Lima, 6 de julio de 2001

   
 

MENSAJE DEL SEÑOR CARDENAL JUAN LUIS CIPRIANI THORNE, ARZOBISPO DE LIMA Y PRIMADO DEL PERÚ, A LOS MAESTROS PERUANOS EN SU DÍA

Al conmemorarse el Día del Maestro, quiero enviar con especial gratitud mi bendición pastoral a todas aquellas personas que han escogido el apasionante y generoso camino de la enseñanza, pues en este tiempo de inicio del Tercer Milenio la responsabilidad que tienen los maestros es una tarea de vital importancia para enfrentar el desafío de los rápidos y profundos cambios que se suscitan en el mundo actual. La docencia, por tanto, más que una profesión se constituye hoy en una gran misión.

Por ello, les recuerdo que la participación de todos en la promoción del bien común "comienza por la educación y la cultura. Podemos pensar, con razón, que la suerte futura de la humanidad está en manos de aquellos que sean capaces de transmitir a las generaciones venideras razones para vivir y para esperar". En este sentido, familia y escuela deben ser aspectos indesligables en toda sociedad (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica nº 1917).

Nos dice la declaración Gravissimum edducationis, que es la escuela la que, "a la vez que cultiva con asiduo cuidado las facultades intelectuales, desarrolla la capacidad del recto juicio, introduce en el patrimonio de la cultura conquistado por las generaciones pasadas, promueve el sentido de los valores, prepara a la vida profesional, fomenta el trato amistoso entre los alumnos de diversa índole y condición, contribuyendo a la mutua comprensión; además, constituye como un centro de cuya laboriosidad y de cuyos beneficios deben participar a un tiempo las familias, los maestros, las diversas asociaciones que promueven la vida cultural, cívica y religiosa, la sociedad civil y toda la comunidad humana".

Queridos maestros, la formación y la instrucción forman parte de una misma tarea en la que padres, maestros y alumnos conforman ese gran proyecto educativo que todos anhelamos, que tiene como punto de partida la familia y que madura en la escuela, en la universidad o en el centro de estudios. Es por ello que la mejor prédica que pueda ofrecer una maestro a sus alumnos es mediante el testimonio vivo de una vida ejemplar en la que Dios sea el centro de todo comportamiento y actitud.
Dice el Papa Juan Pablo II que "en un mundo caracterizado por la fragilidad y las dificultades sociales y familiares, es importante preparar el futuro proponiendo a los jóvenes una formación integral que les haga descubrir los principios espirituales, morales y humanos con los que podrán edificar su personalidad y participar en la vida de la sociedad".

¡Que la Virgen María, Asiento de Sabiduría, les acompañe siempre y les conserve esa ilusión y aliento para llevar adelante su importante misión de educar a todos en la libertad de los hijos de Dios!

+Juan Luis Cardenal Cipriani Thorne
Arzobispo de Lima y Primado del Perú
Presidente de la Oficina Nacional de Educación Católica
de la Conferencia Episcopal Peruana

 

 

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