Durante programa radial de los sábados

Arzobispo de Lima pide separación inmediata de asesor de inteligencia del Perú

El Arzobispo de Lima y Primado del Perú, monseñor Juan Luis Cipriani Thorne pidió la separación inmediata del responsable del Servicio de Inteligencia Nacional, Dr. Vladimiro Montesinos, por encabezar un poder oscuro, tal como lo denunció el 28 de julio de 2000 durante la homilía que pronunció por las fiestas patrias, "sobre el que la gente no tiene apenas control y que actúa sin responder por sus actos ante nadie, genera una opresión asfixiante contra la que debemos reaccionar".
Este pedido lo formuló el sábado 16 de septiembre pasado durante la emisión del programa Diálogo de Fe que se transmite todos los sábados a través de Radioprogramas del Perú. Reproducimos a continuación el diálogo que sostuvo monseñor Cipriani con el periodista Miguel Humberto Aguirre, conductor del programa.

Miguel Humberto Aguirre: Monseñor, tenga usted buenos días. Creo el tocar este tema pone de relieve algo que la comunidad está viviendo en este instante con mucho interés y quiere saber cuál es la posición de la Iglesia, si tiene algo que opinar o decir. Bienvenido a Diálogo de Fe.

Mons. Juan Luis Cipriani: Aunque el tema que teníamos previsto hacía referencia al matrimonio y tal vez los oyentes tenían la ilusión de un tema tan importante, me parece que las circunstancias del país requieren de una voz, no digo que yo represento a la Iglesia peruana, pues soy el Arzobispo de Lima, pero una voz también de parte de la Iglesia para encuadrar la actual situación dentro de un marco que permita serenar ánimos pero al mismo tiempo corregir problemas.
Siempre he tenido claridad y esa claridad me ha creado problemas, críticas y caricaturas a las que he soportado con serenidad. Hoy quisiera también, con claridad y con franqueza, hablarles de la enorme preocupación que veo en las circunstancias actuales. Por eso, les pido disculpas por cambiar el tema y entremos más a lo que yo considero que es el bien de la mayoría, el bien común, dadas las circunstancias que estamos viviendo. En primer lugar, y eso es bueno saberlo...

MHA: Me permite una interrupción... esto que está usted tocando, el bien común, lo trató en el mes de enero más o menos.

MJLC: Efectivamente, el día 9 de enero, mucho antes de toda la situación política que se vivió después, escribí una carta pastoral: "La caridad de Cristo nos urge", donde con mucha transparencia explicaba estos temas. Voy a glosar algunas ideas que en enero de 2000 planteé por escrito; y luego también la homilía del día 28 de julio, que también la tengo aquí: "La urgente búsqueda del bien común", ambas hacen referencia a lo mismo. Por lo tanto, sí es bueno saber que uno tiene opinión y la tiene clara sobre los sucesos. En cuanto al primer tema que es el bien común, la Iglesia lo define de una manera muy clara: El bien común es el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de los miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección. El bien común afecta a la vida de todos. Este planteamiento del bien común es el que encuadra la actuación de la Iglesia. Supone, en primer lugar, -estoy citando palabras del Catecismo de la Iglesia Católica- el respeto a la persona en cuanto tal y dice que en nombre del bien común -y eso es muy importante-, las autoridades están obligadas a respetar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana. La sociedad debe permitir a cada uno de sus miembros realizar su vocación. En particular, el bien común reside en las condiciones de ejercicio de las libertades naturales que son indispensables para el desarrollo de la vocación humana; es decir, el derecho de actuar de acuerdo con la recta norma de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad también en materia religiosa. Es decir, el bien común es ese conjunto de circunstancias en las cuales la Iglesia y el Estado, de una manera diferente concluyen en un objetivo común: lograr el bienestar de la persona y su dignidad, cada uno desde la óptica que le pertenece. Por lo tanto, lo que es el aspecto moral, el aspecto ético, lo que es el aspecto de la dignidad de la persona y de sus instituciones no es un tema político, sino es un tema netamente religioso y moral. Y en ese sentido quiero volver a insistir en unas palabras del Papa: "La Iglesia hace oír su voz ante determinadas situaciones humanas, individuales y comunitarias, nacionales e internacionales para las cuales formula una verdadera doctrina que le permite analizar las realidades sociales y pronunciarse sobre ellas". En este sentido, creo que este primer marco de conceptos, que tal vez pueden parecer un tanto abstractos, es muy importante porque cuando hay una crisis profunda, es muy importante elevarse suficientemente para poder ver toda la dimensión de la crisis. No podemos, en la Iglesia, como obispos, como pastores, no podemos meternos en la inmediatez de los problemas, en los apasionamientos de los problemas, pero sí tenemos que señalar, primero, unas pautas que permitan luego bajar a lo concreto como debe ser. Sí, les quiero pedir paciencia a los oyentes porque son puntos fundamentales entender qué es el bien común, qué es la dignidad de la persona humana, por qué la Iglesia puede participar y no ser confundida con ninguna esquema político.

