En fiesta de la Virgen del Carmen, el Arzobispo de Lima hizo pedido:

¡Que nuestra Madre nos lleve por el camino de la unidad y la paz!

Con la presencia de autoridades municipales, miembros de la hermandad, la Cofradía del Santuario y cientos de fieles que colmaron la Basílica Catedral se llevó a cabo la Santa Misa en honor a la Virgen del Carmen el domingo 16 de julio. El Arzobispo de Lima y Primado del Perú, monseñor Juan Luis Cipriani Thorne, presidió la celebración litúrgica.

La imagen de la Virgen del Carmen salió en procesión muy temprano desde su santuario arquidiocesano ubicado en el tradicional sector de Barrios Altos, donde es fielmente custodiada por las madres Carmelitas Descalzas. Al promediar las 11 de la mañana ingresó por primera vez en su historia a la Catedral y participó de la fiesta litúrgica acompañada de miles de fieles.

"Hoy, como ocurre siempre, la virgen congrega a mucha gente. Y como pastor de la Arquidiócesis le pido que toque nuestros corazones", fueron las primeras palabras de monseñor Cipriani al iniciar su homilía, al tiempo que agradeció la labor de las madres carmelitas y saludó la presencia de autoridades municipales, de los miembros de la hermandad y de las personas que abarrotaron la sede primada.

El mensaje de Fátima

Recordando el gran acontecimiento producido en Fátima hace unas semanas, donde el Santo Padre beatificó a dos de los pastorcitos que recibieron el mensaje de la Virgen, el Arzobispo de Lima advirtió: "Hace poco tiempo recordábamos el mensaje de Fátima que decía 'Mi corazón inmaculado triunfará'. Por eso me dirijo a ella para que conduzca nuestros corazones y pensamientos, recordándoles que el primer homenaje que le podemos ofrecer es mediante una conversión personal".

Religiosidad popular

La masiva concurrencia de fieles fue una clara demostración de la gran religiosidad de nuestro pueblo. "Muchas veces recurrimos a la Virgen para pedirle que nos acoja, que nos perdone los pecados, que nos consuele, que nos enseñe a cambiar", advirtió el Arzobispo, y terminó esta parte de su mensaje señalando: "¡Qué bonita es la vida al lado de María!".

Seguidamente recalcó que "también es bueno recordar cómo esa tarea maravillosa de la evangelización, realizada por nuestros hermanos mayores en los siglos pasados, ha logrado generar lo que se llama la religiosidad popular. El Espíritu Santo habita en ustedes, anima a estas hermandades y conmueve las expresiones de música, folclor, de reuniones que le cantan a la virgen, que la hacen reina y señora de sus expresiones artísticas y tradicionales. Ese es nuestro Perú. Es el Perú que tiene sus raíces en la fe desde hace siglos".

María, modelo de amor

Refiriéndose a la Virgen, dijo: "Que el amor que tenemos a María sea modelo del amor, amor que deben tener los hijos con sus padres, los padres con sus hijos. ¡Que ese amor de María ilumine a todos los hogares! El evangelio de hoy dice que el Señor envió a sus discípulos a predicar la conversión. Pues en nombre de Jesús les digo, miren ese rostro de María y busquemos la conversión".

