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Fray Miguel de Orenes funda en 1535, tomando por titular al arcángel
San Miguel, el convento de Nuestra Señora de La Merced, sobre cuatro solares
que se le asignaron durante el reparto, en la 5a. cuadra del Jirón de
la Unión. Es tradición considerar a esta congregación religiosa como la
primera en construir su casa en la ciudad. Hay incluso cronistas de esa
orden que afirman haber tenido una ermita, en ese mismo lugar, mucho antes
de la fundación de Lima, el 18 de enero de 1535. El nombre completo de
este importante patrimonio nacional es, desde su creación, el de "Convento
Grande de San Miguel de Lima del Real y Militar Orden de Nuestra Señora
de La Merced, Redención de Cautivos, de la Provincia Mercedaria de la
Natividad de Nuestra Señora".
El primer templo levantado
por esta emprendedora orden fue una rústica capilla que en 1541, año del
asesinato de Francisco Pizarro, se reconstruyó totalmente para convertirla,
de acuerdo al cronista Bernabé Cobo, "en una grande nave cubierta
de tablas, con capillas (hornacinas) a los lados". Un año después,
el 25 de marzo de 1542, los sacerdotes acceden a que María de Escobar,
la tradicional importadora del trigo, la vid y los olivos, viuda del aristocrático
Francisco de Chávez, asesinado junto al gobernador, construya por su cuenta
el altar mayor del templo, como sepulcro de sus familiares, mientras otros
conquistadores construían las demás capillas laterales. Dice fray Víctor
M. Barriga que "al principio el templo fue de una pequeña nave, con
cinco altares o capillas: el altar mayor (al centro) y las capillas del
regidor Francisco de Ampuero y de La Piedad a la derecha, y las del Crucifijo
y de San Lorenzo a la izquierda."
En 1589, tres años
después del primer gran terremoto que azotó a la naciente ciudad, el alarife
Alonso de Morales adosó a la iglesia una torre cuadrada, considerada como
la primera que engalanó el paisaje limeño. Tres años después el alarife
Cristóbal Gómez rehace el claustro primitivo con "ocho lanzas de
arcos altos y bajos de piedra" que en 1600 adorna su colega Francisco
de Morales con una bella pila, tomando como modelo la existente en el
convento de Santo Domingo. Y en 1608 se inicia una nueva reconstrucción
de la iglesia, que era de una sola nave, ampliándola con dos naves colaterales,
introduciendo en la arquitectura autóctona la planta basilical de tres
naves abiertas con un amplio crucero. Esto se logró perforando con arcos
los muros medianeros de las antiguas capillas hornacinas y cubriéndolas
con medias naranjas con linternas en su cumbre.
Esta transformación
de la primitiva iglesia gótica-isabelina, de una sola nave con capillas
laterales, en una iglesia de tres naves y gran crucero, transformó totalmente
el espacio interior del templo, dándole la originalidad que a partir de
entonces adoptaron también las demás iglesias conventuales de Lima, para
a su vez esparcir el nuevo concepto arquitectónico hacia otros templos
de América del Sur.
Antes de su última
transformación la iglesia fue engalanada con muchas obras de arte, entre
las que destacaron el arco y portada de la capilla de la cofradía de Nuestra
Señora de Agua Santa "conforme al modelo de la portada de las vírgenes
Santa Justa y Rufina", iniciada por el alarife Juan de Mora a partir
del 10 de julio de 1595; la escultura de dos varas de alto (aproximadamente
1.67 mts.) de Nuestra Señora de La Merced labrada en 1603 por el escultor
sevillano Martín Alonso de Mesa Villavicencio y el lienzo de 9 por 5 varas
pintado, en mayo de 1600, para el refectorio del convento por Angelino
Medoro.
También, a comienzos
de ese siglo, realizan los mercedarios obras fuera de su convento principal.
Construyen iglesias en el Callao y en San Miguel de Miraflores. En 1604
fundan la recolección de Nuestra Señora de Belén, en la calle del mismo
nombre, por iniciativa de Paula Piraldo y Herrera, rica encomendera de
Colán, propietaria de esas huertas. El 31 de julio de 1607 el escultor
de la Virgen de La Merced citado anteriormente empieza el retablo de la
iglesia mercedaria de Ate cuyo dorado estuvo a cargo de Diego Sánchez
Merodio. Y en 1626 fundan el Colegio de San Pedro Nolasco al que en 1657
el maestro albañil Domingo de Aguilar contrata la construcción del claustro,
aunque subcontrata la obra con los oficiales Nicolás de Valdés y Francisco
de Alcocer, por estar muy ocupado en la construcción de la bóveda vaída
lisa de la iglesia del Prado.