El Papa lo dice de una manera muy clara: "La auténtica democracia sólo es posible en un estado de derecho, sobre la base de una recta concepción de la persona humana", la persona humana no es mercancía, la persona humana no es una cosa que se usa a discreción, la persona humana tiene una dignidad, un honor, tiene una obligación de portarse en relación a esa dignidad y a ese honor. Por lo tanto, requiere, la auténtica democracia, que se den las condiciones necesarias para la promoción de las personas y dice lo siguiente: "Una democracia sin valores se convierte fácilmente en un totalitarismo visible o encubierto como lo demuestra la historia", esto lo dice el Papa, en la encíclica Centessimus Annus, o sea, a los cien años de la Rerum Novarum. Creo que esta democracia sin valores, cuando solamente se quiere analizar temas como el que nos ocupa, con una pura dimensión jurídica, positivista, qué dice el derecho... Estoy de acuerdo, no puedo decir que no hay un espacio muy respetable de defensa de lo que son los principios jurídicos, de lo que dice la ley, el derecho penal... no es ese mi campo, ni en ese sentido pienso hacer ningún tipo de declaración. Pero, reducir la situación que hemos visto, de comprobar que hay, vamos a decir una compra, transacción de alguna manera de principios que van más allá de una conducta personal, sino que es la participación en la cosa pública, sea antes o después, como digo, no quiero entrar a lo jurídico, pero querer reducir el problema a una situación jurídica para ver cómo se resuelve, no me parece que sería ser honestos con lo que el Perú espera.

Miguel Humberto, si esto lo dije en enero, antes de que surgieran todos estos problemas y que no había empezado las campaña electoral, es bueno saber que monseñor Cipriani sí opina, y no opina cuando determinados diarios o personas le dicen que debe opinar. Opina cuando cree que en conciencia debe actuar y a veces he tenido enormes problemas por opinar. Creo que en esta ocasión también la conciencia me llama a hablar, por eso me he permitido esta variación de lo que pensaba comentar. Cuando quieran pueden hacer preguntas...

MHA: ¿Monseñor, este es un hecho grave?

MJLC: Para mí es un hecho gravísimo, porque realmente compromete un estado de derecho de una manera ya abierta. Si tantas veces ha habido intuiciones, preocupaciones, comentarios, en este momento se verifica que hay un poder, y ahora sí lo quiero decir con las mismas palabras que lo dije el 28 de julio: "La presencia actual -escribí y lo dije en mi homilía-, del inmenso poder tutelar sobre el que la gente no tiene apenas control y que actúa sin responder por sus actos ante nadie, genera una opresión asfixiante contra la que debemos reaccionar. Es inaceptable la presencia de tal poder y menos aún su continuidad aunque se le quiera justificar en nombre de una llamada eficacia. Este fenómeno está en la raíz de muchos problemas de nuestra situación actual y merece una decisión firme y clara". Esto, el 28 de julio, en la homilía que pronuncié, lo dije muy claro y añadí aún más de un modo concreto. Decía, refiriéndome al Poder Judicial, que tenía en ese momento, de alguna manera, una preocupación inclusive mayor: "Quiero hacer hincapié -advertía-, de un tema que me preocupa, que el Poder judicial. Con todo el respeto que se merece, es el que con más urgencia reclama un cambio serio, profundo y urgente. Si no hay suficiente justicia en un país, no hay posibilidad de desarrollo y peligra la paz". Por eso, cuando me preguntas si estamos ante un grave problema, sí estamos ante un grave problema porque se ha destapado ese enorme poder tutelar que asfixia, que penetra la intimidad de las personas, que tiene una enorme eficacia, pero que no tiene una dimensión ética ni una dimensión moral que le dé una legitimidad. No podemos ser ciegos, en todos los países existen el sistema de inteligencia. No podemos ser ciegos de que estos sistemas tengan que estar, digamos, dentro de un margen de secreto, etc., pero desde hace una temporada no pequeña, vemos interferencia en la vida personal, en la vida social, en la vida económica, en la vida de las empresas, eso sí que no tiene nada que ver con un estado de derecho ni con el respeto que nos merecemos todos. Por eso, permite que insista en el tema, que es muy grave y que la Iglesia sí quiere levantar su voz para exigir una decisión política de las autoridades que les compete y una decisión política que más allá de lo jurídico tome una posición clara, no a mediano plazo, sino de modo inmediato. Al mismo tiempo, que esto no suponga de ninguna manera una utilización política, sino que esté el bien común y la mayoría de los peruanos como el objetivo de lo que se haga. El uso político, partidario, de pequeños intereses, sería gravísimo. Por eso, me parece que así como es urgente el que no queden impunes las personas que han intervenido en una muestra de lo que puede multiplicarse por mil, al mismo tiempo diría que tampoco se desestabilice al país utilizándose políticamente de modo irresponsable. A mí no me toca hacer uso de ese aspecto político. Finalmente, es absolutamente inaceptable cualquier intento de venganza. Por lo tanto, no se trata de pedir protección policial a nadie, cada uno tiene su propia entereza y valor humanos, no tiene miedo, pero no se acepta ningún tipo de venganza, no se acepta ningún tipo de juego sucio, de ninguna manera y por parte de nadie. Esto requiere para mí de una toma de posición clara y pronta de quien personifica a la nación que es el Presidente de la República. Espero que Dios lo ilumine para que tome una decisión sabia y también espero una prudencia de la clase política para no utilizar esto en beneficio propio causando aún más daño a las grandes mayorías del país.

