Monseñor Juan Luis Cipriani pidió mayor justicia

En Misa y Te Deum por aniversario del Perú, Arzobispo de Lima hizo reclamos urgentes

La tradicional Misa y Te Deum que se realizó el 28 de julio en la Basílica Catedral de Lima para celebrar el 179 aniversario de la independencia del Perú, tuvo como mensaje principal el pedido del Arzobispo de Lima y Primado del Perú, monseñor Juan Luis Cipriani Thorne, de prestar mayor atención en la administración de la justicia y una mayor atención en la formación de nuestro pueblo.

Moral personal y ética pública

"La situación actual exige un tratamiento cultural y ético, abierto a la verdad de los hombres y mujeres en acción, es decir, a la verdad práctica. No debemos aceptar la ruptura entre la moral personal y la ética pública. Es urgente reforzar, cuando no estrenar, un nuevo modo de pensar que promueva el paradigma ético de la comunidad política. Ciertamente no es una fórmula política sino el reclamo de una educación con mayor contenido humanista. En pocas palabras, seguir insistiendo en una batalla contra la corrupción", advirtió el primado de la Iglesia del Perú durante su homilía.

Función del Estado

En otra parte de su mensaje se refirió a la labor que debe cumplir el Estado: "Su función, hay que recordarlo, es subsidiaria. Lo que le corresponde a la administración pública es ayudar a las iniciativas ciudadanas en lugar de interferir con ellas y ponerles continuos obstáculos". Y agregó: "Para conseguir esto el Estado debe participar directa e indirectamente, siempre y cuando lo haga buscando el bien común. Indirectamente según el principio de subsidiariedad, creando las condiciones favorables al libre ejercicio de la actividad económica, encauzada hacia una oferta abundante de oportunidades de trabajo y de fuentes de riqueza. Directamente, según el principio de solidaridad, poniendo en defensa de los más débiles algunos límites a la autonomía de las partes que deciden las condiciones de trabajo".

La Doctrina Social de la Iglesia

"Permítanme iluminar con una luz nueva, explicar brevemente algunos conceptos de la función del Estado conforme a la Doctrina Social de la Iglesia. Por ejemplo, si se acepta que lo "privado" es sinónimo de "privativo", en el sentido de un individualismo egoísta, en ese caso el sentido de un humanismo cívico, con un núcleo ético, se achica y se trivializa. Si esto no se corrige, la misión social de los ciudadanos queda problematizada, porque se asume que está siempre al servicio de los intereses particulares y se desentiende por principio del bien general o del bien común. Tal enfoque podría equivocadamente justificar la permanente intervención del Estado, dejando a la acción de los ciudadanos el solo reducto de las iniciativas socialmente irrelevantes. En este supuesto caso, el Estado puede caer en intentar el monopolio de la benevolencia. Y si lo reclama para sí, se pone en una actitud autoritaria y escasamente democrática. Por eso es tan importante entender que la dimensión privada tiene una hipoteca social que el pueblo reclama a lo largo y ancho del mundo y del país, para que realmente la sociedad pueda respirar en su verdadera dimensión", dijo.

Luego, monseñor Cipriani acotó: "Hay que recordar que la verdadera función del Estado es subsidiaria. Lo que le corresponde a la administración pública es ayudar a las iniciativas ciudadanas en lugar de interferir con ellas y ponerles continuos obstáculos. Es por eso que definir bien la verdad de las cosas es esencial."

Promoción de la persona

Asimismo, el Arzobispo de Lima pidió promover a la persona humana en virtudes que le ayuden a dignificarla y le permitan su desarrollo integral: "Promover un humanismo cívico y ético que consiste en potenciar las virtudes sociales -el amor a la verdad, la práctica de la generosidad, el esfuerzo de una mayor laboriosidad, la exigencia de una honradez, el ejercicio de la tolerancia, el afán de superación, etc.- que se deben ver reflejadas en la vida pública y privada. La familia, el hogar, el respeto a la vida desde la concepción son pilares esenciales de esta escuela".

