En fiesta del Corpus Christi, Arzobispo de Lima de Lima pidió más participación de los fieles

¡Señor, auméntanos la fe, la esperanza y la caridad!

Con la presencia del Nuncio Apostólico en el Perú, monseñor Rino Passigato, de monseñor Salvador Piñeiro, de sacerdotes, religiosas, seminaristas, miembros de diversas hermandades, escolares, universitarios y fieles de diversas partes de Lima, se llevó a cabo la solemnidad del Corpus Christi en nuestra Arquidiócesis, el domingo 25 de junio, la cual estuvo presidida por monseñor Juan Luis Cipriani Thorne, Arzobispo de Lima y Primado del Perú.

Desde muy temprano fueron llegando las personas a la sede primada para participar del oficio religioso en homenaje al cuerpo y la sangre de Cristo en la Eucaristía y acompañar la procesión encabezada por el Arzobispo de Lima.

La Plaza Mayor, como es tradicional, lució arreglada con llamativas alfombras de flores para esperar el paso procesional del Santísimo bajo palio. En cada uno de los cuatro altares levantados en los laterales de la plaza derramó sus bendiciones al pueblo peruano.

El misterio de la fe

Durante la homilía monseñor Cipriani resaltó la importancia de la solemnidad de la Sangre y el Cuerpo de Cristo destacando que es un misterio que desafía la mente y los sentidos humanos, "porque donde está el pan está el cuerpo de Cristo y donde está el vino está su sangre. Este misterio convoca nuestra fe, es el primer paso para venerar y adorar a Jesús en la eucaristía. Por eso le decimos: ¡Señor, auméntanos la fe, la esperanza y la caridad!, porque en ese misterio está todo el camino de nuestra vida".

Más adelante monseñor Cipriani agregó: "Al buscar a Jesús en la eucaristía, al acompañarlo en el sagrario y al recibirlo en la comunión, se abre en la vida de cada uno la luz de la esperanza y caminamos serenos; caminamos en el Cristo de ayer, en el Cristo de hoy y en el Cristo de siempre".

Asimismo, y pidiendo la bendición de Dios para todo el pueblo peruano, recordó la figura de nuestra madre María en el misterio de la fe resaltando su gran humildad, aquella humildad que nos hace aceptar el misterio de la redención: "Señor no te veo con los ojos, te veo con la fe; no te siento como yo quisiera, pero sé que estas en mi".

Semana Eucarística Parroquial

El primado de la Iglesia en el Perú agradeció a los sacerdotes y religiosas, hermandades, así como a todos lo fieles por haber desarrollado la Semana Eucarística Parroquial como preparación a la fiesta del Corpus Christi. "Cada uno ha procurado con cariño, en esta semana, ir limpiando su corazón para que hoy Jesús encuentre ese jardín lleno de flores, para que encuentre esa casa iluminada", señaló.

La eucaristía, centro y raíz de todo cristiano

En otro momento de su homilía, el Arzobispo de Lima resaltó el gran amor del Papa Juan Pablo II por el Cuerpo de Cristo y lo calificó como un gran enamorado de la Eucaristía. También destacó el fervor religioso de nuestras abuelas y de las personas mayores de antaño como un ejemplo que debemos seguir especialmente los jóvenes: "Ellas con verdadera devoción rezaban ante el Santísimo, se pasaban horas en vigilias, rezos y cantos".

"La eucaristía, centro y raíz de la vida de todo cristiano, construye la Iglesia, es el alma del mundo, es la presencia de la eternidad en el tiempo, de la bondad infinita, de la sabiduría infinita, es la luz que ilumina, es la fuerza, es la paz, es la unidad, es el comprendernos y querernos", advirtió a los miles de fieles que escuchaban atentos las palabras de su Pastor en la Basílica Catedral.

María, madre del amor eucarístico

Al finalizar su mensaje, el Primado se refirió a la Virgen María como centro del amor eucarístico: "Acudimos a la Santísima Virgen María, madre del amor eucarístico, para que nos enseñe a querer y adorar más a su hijo Cristo Jesús en la Eucaristía". Seguidamente, monseñor Cipriani pidió a los asistentes orar por la salud del Cardenal Augusto Vargas Alzamora.

Procesión del Santísimo

Luego de la celebración litúrgica, el Arzobispo de Lima encabezó el recorrido procesional de la custodia con el Cuerpo de Cristo, bajo palio, por el perímetro de la Plaza Mayor. Alfombras de flores adornaban el camino hacia los altares levantados por la Orden Franciscana, la Orden Dominica, la Orden de la Merced y por la Archicofradía del Santísimo Sacramento, que se ubicó en el atrio de la Catedral. Desde cada uno el Cuerpo de Cristo derramó sus bendiciones al pueblo peruano. La banda de los Húsares de Junín acompañó el recorrido procesional.

 

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