MHA: ¿A usted le preocupa ese consumo político?

MJLC: Me preocupa sí porque está muy enervado el ambiente, entonces quieren salir triunfadores...

MHA: ¿Pero usted no cree que la gente pueda reaccionar de esa manera?

MJLC: Sí, pero, digamos, la reacción de quien tiene la responsabilidad política le exige valorar los pro y contra de sus palabras, de sus gestos y de sus decisiones. Pero, evidentemente, creo que tienen que actuar. Más allá de emociones y de pasiones, más allá de los beneficios cortoplacistas, más allá de venganzas políticas de un lado y de otro, creo que, como lo dije el mismo 28 de julio y lo leo textualmente, "Debemos estrenar al iniciar un nuevo milenio, un nuevo modo de pensar y actuar que, sin necesidad de un poder tutelar anónimo y oscuro, permita a nuestra patria alcanzar la madurez, el desarrollo y la paz que todos anhelamos". En ese sentido, hemos superado temas muy difíciles, pruebas muy duras, creo que también esta es una prueba muy difícil y muy dura, pero que no sea un juego de suma cero: yo gano, tú pierdes. Que gane el Perú y para eso, honestamente, la situación es compleja. Es muy fácil hacer todo tipo de reacciones ruidosas, violentas, insultos, maltratos a la economía, levantar a la gente. ¡No! Yo estoy llamando a una reacción prudente, sensata y madura pero enérgica. No de medias tintas, ni de medianos plazos; inmediatas.

MHA: En este documento que usted nos ha traído, y que hemos leído hace un tiempo, "La caridad de Cristo nos urge", usted dijo algo que es difícil olvidar, advirtió que era una situación moral muy delicada la que vivíamos afirmando que observamos una especie, decía usted, de "pérdida del sentido de la presencia y actuación de Dios". Dijo usted en la misma carta que "la auténtica democracia sólo es posible en un estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana. Una democracia sin valores se convierte fácilmente en un totalitarismo visible o encubierto como lo demuestra la historia".

MJLC: Así es. Esas palabras las escribí en enero, y están en todas partes. Personalmente, a veces fastidia ver cómo la gente hace una caricatura y quiere encuadrar a la Iglesia en un marco político para maltratarla. La Iglesia está por encima, trasciende la situación política, pero no está al margen de la realidad de un país. En este momento estoy pretendiendo, con la mayor franqueza y sinceridad, decir que creo que ha llegado el momento en que el país dé un paso hacia delante en un proceso sumamente complejo en el cual, como en una operación quirúrgica, hay que lavarse bien las manos, hay que entrar con cuidado, porque estamos hablando de 24 millones de personas que están mirando con esperanza y con ilusión una buena solución de un problema muy grave. Entrar con martillo y con clavos para operar, no, que se muera mejor. Hay que entrar con un bisturí bien limpio, con un señor que tenga mucha finura, que no esté apasionado, que no esté queriendo tomarse revanchas. Y, por supuesto, en este momento me preocupa mucho que en el propio sistema de inteligencia pudiera haber gente que está siendo buscada o maltratada porque dio a conocer una información de una manera realmente infidente. Si estuviera en sus zapatos diría por qué vamos a estar en silencio, cuando hay 3 ó 4 ó 27 personas, porque no podemos ser angelicales...

MHA: ... O sea infidentes pero saludables...