Por los presos

En otra parte de su homilía, monseñor Juan Luis Cipriani se refirió al Jubileo que contempla a ese sector de la sociedad que ha incurrido en el delito, como son los presos. "El Papa ha determinado una fecha que es el Jubileo en las Cárceles. Y ha elaborado un documento que dice: 'En este Año Santo de 2000 no podía faltar la jornada del Jubileo en las Cárceles. En efecto, las puertas de los institutos de reclusión no pueden excluir de los beneficios de este gran acontecimiento a quienes deben transcurrir en ellos parte de sus vidas. Pensando en estos hermanos y hermanas, mi primera palabra es desearles que Cristo resucitado, que entró en el cenáculo estando la puerta cerrada, pueda entrar en todas las prisiones del mundo y encontrar acogida en los corazones llevando a todos la paz y la serenidad'. Desde aquí todo mi cariño y cercanía a quienes pasan momentos duros en sus vidas. Y sigue diciendo el Papa: 'Hoy como entonces la salvación traída por Cristo se nos ofrece nuevamente para que produzca abundantes frutos de bien, según el designio de Dios que quiere salvar a todos su hijos. Cristo busca el encuentro con cada ser humano, en cualquier situación en que se halle'. Esta es, hermanos, una salvación que es una propuesta no una imposición; ese es el ejemplo de nuestro Padre Dios. Él propone, ofrece su mano, su perdón, su cariño, su alegría, su cruz. Recordemos como nuestra Madre ofrece los ratos de soledad, de dolor junto a la cruz, no los impone. Continúa el Santo Padre: 'Es un esfuerzo grande el que yo pido para que las instituciones todas que están relacionadas con este campo hagan todo lo posible para ayudar a la prevención del delito, para ayudar a estimular la esperanza de quienes están presos, para incorporarlos a la sociedad del mejor modo posible' ".

Llamada a los gobernantes

En otro momento de su homilía monseñor Cipriani tomó como referencia un documento del Papa titulado "Llamada a los gobernantes" en el que señala que "El gran jubileo del año 2000 sigue la tradición de los años jubilares que lo han precedido. La celebración del Año Santo ha sido siempre para la Iglesia y para el mundo una ocasión para hacer algo a favor de la justicia a la luz del evangelio. No se trata de aplicar casi automáticamente o de modo puramente decorativo medidas de clemencia, meramente formales, de manera que acabado el jubileo todo vuelva a ser como antes. Por el contrario, se trata de poner en marcha iniciativas que sean un punto de partida válido para una renovación auténtica tanto de la mentalidad como de las instituciones. Por eso, para alcanzar este objetivo será seguramente útil ofrecer a los reclusos la posibilidad de profundizar su relación con Dios y también involucrarlos en proyectos de solidaridad y de caridad. Esto contribuirá a acelerar su recuperación social, llevando al mismo tiempo el ambiente carcelario a condiciones más vivibles".

Una señal de clemencia

A continuación el Primado de la Iglesia en el Perú agregó que "no podemos tampoco hablar de una sociedad en la que no existe delito ni penas, pero siempre es motivo, y especialmente en el jubileo, de una revisión. Por eso el Papa de manera concreta pide a los responsables de los Estados 'una señal de clemencia en favor de los encarcelados, una reducción aunque fuera modesta de la pena que sería para ellos una clara expresión de sensibilidad de su condición, que los animaría en el esfuerzo de su arrepentimiento por el mal cometido, favoreciendo el cambio de su conducta personal'. ¿Por qué no pensar en esta sugerencia del Santo Padre, en esta petición de clemencia que acude a la misericordia de Dios? Con todo el respeto y al mismo tiempo con todo el amor a esos hermanos nuestros, que sea un signo elocuente de la verdadera justicia. 'Mi bendición especial, dice el Papa, a todos esos reclusos y reclusas en todas las partes del mundo. Les aseguro mi cercanía espiritual'. La Virgen del Carmen escuchará estas palabras del Santo Padre a las cuales la Conferencia Episcopal Peruana ha hecho eco. No son marchas ni protestas, no son reclamos, no son banderillas ni políticas ni ideológicas, es el nombre de la misericordia divina, es el nombre de la dignad humana, es el nombre de un deseo de bien superior que respetando las instancias permita que nuestro país dé esa señal de clemencia. ¡Madre mía acoge esta petición, bendícenos a todos, llévanos por ese camino de unidad y de paz que todos deseamos!", finalizó monseñor Cipriani.

Homenaje y procesión

Al término de la Santa Misa, la imagen de la Virgen del Carmen se retiró de la Catedral en procesión y recibió el homenaje de sus miles de fieles en la Plaza Mayor. Allí, Palacio de Gobierno y la Municipalidad Metropolitana de Lima también le rindieron su homenaje. Posteriormente la procesión enrumbó hacia su santuario arquidiocesano en Barrios Altos.

 

 

[Reseña histórica de la arquidiócesis]
[Peregrinación por las Iglesias de Lima][Advocaciones y santos peruanos]
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