Tiempos nuevos

Y reforzó la idea haciendo una profunda reflexión sobre la presencia humana en estos tiempos, de cara al tercer milenio: "Debemos estrenar, al iniciar un nuevo milenio, un nuevo modo de pensar y actuar sin necesidad de un poder tutelar anónimo y oscuro y permitir a nuestra patria alcanzar la madurez, el desarrollo y la paz que todos anhelamos. Los tiempos han cambiado. Gracias a Dios, se han superado durísimas pruebas que sólo la historia y el tiempo podrán relatarnos con suficiente claridad. El motivo de acción de gracias, el vivir en paz, el vivir en un país que busca forjar su futuro, son aspectos en los que podemos decir: los tiempos han cambiado porque las personas han cambiado. Nosotros somos los tiempos, somos los peruanos los que en esta década hemos forjado con dolor y sacrificio. Mi homenaje a todos los hombres y mujeres que en todos los rincones de la patria buscando esa paz, que ya se ha alcanzado, cayeron, se alejaron de sus hogares, sufrieron el maltrato nacional e internacional. Hoy podemos decir que se ha vencido al terrorismo y por eso anhelamos ahora vernos libres de la permanente sombra que sigue e invade la intimidad, la honra y todas las esferas que conforman la dignidad de una persona".

Paz y desarrollo

Refriéndose a los tiempos de violencia que vive nuestra sociedad, subrayó: "El desarrollo es el nuevo nombre de la paz y existe la responsabilidad colectiva de promover ese desarrollo con la generación de trabajo. Son necesarias también intervenciones adecuadas a nivel internacional. Por esto hace falta un gran esfuerzo de comprensión recíproca, de conocimiento y sensibilización de conciencias. La presencia del ilustre cuerpo diplomático nos permite pedirles una seria reflexión: No es el camino del colonialismo ni el fantasma de la globalización que permite utilizar el medio del riesgo económico para intentar doblegar el derecho que tiene un pueblo soberano a forjar su futuro. Por eso, con palabras del Santo Padre, hace falta un gran esfuerzo de comprensión recíproca, de conocimiento y sensibilización de conciencias."

Sin justicia no habrá paz

En otro momento se refirió a la administración de la justicia en el país e hizo un llamado muy enérgico: "Permítanme que haga hincapié en que es el Poder Judicial el que con más urgencia reclama un cambio serio, profundo y urgente. Tarea por cierto nada fácil. ¡Si no hay suficiente justicia en un país no hay posibilidad de desarrollo y peligra la paz! Si no se reconoce la verdad trascendente, y simplemente se la instrumentaliza al servicio de los fines, triunfa la fuerza del poder, y cada uno tiende a utilizar hasta el extremo los medios de que dispone para imponer su propio interés o la propia opinión, sin respetar los derechos de los demás. La libertad se comprime generando un cierto paro creativo por desconfianza. La libertad sólo es valorizada en pleno por la aceptación de la verdad. La libertad es un medio, la búsqueda de la verdad es el fin. En un mundo sin verdad la libertad pierde su consistencia, el hombre queda expuesto a la violencia de las pasiones y a condicionamientos patentes o encubiertos. Se cae fácilmente en el conocido adagio nefasto que sostiene que "el fin justifica los medios". Nada más dañino para una sana convivencia pacífica."

El nuevo reto de la humanidad

Casi al finalizar su discurso, se refirió al nuevo reto de la humanidad: "Toca a nuestra generación, al inicio del tercer milenio, realizar este maravilloso esfuerzo, esta aventura del espíritu. Recordemos las palabras del Santo Padre al iniciar su pontificado: ¡No tengáis miedo! Por eso, no debemos tener miedo a esta aventura del espíritu de conjugar todo nuestro esfuerzo de estudio, trabajo, capacitación e innovación, con la humildad de acercarnos a Jesucristo en este año 2000 para implorar su asistencia llena de misericordia. También en el tercer milenio la Iglesia será fiel en asumir el camino del hombre, conciente de que no peregrina sola, sino con Cristo, su Señor. Es él que ha asumido el camino del hombre y lo guía, incluso cuando éste no se da cuenta."

Asistieron a la Santa Misa y Te Deum el Presidente de la República, Ing. Alberto Fujimori; la primera dama de la nación, así como personalidades diplomáticas, ministros de Estado, congresistas y autoridades civiles y eclesiásticas.

 

 

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