MJLC: Así es, lo que no podemos es ser angelicales. Esta transacción ha tenido un precio, yo ahí no entro. Sí entro a que estamos navegando en un barro de falta de respeto de unos por otros, que yo sí diría: Señores, es la ocasión de que ese diálogo de la OEA retome con verdadera seriedad el camino que se ha impuesto. En eso coincido con el Defensor del Pueblo. Me parece que hay que tomar una decisión inmediata de separación de la persona que está al frente, porque está al frente del servicio de inteligencia, el doctor Montesinos. Me parece que es el momento de separarlo, porque es imposible hacer una investigación con su presencia.

En segundo lugar, es el momento de potenciar el diálogo de la OEA para realmente recuperar la confianza tanto en el país como en el exterior. Tengo que decirlo así de claro. Tengo que desear que el Presidente de la República tenga la lucidez para saber afrontar esta situación y pedirle a toda la clase política que piense en el país y que por lo tanto que no se dejen llevar por los apasionamientos inmediatistas de insultos, de paros, de grupos de violencia, ¡no! No queremos violencia, queremos paz, pero esperamos respuestas claras que faciliten la paz.

MHA: Finalmente, eso se lo pedimos a toda la comunidad...

MJLC: Se lo pedimos a toda la comunidad. Y lo digo en nombre de Dios, el Dios de la historia, el Dios que ilumina a todos sus hijos, porque somos hijos de Dios, la Iglesia es el Cuerpo de Cristo. Como Pastor de esta Iglesia de Lima, sí invoco a todos para que en el fondo de su corazón, dejando de lado reacciones que pueden ser, vamos a decir, lícitas, pero que no hacen ningún bien al país, nos abstengamos de lo que es violencia, insultos, mentira y que abramos con más esperanza la mirada hacia el futuro. Dios no nos abandona. Creo que es el momento de emprender este tercer milenio con más confianza en la conversión. El Congreso Eucarístico está reciente, no podemos dejar pasar la iluminación que ha tenido Dios sobre todo el pueblo peruano. Y cuando surge esta situación, hacemos una crisis que parece dificilísima. Es difícil cuando se dice dos más dos es cinco; es más fácil cuando se dice dos más dos es cuatro. Si yo o usted hubiéramos tenido cualquier dificultad, atropellamos a un muchacho en la esquina o robamos una computadora, en 24 horas estamos en la comisaría. Pues no entiendo por qué ante una circunstancia bien concreta, y no hablo, como he dicho, en el aspecto jurídico ni penal, prescindo de ese marco que no es mi especialidad, pero la salud moral del país exige la separación, en este momento, de quien ha estado al frente de un sistema de inteligencia que ha sido muy eficiente, que habrá tenido muchos logros, pero que de un tiempo a esta parte está interviniendo demasiado -esta es la impresión de todos los peruanos-, en la vida personal de cada uno. Como les digo, pueden sacar videos de todo el mundo, pueden sacar copias de conversaciones de todo el mundo, ¡hasta dónde va a llegar este esquema de venganzas, de chantaje y de corrupción!
Esto hay que cortarlo por la necesidad de una vida sana en el país. Pero no pensar que hay que cortar la cabeza, porque me parece sería un mal mayor. Hay que cortar el miembro que está podrido, el cuerpo y la cabeza me parece que son perfectamente salvables, y así se lo pido a Dios con toda la confianza. Y perdonen que haya entrado en un tema en un Diálogo de fe, pero creo que la salud del país exige una voz de serenidad, una voz de orientación. Como digo, desde enero y nuevamente en julio, he tenido una posición muy clara y ante estas circunstancias, que son graves, especialmente porque ya sí se ve que hay un poder demasiado grande, tutelar, oscuro sin alguna, digamos, fiscalización clara y que está orientado a las personas, sus negocios, sus familias, a sus situaciones personales, y por lo tanto podemos seguir viendo videos durante seis meses. ¿Hasta cuándo el país va a estar en manos de un productor de videos? No se debe aceptar que este folclor de videos se vaya a convertir en una especie de inmoralidad y nos vamos acostumbrando cada vez más a navegar en la inmoralidad que no produce desarrollo, no produce inversión, no produce familia, no produce educación; al revés, corroe. Por eso mi llamado a los políticos, a los dirigentes, a los empresarios, a los miembros del poder legislativo, educativo, judicial, a todos ellos, un momento de paz interior, un momento de reflexión interior. Salgamos de este huayco en el que estamos hace tiempo para ponernos al nivel que merece una persona humana. Es tan valioso el más pobre del último rincón del Perú, como el Presidente de la República. Somos hijos de Dios y tenemos la dignidad de personas humanas. El juego político no tiene por qué interferir con la vida de la mayoría de peruanos que no estamos en la situación política. Ojalá que estas palabras iluminen, pacifiquen y orienten al pueblo de Dios.

 

 

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