El destructor terremoto
de 1609 retraza la obra de la ampliación del templo que recién se reanuda
el 5 de enero de 1613, cuando los alarifes Alonso de Arenas y Andrés de
Espinoza contratan la construcción de la capilla mayor, de dos capillas
laterales y del crucero. El primero de ellos hace además la traza de la
capilla de la cofradía de indios de Nuestra Señora de la Consolación,
ubicada entre la puerta y la torre, mientras que el segundo contrata al
año siguiente, el 28 de marzo de 1614, hacer de ladrillo y piedra la capilla
de Nuestra Señora de la Piedad cuya imagen labrará el escultor Diego Martínez
de Oviedo en 1616.
La conversión del
templo antiguo en una planta basilical con ancho crucero se prolongó por
varios años puesto que el 3 de setiembre de 1621 el escultor Andrés de
Espinoza contrata la obra "del cuerpo de la iglesia" para adaptarlo
a la nueva traza y, todavía, a mediados de julio de 1628 se construía
el "nuevo templo" según traza del arquitecto mercedario fray
Pedro Galeano, gracias a los donativos del capitán Bernardo de Villegas
y de su esposa Marcela de Montoya, cuya bella capilla-sepulcro era decorada,
en esos años, por el pintor romano Mateo Pérez de Alesio, en compañía
de su dicípulo Pedro Pablo Morón, y que hoy está en proceso de restauración.
En 1667 el alarife Manuel de Escobar construye un nuevo campanario al
tiempo que hacía uno de espadaña para la iglesia mercedaria del Callao.
Este templo, con su
distribución interna muy semejante al actual, fue enriquecido con muchas
obras de arte antes del gran terremoto de 1687. Entre ellas destacan el
retablo de la capilla del lado del Evangelio, cuya ejecución fue contratada
el 14 de marzo de 1628 al entallador Pedro de Mesa; el retablo de la Santísima
Trinidad coronando a la Virgen, según una lamina del padre Urraca, quien
contrató su ejecución, el 20 de febrero de 1636, al ensamblador Tomás
de Aguilar y al escultor Pedro Muñoz de Alvarado; un tabernáculo de cedro
y roble que debía colocarse en uno de los pilares frontero al púlpito
realizado, a partir del 20 de junio de 1637, por el ensamblador y maestro
de arquitectura, Asencio de Salas; el "Santo Cristo" contratado
al escultor sevillano Juan Martínez Montañés el 13 de julio de 1640 por
Luis de Betancur y Figueroa, fiscal de la Inquisición, y que se venera
hoy como el Cristo del Auxilio; la corona de plata para Nuestra Señora
de Agua Santa que en 1658 realizó el platero Juan Canelas Albarrán y cuya
imagen de Cristo Crucificado hizo en 1660 el escultor Francisco Martínez.
En 1674 el platero Antonio Silveyra hace las lámparas para la cofradía
de Nuestra Señora de los Remedios.
Desde mediados del
siglo XVII, hasta los primeros años del siglo siguiente, trabajó en el
arreglo y el embellecimiento del conjunto monumental de La Merced el arquitecto
mercedario limeño, también escultor y ensamblador fray Cristóbal Caballero.
Este gran artífice va a dejar su profunda huella en la arquitectura de
este notable patrimonio nacional, desde su rica portada principal hasta
en los detalles más pequeños de sus claustros. El 1o. de octubre de 1671
el comendador de la orden lo nombra "maestro mayor de todas las obras
de esta provincia" otorgándole además licencia para trabajar en construcciones
para otras congregaciones. Así realiza importantes obras, como nos lo
cuenta el padre Antonio San Cristóbal, en los conventos de San Francisco,
San Agustín, Santa Ana, Santa Catalina, Santísima Trinidad, la Concepción
y en el Sagrario de la Catedral. Su calidad profesional llevó a la ciudad
a nombrarlo en 1696 "maestro mayor de fábricas reales", luego
del fallecimiento del alarife Diego Maroto que lo antecedió. En 1684 recibe
el grado académico de "presentado", teólogo antes de ser declarado
"maestro". Al año siguiente, y hasta mayo de 1688, es nombrado
comendador del convento de La Merced en el Callao. Como tal arrienda,
con permiso de sus superiores, la hacienda Surquillo al alférez Cristóbal
García de Paredes, que se instalará en el actual centro de Miraflores.
Debió fallecer entre mediados de marzo de 1702, cuando realiza una última
tasación del retablo de Nuestra Señora de los Remedios, y el 24 de agosto
de 1703, cuando figura como fenecido en el capítulo provincial de la orden
de La Merced de ese día.
Cristóbal Caballero
se inicia como alarife de La Merced contratando la hechura del retablo
de la cofradía de San Lorenzo, el 28 de setiembre de 1659. El 30 de abril
de 1664 se compromete ha realizar la cubierta de madera del segundo claustro,
que en 1662 inició el alarife Manuel de Escobar. Al año siguiente, el
11 de setiembre 1665, se compromete con el mayordomo de la cofradía de
Nuestra Señora de los Remedios para hacer un retablo nuevo sobre otro
viejo retirado por el carpintero Pedro de Céspedes. El 6 de junio de 1679,
año de la beatificación de Santo Toribio, inicia el maestro alarife Francisco
Javier Domínguez la construcción del noviciado de La Merced y poco más
de un mes después, el 18 de julio, la planta alta del segundo claustro,
siguiendo en ambos casos los planos y las directivas de Cristóbal Caballero.
