, que se separa del anterior por un cornizamiento
ornamentado por cuatro cabezas de monstruos, en vez de las columnas tiene
cuatro cariátides. El último cuerpo es el que contiene el vano de luz
en forma ovalada que a comienzos de este siglo había sido convertido en
una gran ventana circular y que afortunadamente hoy a recuperado su forma
original.
Mientras tanto en
el interior del templo y convento agustino se realizaban las siguientes
obras de importancia: A partir de 1701 el ensamblador conchucano José
de Castilla realiza el retablo para el venerado Cristo de Burgos que,
tallado en esa ciudad por el entallador Jerónimo Escorceto, había llegado
a Lima en 1693, mientras que el ensamblador Diego de Aguirre hacía el
retablo de las Reliquias, que hacía juego con el del Santo Cristo de Burgos,
por orden de Juan Bautista Ordóñez de Villaquirán. En 1741 el pintor Cristóbal
Lozano hace el lienzo de "Las Cadenas de San Pedro" para la
sacristía. Y en 1744, dos años antes del gran terremoto de 1746, el alarife
Santiago Rosales solicita ser maestro mayor de las obras de la iglesia
por fallecimiento del maestro alarife anterior Lucas Meléndez.
También anterior a
ese terremoto, en la noche del 26 de octubre de 1743, sucedió el episodio
que conmocionó a la sociedad limeña de esa época y que narra Ricardo Palma,
cuando el platero Lucas de Valladolid robó la Custodia de la iglesia de
San Agustín para enterrarla en un lugar vecino a la Alameda de Acho y
huir a la ciudad de Huancavelica. Ahí fue capturado el 23 de noviembre,
luego enviado a Lima el 8 de diciembre para ser ahorcado, ante numeroso
público, previa cortada de manos.
Escultura importante
del arte limeño que guarda la iglesia de San Agustín, en una hornacina
de la Ante-sacristía, es la de "La Estatua de la Muerte" tallada
en madera por el escultor mestizo Baltazar Gavilán y que los agustinos
sacaban en procesión durante los días de Semana Santa. A este artífice
se le atribuyen también la escultura ecuestre en bronce del rey Felipe
V, que coronaba el arco que daba acceso al Puente de Piedra, una Dolorosa
que se encuentra en la iglesia de San Francisco, un busto del marqués
de Casa Concha y la escultura orante de José Damián de Cevallos para su
monumento funerario en la capilla de Santa Ana, en la Catedral de Lima.
Una leyenda recogida por Ricardo Palma sostiene que, al entrar ebrio a
su habitación la noche misma en que terminó la escultura de La Muerte,
Gavilán habría muerto de la impresión que le produjo.
Nuevamente por haber
sido muy maltratada la iglesia por el terremoto del 28 de octubre de 1746
se realizó una nueva reconstrucción que es casi el templo que hoy conocemos
si no fuera por las profundas modificaciones que se hicieron a su fachada,
torre e interior afectados por la metralla recibida durante la revolución
que llevó al poder al presidente Nicolás de Piérola en 1895 y que se inauguraron
el 19 de setiembre de 1908.
Estas modificaciones
fueron la demolición de su única torre, la sustitución de la ventana ovalada
que tenía la portada por una circular y el remplazo de la mayor parte
de los retablos de madera, por temor a los incendios, por retablos de
ladrillo y cemento. De acuerdo a Riva Agüero "se echaron abajo el
campanario y se demolió la pintoresca y anchurosa iglesia, para sustituirla
con la horrible elefantiasis pseudorománica actual, sin respetar mas que
la churrigueresca portada, la cortesana y tornada sacristía (con la estofa
y esmalte dorado de sus imágenes barbaramente recubierto de negro) y el
espléndido artesonado de la Ante-sacristía. Últimamente se ha reconstruido
su famosa portada principal dándole las características que tuvo antes
de la absurda reforma anterior.
(Arquitecto
Juan Gunther) |