CARDENAL
JUAN LUIS CIPRIANI HACE LLAMADO A LA UNIDAD DE LOS PERUANOS ALREDEDOR
DE LA IGLESIA
Arzobispo
de Lima invocó a que no dejemos que nadie pueda, ni tocar ni
mancillar a Nuestra Madre, la Iglesia
El Arzobispo de Lima y Primado de la Iglesia peruana, Cardenal Juan
Luis Cipriani, expresó hoy su sentimiento de perdón e
hizo un llamado a serenar los ánimos, y no utilizar los hechos
sucedidos, con otros fines que no sean "la reparación, el
deseo de unidad entre todos los peruanos, y la unidad alrededor de una
fe común".
En ese sentido,
el Primado de la Iglesia peruana invocó la memoria de sus antecesores
en el cargo de Arzobispo de Lima, "para que sepamos, con respeto
por la Verdad, con serenidad, saber tener ese ánimo grande, magnánimo;
yo perdono, la religión nuestra tiene esa maravillosa alegría,
es el Dios del perdón, el centro de nuestra vida está
en la cruz, y el centro de nuestra vida está en la alegría
de la resurrección".
Durante la homilía
de la tradicional misa dominical en la Catedral de Lima, el Cardenal
señaló que el tema "no es, ni debe ser, un planteamiento
político, es exclusivamente un amor a la Iglesia; no dejemos
que nos confundan, no dejemos que esto cambie de escenario; el daño
y el dolor es el de Cristo, de la Iglesia, especialmente de los que
la representamos en la jerarquía, pero abarca a todos los corazones.
No debe levantar indignación ni violencia, debe levantar perdón,
pero perdón que requiere de arrepentimiento, y que requiere de
rectificación".
El Primado advirtió,
"no dejemos que se pierda la sensibilidad hacia nuestra Madre,
no nos acostumbremos jamás a que nadie pueda ni tocar ni mancillar
a Nuestra Madre, la Iglesia". Por ello, instó a los peruanos
a luchar "contra nuestros pecados, nuestras envidias, nuestras
mentiras, nuestras manipulaciones, nuestras falsificaciones; contra
el rencor, las amarguras que no se olvidan, las heridas que no se cierran,
y las pugnas políticas que se enconan".
Asimismo, el Arzobispo
de Lima recordó que fue "el enorme cariño, el enorme
amor a la Iglesia, el nos ha obligado a pasar por esta circunstancia;
la Iglesia no es mía, no es de nadie, es de Jesucristo. Pero
cuando un Cardenal asume una responsabilidad, al ser creado cardenal
con el Papa, jura defender con su vida y con su sangre, la integridad,
la pureza de la fe, del depósito que Dios nos ha dado, y que
hoy nos toca cuidar y guardar".
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homilía completa]
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