Después del destructor terremoto de 1687, que destruyó gran parte del
templo y convento mercedario, trabajó arduamente en su reconstrucción.
Y a partir de 1696 inicia la construcción de la bella portada de piedra
que hasta hoy engalana al Jirón de la Unión.
Entre el terremoto
de 1687 y el de 1746, que nuevamente destruye gran parte del templo y
del convento, se realizan las siguientes obras mas importantes: el retablo
de la Virgen de los Remedios hecho en 1702 por el ensamblador Juan Rojas;
a partir del 30 de agosto de 1714, el grabador fray Miguel Adame pinta
cuatro evangelistas para la capilla de Jesús Nazareno, mientras el ensamblador
y dorador Juan José Ramírez Capitán hace su dorado y en 1739 el grabador
Juan Francisco Rosa hace la imagen del Señor del Auxilio. Mientras tanto
en 1730 la virgen de La Merced es declarada "Patrona de los Campos
de Lima" y sacada por primera vez en procesión.
La reconstrucción
de la iglesia y el convento, después del terremoto de 1746, fue un proceso
lento que abarcó casi integramente la segunda mitad del siglo XVIII. Con
el agravante de que el 24 de abril de 1775 se produjo un devastador incendio
que redujo a cenizas la sacristía y parte del templo. Las obras de reconstrucción
más importantes y que prácticamente subsisten hasta el día de hoy se realizaron
en las siguientes fechas: entre 1759 y 1762 la torre, la bella escalera
principal y los balcones interiores; entre 1762 y 1765 la portada de Cristóbal
Caballero; entre 1765 y 1768 algunas medias naranjas y la sacristía; en
1774 la biblioteca; en 1775 la sacristía incendiada; entre 1777 y 1780
el segundo piso del claustro principal; entre 1781 y 1786 la portería,
los altares del claustro principal y se inició la confección de los lienzos
de la vida de San Pedro Nolasco que adornan el claustro principal; y entre
1786 y 1798 los altares de la Virgen del Traje, San Ramón y Jesús Nazareno,
y el Salón Capitular.
Trece de las pinturas,
sobre la vida del fundador de la orden, que adornan el claustro principal
ya citadas fueron realizadas entre 1783 y 1792 por el pintor Julián Jayo,
bajo la dirección de fray Gabriel García Cabello. En 1786 Juan de Mata
Coronado pinta uno y a partir de 1792 el pintor Julián Falte hace los
demás.
Durante esa misma
época se fabrican las campanas que hasta hoy siguen anunciando los ritos
religiosos más importantes del templo: en 1757 el fundidor Francisco de
León hace la que lleva la inscripción "Sea bendito y alabado el Corazón
de Jesús Sacramentado", en 1775 el fundidor Pedro Mexía hace la "San
José"y en 1787 el fundidor limeño Diego Calero, que residía en Maravillas,
hace la campana grande de 1.56 mts. de diámetro.
Antes de la proclamación
de la Independencia el infatigable introductor en Lima del neoclasicismo,
el presbítero Matías Maestro, reconstruye totalmente el altar mayor que
en 1810 será dorado por el pintor Félix Batlle. En 1807 el escultor José
Vato labra una estatua de San Bernardo. En 1810 el platero José Palomino
hace seis candeleros grandes de plata y el 30 de agosto de 1814 el dorador
Andrés Bartolomé de Mendoza dora, graba y encarna las imágenes de la Virgen
y San Juan del retablo de Jesús Nazareno. El 24 de setiembre 1823 la Virgen
de La Merced es declarada "Patrona de los Campos de Lima y sus alrededores
y de los Ejércitos de la República del Perú", en una pomposa ceremonia
presidida por el presidente de la República José Bernardo Tagle, "en
reconocimiento a la especial protección del Ser Supremo por mediación
de la Santísima Virgen de las Mercedes en los acontecimientos felices
para las armas de la Patria".
En 1860 el arquitecto
Guillermo D'Coudry hace una refacción integral del templo de La Merced
especialmente en lo tocante a la torre, las cúpulas y bóvedas entre el
altar mayor y el coro. Pero a fines del siglo pasado la fachada de la
iglesia de La Merced, incluyendo su magnífica portada, va a ser cubierta
con una gruesa capa de yeso para darle un aspecto de arquitectura afrancesada
que el templo jamás tuvo. Este maquillaje fue levantado afortunadamente
en 1940 por el arquitecto Emilio Harth-Terr para restituirle el
aspecto original que le dio el notable alarife mercedario Cristóbal Caballero
trecientos años antes.
(Arquitecto
Juan Gunther)
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