Monseñor
José Luis López-Jurado, Vicario Regional del Opus Dei
en el Perú, tuvo a su cargo la homilía, donde comentó
que la fiesta de San Josemaría nos recuerda una vez más
el mensaje que Dios ha querido recordar a los hombres: la llamada universal
a la santidad.
"San Josemaría -dijo Mons. López-Jurado- vivió
heroicamente las virtudes porque día tras día, en lo grande
y en lo pequeño, en lo ordinario y en lo extraordinario, correspondió
libre y voluntariamente a la gracia de Dios, sin poner rémora
a la actuación del Espíritu Santo. Esa plena docilidad
al Paráclito, como el barro en manos del alfarero -así
le gustaba decir, con palabras de la Sagrada Escritura-, constituye
la condición esencial e irrenunciable de la santidad, que Dios
pone al alcance de todos".
El
Vicario Regional recordó también en su homilía
unas palabras del entonces Cardenal Joseph Ratzinger con motivo de la
Canonización de San Josemaría en el 2002 “ser santo
no comporta ser superior a los demás; por el contrario, el santo
puede ser muy débil, y contar con numerosos errores en su vida.
La santidad es el contacto profundo con Dios: es hacerse amigo de Dios,
dejar obrar al otro, el Único que puede hacer realmente que este
mundo sea bueno y feliz. Cuando Josemaría Escrivá habla
de que todos los hombres estamos llamados a ser santos, me parece que
en el fondo está refiriéndose a su personal experiencia,
porque nunca hizo por sí mismo cosas increíbles, sino
que se limitó a dejar obrar a Dios”
Mons.
López-Jurado advirtió frente a lo que San Josemaría
llamaba la mística ojalatera: "suele invocarse con un ojalá
y tiene menos valor que la hojalata. ¡Ojalá no me hubiera
casado, ojalá no tuviera esta profesión, ojalá
tuviera más salud, ojalá fuera joven, ojalá fuera
viejo!... Contra este peligro, nos aconsejaba: dejaos, pues, de sueños,
de falsos idealismos, de fantasías (...) y ateneos, en cambio,
sobriamente, a la realidad más material e inmediata, que es donde
está el Señor. Es preciso vivir el presente".
Durante su estancia en el Perú en 1974, San Josemaría
visitó la Catedral de Lima donde rezó frente a la capilla
del Santísimo. En la actualidad un cuadro que se encuentra en
la capilla de Nuestra Señora de la Evangelización y que
ha sido hecho por el pintor mexicano Arturo Guerrero figura en la Basílica
Primada como recuerdo de esa histórica visita.