En Misa Por la Nación, ante el Señor de los Milagros, monseñor Salvador Piñeiro hizo llamado:

¡Es la hora de la reconciliación, somos hermanos en Cristo!

Con la participación de diversas autoridades civiles, políticas, militares y eclesiásticas se llevó a cabo la Misa por la Nación en el atrio de la Catedral de Lima, celebración que contó con la presencia de la sagrada imagen del Señor de los Milagros que tiene en el mes de octubre su mes de celebraciones.

Desde tempranas horas miles de fieles fueron llegando a la Plaza Mayor para participar de la ceremonia eucarística que fue oficiada por monseñor Salvador Piñeiro, Director Arquidiocesano de Hermandades y Asociaciones de Laicos y Movimientos Eclesiales. El día anterior la imagen del Cristo de Pachacamilla había salido de su monasterio de Las Nazarenas con dirección a la Catedral para pasar allí la noche y derramar bendiciones a sus fieles.

Minutos antes de las 11 de la mañana del domingo 8 de octubre los miembros de la Hermandad cargaron las pesadas andas desde el interior de la sede primada y la ubicaron en el altar bellamente adornado con flores y sedas de predominante color morado. El coro de la Renovación Carismática acompañó el oficio religioso.

Durante su homilía, monseñor Piñeiro relató cómo se inició esta antigua devoción que parte de un mural pintado por un angoleño de nombre desconocido, que había plasmado la imagen de Cristo crucificado. Recordó, asimismo, la iniciativa de Sebastián de Antuñano de reproducir la imagen en un lienzo para que salga por las calles y plazas, hace más de trescientos años.

Mons. PiñeiroVivir la fe

"Cada octubre contemplando al Señor de los Milagros, al Cristo de las Maravillas, como le llamaron los antiguos, le pedimos esa gracia y bendición de sentirnos hijos de Dios, de crecer como hermanos. La devoción nazarena y estos cultos de octubre son una llamada a la conversión personal y a la transformación social. No podemos decir que somos discípulos de Cristo si nos llevamos bien con Dios y nos desentendemos del prójimo. No podemos ser testigos de Jesús si solo trabajamos por los demás y le damos las espaldas al Señor. ¡Qué hermosa síntesis entre nuestra vida de fe y nuestro trabajo de cada día!", señaló monseñor Piñeiro.

Es hora de la reconciliación

Más adelante, relató una anécdota: "Ayer un periodista extranjero me decía "todo en el Perú los desune". Y es verdad, nuestra difícil geografía, las economías, los prejuicios, el color de la piel. ¡Pero lo que nos une es Jesús, el Señor de los Milagros, y por eso estamos aquí a sus pies y le decimos que bendiga al Perú! ¡Es la hora de la reconciliación, somos hermanos en Cristo!

Los asistentes irrumpieron con un fuerte aplauso, a lo que monseñor Salvador Piñeiro respondió: "Este aplauso es de oración y de compromiso. Vivimos en horas difíciles. Esta misa es por la nación. Ha habido enfrentamientos, busquemos entendimiento. Ha habido discordias, busquemos la paz del arrepentimiento, del perdón, de la amistad sincera".

Falta hogar cristiano

Refiriéndose a la familia como institución básica de toda sociedad dijo: "Si en cada familia se viviera el lenguaje de Nazareth, si cada hogar fuera una pequeña iglesia, otro sería el rostro de la patria que vive herida, y en momentos difíciles. ¿Y que nos dice Jesús sobre la familia? Nos recuerda el querer de Dios. Y nos remitimos a las primeras páginas de la Biblia, el libro santo, que hizo hombre y mujer para que se amen, se ayuden, para que vivan fieles y felices... Es muy claro el Evangelio, Dios creo la pareja para que se amen. Y la vida familiar nace en el matrimonio, que es el lugar donde se pone todo, no hay regateos ni mezquindades. La clave del amor de la pareja es el amor de Cristo que tiene que ser un amor fiel porque el Señor ha dado su vida por la Iglesia.

El auténtico amor

"La característica del amor cristiano es amarse totalmente, en las horas fáciles y en los momentos de dificultad. Es ese amor que es comprensión, cariño, ternura. Lamentablemente entre nosotros existe el machismo, que rompe todo diálogo. ¡Sean pareja, sobre todo me dirijo a los varones! ¡Hermanos, no descuiden de su esposa, porque no han recibido una esclava ni sierva sino una compañera! ¡Ámenla, sean cariñosos con ella, cuídenla, o nos hemos olvidado que hemos nacido de una mujer! Este debe ser nuestro primer compromiso: amar a la esposa, que sea la reina del hogar, llenarla de ternura y de cariño" agregó.

Sí a la vida

Más adelante, refiriéndose a los hijos manifestó que son "la alegría de la familia, la prosperidad de la patria, la riqueza de la Iglesia. Por eso los esposos están llamados a dar la vida, no solamente traer los hijos sino educarlos. Tarea que no es fácil y que es a largo plazo. ¡Qué importante es cuando los papás son los educadores, los que guían, los que dan la vida a sus hijos!. ¡La Iglesia enseña un SÍ a la vida, un SÍ a la educación de los hijos! ¡Los hijos no son el estorbo de la familia, son la alegría del hogar, y hay que enseñarles a crecer en la fe, en la unión!".

Tres encargos

Casi al finalizar su homilía, monseñor Piñeiro se dirigió a los presentes para darles tres encargos: "Como tarea quiero darles tres encargos: el primero, no descuiden la piedad en los hogares, hablen de Dios, hablen con Dios en familia. ¡No te olvides papá, eres el sacerdote de tu casa, el que da las cosas de Dios a tus hijos! ¡No te olvides mamá, eres la catequista de los tuyos, en tu regazo aprendimos a rezar a Maria, a amar la Iglesia, a seguir a Jesús! No descuidemos la misa del domingo, que es lo mínimo que la Iglesia nos pide para ser practicantes, familia que reza unida permanece unida.

Segunda tarea: que no haya enfrentamientos. Que haya diálogo y mucho cariño en el hogar. A veces los adultos pensamos que los niños no se dan cuenta. Pero ellos perciben nuestros rostros agestados, nuestras indirectas. Que ellos vean que se quieren, que se saben dar un beso, que se ayudan, que se perdonan. Si en la casa no nos perdonamos no vamos a construir una sociedad grande ni un Perú libre y próspero. Es la casa donde se conocen nuestras limitaciones, donde se nos debe de corregir y ayudar a crecer.

Finalmente, como tercera tarea: abran las puertas de su hogar. Siempre a nuestro alrededor hay alguien que sufre, alguien que nos espera, que necesita de nuestro consuelo y amistad. Señor de los Milagros, hoy día hemos venido como peregrinos ante esta catedral presidido por tu imagen. Que este sea el milagro de octubre: que nuestro hogar sea un Nazareth donde se ama a Dios, donde nos ayudamos a crecer como hermanos, donde ayudamos a los más necesitados. ¡Viva el Señor de los Milagros!".

Antes de terminar la Santa Misa, monseñor Piñeiro señaló que nuestro Arzobispo se encontraba en Roma para participar del Jubileo de los Obispos con el Santo Padre. Seguidamente la cantante Julie Freundt dedicó dos canciones al Señor, que retornó en procesión a su templo.

 

 

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