El último miércoles 28 de marzo, en la Parroquia Santísimo Nombre de Jesús, en San Borja, el Cardenal Juan Luis Cipriani celebró la Santa Misa por el 13° Aniversario del fallecimiento de Monseñor Álvaro del Portillo.
Concelebraron con el Cardenal Juan Luis Cipriani, el Arzobispo emérito de Arequipa, Monseñor Luis Sánchez Moreno; Monseñor José Luis López Jurado, Vicario regional del Opus Dei, y otros sacerdotes de la arquidiócesis.
Durante su homilía, el Arzobispo de Lima manifestó que en Monseñor Álvaro del Portillo y San Josemaría Escrivá de Balaguer vemos como la Eucaristía era el centro, la raíz, y la razón de ser de sus vidas. “Era el lugar donde estos hombres y tantos santos encontraron la fuerza para la misión, y el amor para darlo a los demás”.
Señaló que Monseñor Del Portillo fue un gran conocedor de la Sagrada Escritura, y de una profundidad intelectual que lo llevó a servir a la Iglesia en multitud de dicasterios de la Santa Sede.
“Todo ello lo hacía con tranquilidad y en silencio, hecho que lo llevó a tener un prestigio en Roma por su enorme capacidad intelectual y su bondad”, expresó.
Comentó también que “Don Álvaro”, como comúnmente se le llamaba en el Opus Dei, vivió para llevar a Cristo a los demás con una sonrisa, una amistad y una mirada de amigo que reflejaban realmente a Cristo; que hacía fácil ser su amigo y acercarse a Jesús, porque esas virtudes humanas te llevaban a las sobrenaturales”.
“Así fue la vida de Don Álvaro del Portillo, pastor ejemplar en el servicio a la Iglesia, fidelísimo hijo y sucesor de San Josemaría”, añadió.
Labor magnánima de Mons. Álvaro del Portillo
Por otro lado, el Cardenal Juan Luis Cipriani dijo que Monseñor Del Portillo, fiel a las enseñanzas de San Josemaría, y teniendo a la Eucaristía como la razón de su vida, lo impulsó a continuar con una verdadera pasión la extensión de la labor apostólica del Opus Dei por todo el mundo; y en especial, en Roma.
Comentó que Álvaro del Portillo estuvo 19 años como prelado de esta pequeña porción del pueblo de Dios, la Prelatura Personal del Opus Dei, llevando la “Obra” a innumerables países por primera vez; y recordando ese encargo del fundador, impulsó lo que fue primero un Ateneo Pontificio y que hoy es la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.
“Su amor a Dios y a la Iglesia, y su seguridad de que era necesario formar bien a los sacerdotes, lo llevó a poner en obra esta iniciativa, que hoy ha dado formación a miles de sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas y laicos que se preparan para dar la doctrina de la Iglesia en campos como la teología, la filosofía, el derecho canónico, las ciencias de la comunicación y la liturgia”.
“De ese amor a la Eucaristía inmediatamente nos encontramos con “Don Álvaro” en esas tareas magnánimas, un centro de irradiación doctrinal para el mundo entero”, concluyó el Pastor de Lima.