Monseñor Juan Luis Cipriani fue capitán de la selección peruana de baloncesto

Comité Olímpico rindió homenaje al Arzobispo de Lima por su destacada participación como deportista


Por su destacada participación como deportista, en la disciplina del baloncesto, el arzobispo de Lima y Primado del Perú, monseñor Juan Luis Cipriani, recibió el reconocimiento del Comité Olímpico Peruano (COP) que, con motivo de sus 75 años de vida institucional, rindió homenaje a diversas figuras del deporte nacional.

La ceremonia se realizó el sábado 30 de octubre en el Parque Olímpico de San Borja y contó con la presencia de una gran cantidad de personalidades ligadas al deporte, ya sea como deportistas, promotores, dirigentes, o como hombres de prensa.

El ing. Mario Suito, presidente del COP, fue el encargado de imponer la condecoración a monseñor Juan Luis Cipriani y al general Hernán Alzamora, otrora destacado atleta nacional, en la denominación de "Orden del Comité Olímpico". Minutos antes, varios jóvenes deportistas recibieron sus respectivas medallas de reconocimiento.

También se develó un busto en homenaje al Sr. Eduardo Dibós, gran propulsor de la participación del Perú en las competencias olímpicas y destacado dirigente deportivo. Su hijo, el Sr. Iván Dibós, actual presidente del Comité Olímpico Internacional, dio el mensaje que dio inicio a esta fiesta en honor a los deportistas que han sobresalido defendiendo la divisa nacional y agradeció la atención para con su padre.

Recuerdos del ídolo

El destacado deportista Alfredo Deza Fuller, amigo y seguidor de la campaña deportiva de monseñor Cipriani, hizo una breve semblanza del Arzobispo recordando una anécdota de hace más de tres décadas: "Recuerdo hace 36 años, en el viejo coliseo cerrado del Puente del Ejército, cuando se enfrentaban las selecciones de la UNI y la Agraria por el campeonato universitario de básketbol. El recinto estaba repleto de gente, con mucho ruido de las barras. La Agraria, que tenía el 70% o más de integrantes de la selección nacional, estaba en todo el partido siempre adelante en uno o dos puntos. Pero en los últimos dos segundos del encuentro, la Agraria un punto arriba, llega la pelota en poder del "Ciego", como llamábamos cariñosamente a Juan Luis. Él toma la pelota y ejecuta el lanzamiento. Un silencio total en las graderías sigue el largo recorrido de la pelota que ingresa a la canasta y marca los dos puntos finales. ¡Qué triunfo de la UNI!, verdaderamente impresionante".

Lealtad, compañerismo, trabajo y laboriosidad

Al tomar la palabra, el Arzobispo de Lima recordó sus primeros pasos en la práctica del deporte: "Recuerdo con gratitud a un entrenador de básket muy conocido, John Wooden, que yo leía en mis épocas de deportista. Él, de origen norteamericano, hacía una pirámide para graficar las características y condiciones que permiten llegar al triunfo en una competencia deportiva, Y ponía en la base a la "lealtad" como una característica que no debe faltar en el buen deportista. En el siguiente escalón mencionaba el "compañerismo"; decía que trabajar en equipo colaborando con los demás es uno de los secretos para ser un buen deportista. Luego proponía la laboriosidad, el trabajo, el sacrificio del deportista para prepararse en cada momento y con constancia".

Fe en Dios

"Al final de la pirámide, el deportista norteamericano señalaba la fe en Dios. Porque realmente es el Señor quien permite que el hombre dé lo mejor de sí mismo y es quien forja en el hombre y en la mujer ese espíritu deportivo que les permite ser leales a sus convicciones, que les hace pelear contra la adversidad sin darse por vencidos, pues se caen y se vuelven a levantar, les meten un gol y se sobreponen".

Aprender a ganar

"En nuestro deporte actual, lo que falta es trabajar más unidos, mas compenetrados. Tengamos siempre presente que en Dios tenemos la fuerza necesaria para obtener ese espíritu deportivo con mentalidad ganadora. El deportista nunca debe doblegarse, jamás debe conformarse con lo que tiene o con lo que ha logrado. No es como dicen: 'hay que saber perder', porque uno debe aprender a ganar y cuando pierde entonces debe esforzarse por levantarse y volver a la senda del triunfo".

"Y este estilo de vida, de sobreponerse a la adversidad, de levantarse cuando se cae, de tener mentalidad ganadora, ayuda mucho en todos los ámbitos de nuestra vida, ya sea en la familia, en la política, en el estudio, en la amistad, en el trabajo. San Pablo nos dice: 'Vence lo contrario de la lealtad', es decir, vence ese egoísmo, esas faltas de compañerismo, esas reacciones que sólo llevan a la lamentación, al conformismo. Por eso, el individualismo hace mucho daño al deporte y, en cambio, el compañerismo le abre las puertas al éxito".

Humildad y temperamento

"Encuentro mucha gente aquí que, sinceramente, ha hecho mucho más por el deporte que yo. Por eso, quiero recordar con mucho cariño a todos esos amigos con quienes compartí mis años en la práctica deportiva. Que el Señor siempre nos considere en sus manos para saber ser humildes, porque de esta forma hará que el deportista no piense en que es el mejor o es el peor, sino que sea un hombre que trabaja, trabaja y trabaja. Y esa humildad, que no es el presentarse de alguna manera falsa sino mostrarse tal cual, es muy necesaria para volver a poner nuestro deporte en el lugar que le corresponde. Creo, también, que existe un problema de temperamento. Antes nos dedicábamos al deporte porque lo queríamos mucho, pasábamos horas de horas entrenando buscando mejorar, existía un inmenso amor por la camiseta, por el país. Y esto tenemos que transmitirlo a nuestras generaciones actuales: una motivación que no se apoya en el dinero ni en la fama sino en el trabajo constante, humilde, esforzado, sin egoísmos ni envidias".

El valor del deporte

Para finalizar, monseñor Cipriani agradeció la distinción del Comité Olímpico Peruano recordando que "el deporte es un magnífico camino de educación para los jóvenes, de integración para la familia, de ayuda para que los padres y los hijos estén más unidos, es un magnifico modo para decirle no a las drogas. Tengo el recuerdo de haber forjado, mediante la práctica deportiva, un temperamento y un carácter que ustedes conocen. Es ese temperamento que debe permitirle a los deportistas ser firmes, luchadores, claros, valientes, que le haga sentirse permanentes luchadores".

 

 

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