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“Construyamos un mundo feliz
acogiendo a Cristo en nuestras vidas”

Domingo 2 de octubre de 2005

Este domingo día del señor estaré reemplazando, en esta meditación de Es palabra de Dios, a Su Eminencia el Señor Cardenal Juan Luis Cipriani que se encuentra estos días en Roma para asistir al Sínodo de los Obispos que tratará, en este mes de octubre junto con el Papa Benedicto XVI, el tema tan importante sobre la Eucaristía.

Pues bien en este día domingo el Evangelio que nos trae la liturgia es nada menos que otra parábola del Señor Jesús, la parábola de los viñadores homicidas.

Nos dice el Evangelio, según San Mateo, que Jesús pronunció esta parábola de la siguiente manera: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con un cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa de guarda y la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.

Como era lógico este propietario al poco tiempo envía a unos criados suyos para recibir los frutos que estos, que habían arrendado su viña, tenían que darle, él era el propietario al fin y al cabo. Pero la actitud de aquellos que arrendaron la viña fue una actitud mala y de rechazo; a los criados los maltrataron, los apalearon, los apedrearon y alguno incluso, nos dice Jesús en la parábola, lo mataron.

A este primer envío el propietario de la viña realiza un segundo envío de otros criados, confiando que aquellos a quienes había arrendado la viña se arrepentirían y le darían los frutos que este propietario merecía, porque al fin y al cabo era su viña. Pero la historia se vuelve a repetir, los que se habían quedado a cargo de la viña apedrean a algunos de los criados, apalean a otros y a otros los terminan matando.

Finalmente leamos la bondad del propietario de la viña, que dice: enviaré a mi único hijo, a él si lo respetaran. Pero cuando los que habían arrendado la viña vieron llegar al hijo único del propietario se dijeron, con maldad, ese es el heredero, vamos, matémoslo y así nos quedamos con la viña”.

Con esta parábola Jesús ciertamente lo que quería ilustrar era la historia triste del pueblo elegido de Israel, que había sido a lo largo de su historia infiel a la alianza. Los criados que el propietario envía (el propietario es nada menos que Dios) son los profetas como Isaías, Jeremías, como otros tantos a quien Israel lamentablemente a lo largo de su historia no hizo caso, maltrató, apedreó y algunos incluso mató.

Seamos fieles a Cristo

Y finalmente, sabemos muy bien porque la historia apunta eso, el hijo único del propietario no es otro sino el mismo Jesucristo, el hijo unigénito de Dios; que correrá la suerte, que el mismo Jesús describe en la parábola, es decir, será echado fuera de la viña y será muerto en la cruz con este deseo malsano -de los que arriendan la viña- de quererse quedar con todo al matarlo.

En el fondo la parábola tiene una primera intención que es mostrarnos la historia trágica de Israel. Miren ustedes, el propietario compró un terrero, plantó una viña, la cercó, construyo la casa de guarda, edificó un lagar, es decir, hizo muchas cosas buenas para que la viña diera frutos. Eso representa el cuidado fino y delicado y amoroso de Dios que Israel no supo responder con el fruto esperado ¿Cuál es el fruto esperado? Ciertamente la fidelidad a la alianza.

Incluso el profeta Isaías, hablando en nombre de Dios, en una alegoría sobre la viña muy parecida a esta parábola de Jesucristo, pone en labios de Dios esta frase: “que más faltaría hacer ser por mi viña que yo no haya hecho”. A ese cuidado amoroso de Dios que le da todo a su pueblo de Israel para que produzca los frutos de la fidelidad y santidad; pues a ese cuidado amoroso Israel responde lamentablemente con la infidelidad, no da los frutos esperados es decir, no da buena uva sino uva amaga.

Pero si bien la parábola denuncia en el fondo la infidelidad de Israel que llegará hasta el colmo de crucificar al Hijo único de Dios. Creo que también denuncia la actitud llena de soberbia del hombre de hoy, que pretende construir su vida y el mundo sin Dios; que pretende construir su vida y el mundo de hoy con una autonomía absoluta, es decir, como si Dios no existiera.

Recordemos la frase del propietario cuando decide enviar a su hijo: “a mi hijo le harán caso”, y cual es la actitud que tienen los que han arrendado la viña: “este es el heredero, lo matamos y nos quedamos con la herencia”. Y así fue, agarrándolo lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Creo que esta frase expresa -como venia diciendo hace un instante- esa actitud llena de soberbia del hombre de hoy que pretende construir su vida sin Dios, como si Dios no existiera.

No vivamos como si Dios no existiera

Es así que para hondar en esta idea me voy a permitir leer un pequeño párrafo del libro “Memoria e identidad”, que fue justamente el último libro que escribió nuestro recordado y amado Juan Pablo II, y que creo nos puede ayudar a comprender muy bien el sentido de la parábola.

Escribía el Santo Padre: “No se puede ignorar al mismo tiempo el insistente resurgir del rechazo a Cristo de una civilización distinta de aquella cuya piedra angular es Cristo. Una civilización que aunque no sea atea por sistema es ciertamente positivista y agnóstica, puesto que se inspira en el principio de que se debe pensar y actuar como si Dios no existiera”.

Y concluye el Santo Padre de manera sumamente clara: “Y vivir como si Dios no existiera significa colocarse fuera de las coordenadas del bien y el mal, es decir, fuera del contexto de los valores de los cuales el mismo Dios es la fuente. Se pretende que sea el hombre quien decida lo que es bueno o malo y este programa se sugiere, se divulga de muchos modos y de diversos sectores”

Este pretender vivir sin Dios, como si Dios no existiera, es de donde brotan -queridos hermanos- hoy en día múltiples corrientes que socavan los fundamentos mismos de la moral implicando a la familia y propagando la permisividad moral como son entre otros los divorcios, el amor libre, el aborto, la anticoncepción, los ataques contra la vida desde la concepción hasta su fin natural así como su manipulación.

De este pretender vivir sin Dios, este matar al heredero, votarlo fuera y quedarnos con todo, brotan también los atentados contra la dignidad humana como las injusticias, las explotaciones, la violencia, el terrorismo y la corrupción.

Acompañemos al Señor de los Milagros

Por eso a la luz de la parábola, es urgente y apremiante escuchar la frase del dueño de la viña que no es otro sino Dios mi Padre. “Tendrán respeto de mi hijo, creerán en Él, lo oirán, lo seguirán, el hijo es Cristo”. Y ahora que comenzamos este mes de octubre, es el Señor de los Milagros.

Y este estar en Las Nazarenas y recorrer nuestras calles en esta imagen bendita y querida para nosotros, que es justamente recuerdo de que Dios Padre nos dice: “tendrán respeto de mi Hijo, creerán en Él, lo oirán y los seguirán”. Porque queridos hermanos no hay posibilidad de construir la vida en felicidad, de construir este mundo en solidaridad y en justicia sin acoger a Cristo, sin creer en Él, en su Evangelio y en las consecuencias sociales que éste tiene.

Que el Señor los bendiga, tengan un lindo domingo en familia. Y en este mes de octubre lo exhorto a no dejar de visitar Las Nazarenas, a no dejar de acompañar al Señor de los Milagros algunos de los días de las procesiones. Para ello, confesarnos, ir a misa para que con ese corazón limpio acojamos a Cristo: el camino, la verdad y la vida, el Señor de los Milagros.

Y la bendición de Dios todo poderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sobre todos sus hogares.

Que así sea.
 
 
     

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